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Entrevista. Los sueños de Jesús Zambrano

Elsa Vargas| El Universal
Jueves 27 de febrero de 2014

Video. El actual dirigente nacional del PRD dijo que el Consejo Nacional de su partido será el encargado en decidir si se mantiene o no en el cargo

<b>Entrevista.</b> Los sueos de Jess Zambrano

ANHELOS. El dirigente nacional del PRD asegura que sueña con ver la alternancia y que la izquierda logre la presidencia en 2018. (Foto: YADÍN XOLALPA / EL UNIVERSAL )

El líder del Partido de la Revolución Democrática siempre ha estado entre ser el negociador con las otras fuerzas políticas y mantenerse crítico hacia el gobierno, el ADN de su partido

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¿Quién es Jesús Zambrano?

A casi tres años como presidente del PRD, siento que to do este tiempo fue una presidencia muy accidentada, muy intensa. La verdad, yo no la había imaginado (así).

En especial hoy, con reformas como la energética, no puedo ocultar que me siento triste. Pareciera que estamos en una situación de duelo y esto hay que saberlo procesar con realismo. Lo que está pasando al país, en sus entrañas, son reformas que van a dañar severamente la vida nacional si no las ec hamos para atrás, y ahí viene el papel donde es imposible disociar al ser humano del Jesús Zambrano político. Esta situación me entristece y hay que actuar. Mi carácter de toda la vida ha sido actuar con mucha determinación y disciplina férrea, podríamos decir militar. Mi paso por la guerrilla, mi paso por la cárcel, me forjaron una forma de ser determinante.

Así me hice, y por eso digo que con coraje hay que sacar adelante a este país.

Nunca me he dado por vencido, más que cuando me agarraron, para salvar la vida. Yo soy gregario por convicción y por formación. No soy un individuo que toma decisiones en la soledad de un cuarto, cuando se producen situaciones complejas. Mi mayor preocupación, mi mayor inquietud es no tener claro qué hacer, y cuando no tengo claro busco a mis compañeros de equipo. Soy una persona que racionalizo. Tengo clara la ecuación política y sé por dónde no y por dónde sí se puede caminar.

Recuerdo que fui primer lugar en un concurso estatal de matemáticas cuando estaba en segundo año de preparatoria y sabía que yo ahí tenía asegurado mi futuro. Pero eso fue hace más de 40 años.

Lo que pasa es que no sé si uno ya viene predestinado para cosas o la vida misma te genera condiciones. Cuando estaba terminando la secundaria e iniciando la preparatoria se dieron movimientos sociales en el Valle de Guaymas y Empalme, Sonora. Los maestros que yo tenía en física, matemáticas, historia, se vincularon con estos movimientos. Me vinculé con ellos y dije: “¿por qué no apoyarlos?”. Cuando salió Demetrio Vallejo de la cárcel, después de muchos años de estar preso por dirigir el movimiento ferrocarrilero, nosotros los recibimos en Empalme, en la preparatoria. Entonces me empezó a apasionar la lectura política, los estudios, los ensayos que nos empezaban a llegar de lo que fue el movimiento del 68. De ahí mi sensibilidad a la política y por qué no continué en otra carrera.

Aunque eres responsable de tus propios actos y vas modelando tu propia vida, también traes algo dentro, destino, que te dice por aquí o por allá. Yo puedo ser un reconocido matemático o físico, pero en un país con las características que tenía México, con esta desigualdad y corrupción, me pregunté “¿de qué va a servir? Voy a ser una pieza más del escenario, del engranaje del sistema”, y tomé la decisión de unirme a un grupo guerrillero. En ese entonces no veíamos una forma diferente de cambiar el país.

¿Qué personas lo han marcado?

Escuché muchas reflexiones muy valiosas a (Gilberto) Rincón Gallardo. Era una persona muy inteligente y racional. Él era de los convencidos de ir al encuentro con Cuauhtémoc (Cárdenas) y de construir el PRD, más otras reflexiones importantes de lo que debía ser el papel de la izquierda, influir en las grandes decisiones. Fue de los primeros a los que les escuché el concepto de influir como oposición.

Por otra parte, la frase que más ha quedado grabada de Heberto (Castillo) ha sido: “No importa de dónde venimos, sino hacia dónde vamos y con quiénes vamos”.

Del ingeniero Cárdenas admiro su persistencia en la lucha, su visión de más largo plazo, el hecho mismo de que me hubiera invitado a ser parte del primer gobierno de izquierda de la capital de la república.

