aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Historia. Son dos "viudas" unidas por el duelo

El Universal
Martes 04 de febrero de 2014

Video. Es una tendencia que está creciendo, las familias prefieren adoptar a perros que tener hijos, al grado que hoy por cada niño hay ocho perros

<b> Historia. </b> Son dos

RECUERDO. Mónica tiene su casa adornada con fotos de ‘Prieta’, la perra que rescató del abandono y que le ayudó a superar la muerte de su esposo. (Foto: EL UNIVERSAL )


Una fotografía de Prieta, una perra negra, de pelo largo y cola de abanico, nos recibe en la entrada del departamento de Mónica Ornelas, una mujer de 57 años y sicoanalista de profesión. Prieta y Mónica fueron durante 14 años la “familia Ornelas” y ahora en esa casa hay un vacío que la dueña llena con imágenes de la perra: cerca de la cama, en la sala, arriba del futón y en su consultorio.

Dicen que todo termina por parecerse a su dueño, y en el caso de Mónica y Prieta este dicho cobra sentido, pues ambas se enfrentaron a la dolorosa pérdida de sus parejas: “Cuando a Prieta le mataron a Palomo, nadie la pudo entender mejor que yo. Veía en sus ojos la misma tristeza por la que yo pasé cuando perdí a mi marido”, dice Mónica.

Ella nos cuenta la historia desde el principio: la primera vez que vio a Prieta fue a través de la ventana de un pequeño hotel de provincia al que había ido a pasar unos días. La perrita estaba abandonada. “Me salté la barda, la alcé y vi los ojos más tristes que he visto en mi vida… después de un tiempo comprendí que eran el reflejo de mis propios ojos, pues yo había enviudado hace cinco años y aún sentía mucho dolor”, dice Mónica. Cogió a la perrita y cuando la tuvo en sus brazos le dijo: “O vamos a vivir, o nos vamos a hundir como el Titanic”.

Mónica regresó a casa con Prieta y se dedicó a rehabilitarla del maltrato. Durante sus paseos por la colonia Cuauhtémoc, Prieta conoció a Palomo, un perro que “la supo conquistar”, dice Mónica, y narra que cada tarde el can las esperaba para acompañarlas en su caminata.

“ Palomo era el perro callejero consentido de la colonia Cuauhtémoc, acompañaba al barrendero todas las mañanas, paseaba con Prieta y cerraba su día con la visita a una vecina que le daba de comer. Así durante años”.

Un día, Palomo faltó a la cita. Prieta y Mónica lo buscaron por toda la colonia hasta que lo encontraron, cansado, con la pesadez de los años durmiendo bajo los cuidados del encargado de un estacionamiento, quien le dio cobijo. A partir de ese momento los papeles se invirtieron y Prieta empezó a visitarlo diario.

“El guardia le compraba una madalena y Palomo esperaba a que llegara Prieta para comérsela juntos bajo el árbol que tanto les gustaba”, dice Mónica.

El ritual duró poco. Prieta llegó una tarde y ya no había rastro de Palomo. Lo habían matado a palazos. Mónica insistió en saber quién había sido, pero el responsable no fue identificado. “Se fue al cielo Prietita, Palomo ya no está”, trató de explicarle Mónica.

Prieta perseveró. “Lo honró durante un año y medio, hasta que ella también murió hace seis meses”, recuerda entre lágrimas Mónica al contar que las dos volvían a ese árbol y Prieta se rehusaba a comerse la madalena sin Palomo. Los pulmones de Prieta comenzaron a fallar y una cirugía malograda le destrozó el intestino.

Mónica y Prieta sabían que se acercaba el fin. “Llegó la hora de dormirla”, relata Mónica con pesar. Cuenta que la abrazó, no quería que sufriera, y al oído le dijo que buscara a su esposo, que él la cuidaría.

Hoy Mónica escribe un libro sobre Prieta y sus cenizas reposan a los pies de su cama.



comentarios
0