Respecto a (Andrés Manuel) López Obrador, yo llegué verdaderamente a creer que sí iba a ser presidente de la república en el 2006, después de haber hecho un magnífico gobierno en la Ciudad de México, que concitó enormes simpatías, que terminó de concentrar las preferencias electorales a su favor con el pretendido desafuero de (Vicente) Fox. Pero luego comenzó a cometer errores enormes que lo fueron aislando y lo llevaron a descender en las preferencias electorales. Convencido estoy del fraude en el 2006, pero que se facilitó el fraude por los errores cometidos, eso es cierto. Nunca se quiso juntar con empresarios, dirigentes sindicales, gobernadores del PRI que veían que iba a perder el PRI y querían hacer acuerdos. Todo eso que él no quiso hacer lo terminó haciendo (Felipe) Calderón, y eso llevó a que la gente tuviera miedo y se levantara una enorme campaña de que Obrador era un peligro para México.

¿Le faltó lo racional?

A Obrador le faltó lo racional y confió más en el peso de su propia personalidad y, desde luego, una visión con mezcla de autoritarismo y creer que él lo podría arreglar todo. Cuando él decía que no se quería juntar con otros porque no quería llegar “atado de manos a la presidencia”, entonces esos grupos dijeron: “¿qué nos quieres hacer cuando llegues, nos vas a expropiar?”. Él mismo creó los gérmenes que se catalizaron en campañas negativas en su contra.

¿Cuál es su modelo político?

Benito Juárez. Su gran convicción de que el país tenía que reordenarse sobre nuevas bases dio lugar a la Constitución de 1857, las Leyes de Reforma. Él creía en un México institucional; creyó ciegamente en que había un rumbo que había que seguir. Hay un libro de él que se llama Apuntes para mis hijos. Es una hermosura de escrito en donde puedes ver al Juárez estadista, estratega y humano; al padre de sus hijos. Todo eso admiro.

¿Qué valora en su equipo de trabajo?

Valoro, en primer lugar, alguien con mucha responsabilidad en el cumplimiento de su deber, alguien que sabe ayudarte como amigo, identificar los problemas, los errores, los aciertos, y que al mismo tiempo tiene intuición de largo plazo. Amistades, por ejemplo, no por algo nos dicen Los Chuchos a Jesús Ortega y a mí. Ortega es un compañero y amigo admirable porque siempre se plantea retos, resolver nuevos problemas y es un hombre de acción. Yo digo que mi presidencia en el PRD hubiera sido imposible sin la accidentada presidencia de Jesús Ortega antes de mí. Con historias muy diferentes, pero hicimos clic cuando nos conocimos en las pláticas previas a la fundación del PRD.

Tengo una enorme pasión por la formación de nuevos cuadros. Si te fijas en el círculo cercano mío, en la presidencia del partido hay jóvenes a los que les doy responsabilidades, que me acompañan en el trajinar diario, que los incorporo en reuniones importantes, que los regaño en no pocas ocasiones, soy inflexible con los errores. Les digo: “no agarren las mañas de los viejos y las hagan suyas, mejor creen una nueva generación con nuevas formas de ser y nuevo discurso”. En esto uno también se vuelve sicólogo en muchos sentidos, pero en especial en detectar quién te va a acompañar de veras, quién por un interés inmediato, quién por algo más profundo y quién puede ser parte de un núcleo duro para lo que sigue.

Hay quienes llegan a un cargo y se les olvida para qué, y empiezan a ver cómo van a lograr el cargo que sigue.

A veces puedes ganar en el corto plazo, pero no dejarás de ser un pusilánime, un oportunista que se aprovecha de la coyuntura para su propio beneficio.

Nuestra generación luchó por ampliar el espacio de libertades políticas y sociales; ahora las nuevas generaciones deben ampliar el camino para lograr su supervivencia en un México tan desigual, tan ausente de nuevas oportunidades. Los jóvenes se están yendo a los brazos del crimen organizado, es una generación que se está perdiendo, pero, afortunadamente, siempre encuentras un esfuerzo por salirse de eso, prepararse, cambiar.

En México, el diálogo y llegar a acuerdos es complejísimo. Por eso el ejercicio del Pacto por México significó un quiebre en las formas de hacer política. Hubo un rechazo, incluso dentro del PRD y dentro de la izquierda, rechazo hasta la intolerancia.

Aprendí de un libro, que se llama Deliberaciones constructivas para la democracia, que cuando te sientas a dialogar con otro que piensa diferente, con quien existe un conflicto, lo aconsejable es empezar con las dos cosas que sí coinciden. Después hay que ver cómo tratar las diferencias. No faltan los intransigentes o sectarios que teniendo nueve de 10 coincidencias se enfocan en lo que no coinciden y el diálogo se rompe. Este es un método difícil de comprender, especialmente en la tradición de la izquierda.

¿Cómo define el bien y el mal?

Yo no identifico per se a un ser humano bueno o malo, más bien identifico a seres que actúan buscando un beneficio propio y a los que identificamos como malos es a los que privilegian eso por encima de un interés general o social, incapaces de trabajar en equipo o en comunidad. Aunque hay la expresión de que la persona es mala, yo creo en la vibra y depende de cada quien. Yo digo: “con este no trabajo porque no me transmite buena vibra, no puede ser tu amigo”, aunque si lo tienes que tratar hay que practicar la tolerancia, que es otro concepto a dominar.

¿Qué estilo de liderazgo admira?

En términos de liderazgo, hay una diferencia entre dónde quisieras figurar y en dónde debes figurar. Yo siempre fui un chavo de dieces, en la primaria, en la secundaria, así me forjé, así era mi propia forma de ser. Me encabronaba cuando me sacaba 99 o 98, o un 9.5. No me gusta la pusilanimidad, no me gusta el “ahí se va”, el “mañana lo hago”; como diría Chava Flores: “mañana sí te pago”. Hay que destacarse, pero cuando uno está en la política y es parte de un equipo, y cuando te toca armar además a un ejército para ir a la pelea, puedes ser el uno o el 10, lo importante es que todos caminemos, que trabajemos en equipo. No importa que no meta gol, pero si ayudo a poner la pelota para que otro meta gol y se luzca, con mucho gusto lo hago.

¿Con quién me identificó en autores? Por supuesto, me gusta (Juan) Rulfo, Carlos Fuentes, Octavio Paz, como poeta y no tanto como sociólogo. Otra lectura que disfruto es Haruki Murakami. Lo empecé a leer por curiosidad, por ver cómo era en cierta forma la cultura japonesa, reflejada a través de la literatura, y es un deleite.

En lo fundamental me han impulsado las decisiones racionales. Sirve mucho practicar la teoría de escenarios y siempre buscando ver más allá de la coyuntura. Estudié mucho también los conceptos de estrategia, de táctica llevada de lo militar a lo político, los clásicos de Von Clausewitz que dice: “La política es el arte de la guerra por otros medios”.

¿Qué le molesta?

Lo que está pasando ahorita con la reforma energética y la enorme desigualdad social que tiene a más de la mitad de la población en pobreza, que nuestros niños no estén creciendo con la alimentación suficiente y que sean personas que puedan servir mañana a México desde cualquier ámbito; que nuestros jóvenes no tengan oportunidades de estudio, de trabajo, de deporte.

Ahora, con la nueva situación en el país (reforma energética), lo que nosotros queremos de entrada es advertir al país que es un daño a la nación, pero lo que importa es ver cómo por medios pacíficos, legales, institucionales, echamos para atrás esas reformas.

Desde mi punto de vista, es tan grande la irresponsabilidad con la que están aplaudiendo las reformas y no están midiendo las reacciones que puede haber, y lo vamos a ver el próximo año.

¿En qué sueña?

En que revisamos la reforma energética y que sea un triunfo para el país, además que tengamos en el 2018 la alternancia presidencial por la izquierda. Mucha gente lo dice: el PAN probamos, regresó el PRI y está haciendo lo que estamos viendo, la alternancia próxima debe ser por la izquierda. Esa utopía cambiando la correlación de fuerzas en la Presidencia y en las Cámaras, y con la convicción de que a lo mejor en ese entonces podemos hacer un nuevo pacto por el futuro de México, sobre la base del diálogo constructivo saquemos al país adelante.

Hace unos días yo les decía a mis compañeros: “todos los esfuerzos que se hacen con el corazón por delante, en bien de la patria, son semillas que van a germinar mañana”. Entonces, cada día me digo lo mismo y doy el primer paso convencido de que así va a ser.

Necesitamos la reforma educativa y un nuevo modelo educativo nacional. Es una vergüenza que seamos el último lugar de la OCDE en educación.



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