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Marina iba por "Cóndor"... y halló a "Chapo"

Marcos Muedano| El Universal
Domingo 02 de marzo de 2014
Marina iba por

RESCATADO. Mediante un túnel que conectaba al drenaje de Culiacán, Joaquín Guzmán y sus acompañantes lograron escapar el 17 de febrero pasado. (Foto: LEO MORALES EL UNIVERSAL )

Ya le habían perdido el rastro, tras huir de su casa de Culiacán

marcos.muedano@eluniversal.com.mx  

La captura de Archivaldo Joaquín El Chapo Guzmán Loera fue un hecho fortuito. Si bien el lunes 17 de febrero fuerzas federales habían logrado ubicarlo en Culiacán, Sinaloa, tras hacer una llamada con un celular satelital para que lo fueran a rescatar desde los túneles, él pudo huir y la Marina le perdió la huella.

El grupo élite había ya intervenido el celular de Carlos Manuel Hoo, El Cóndor, y tenía conocimiento de que éste y El Chapo eran cercanos, por lo que lo seguían con el fin de interrogarlo y que les dijera dónde se escondía su jefe. El objetivo en la Torre Miramar era en realidad Hoo, ya que se detectó que el 20 de febrero encendió su teléfono en Mazatlán, y le siguieron el rastro hasta ubicarlo.

Cuando finalmente lo detuvieron la mañana del 22 de febrero, la sorpresa de los marinos fue mayúscula, pues localizaron a más personas, entre ellas a Emma Coronel y posteriormente a Guzmán Loera en el baño de una de las habitaciones.

De acuerdo con elementos de la Secretaría de Marina (Semar) que participaron en el operativo, personal de inteligencia detectó la señal del celular de Hoo en Mazatlán y se realizó un rastreo de sus equipos, lo que permitió identificar distintas llamadas que fueron hechas en el puerto. Al siguiente día, un equipo de inteligencia vestido de civil llegó al aeropuerto mazatleco para capturar a El Cóndor, pero no a El Chapo.

EL UNIVERSAL cuenta con un audio en el que marinos explican que la mañana del 22 de febrero aplicarían con Hoo el mismo plan de días antes, cuando se detuvo a Mario Argüello Hidalgo, El Nariz, quien tras un interrogatorio reveló la ubicación de las casas que utilizaba Guzmán Loera en Culiacán.

La captura del narcotraficante fue filtrada a medios internacionales, aunque el gobierno federal tardó cinco horas en confirmar que la persona detenida era efectivamente El Chapo. Fue a través de la cuenta de Twitter del presidente Enrique Peña Nieto que se ratificó la versión.

“Reconozco la labor de las instituciones de seguridad del Estado mexicano, para lograr la aprehensión de Joaquín Guzmán Loera en Mazatlán”, escribió el Presidente a las 11:42 del día del 22 de febrero.

De acuerdo con una entrevista que el mandatario concedió a un medio de comunicación en Estados Unidos, él pidió a los secretarios de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y de Marina, Vidal Francisco Soberón, que hasta que no estuvieran seguros de la detención, no se diera ninguna declaración.

“Cuando él [Osorio Chong] me pone al tanto de todo, yo le insisto: Asegurémonos de la identidad [de Guzmán Loera]. Y luego también hablo con el secretario de la Marina y le pido lo mismo. Incluso, me envía fotos de la detención y me dice que tiene la casi total seguridad de que se trata de él, pero que hay que hacerle las pruebas. Y por eso nos llevó un tiempo, para poder tener certeza de que habíamos aprehendido realmente a este delincuente“.

Casi tres horas después en el hangar de la Semar, el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, dijo que hasta que se tuvo la certeza al ciento por ciento de que se trataba de Guzmán Loera, se decidió confirmar la noticia.

Encuentran el premio mayor

El personal consultado, que solicitó el anonimato, explicó que el gobierno federal perdió el rastro de Guzmán Loera la mañana del 17 de febrero cuando logró escapar junto con El Cóndor y su cocinera, La Chapis, de un casa ubicada en la calle Río Humaya, en la colonia Guadalupe, en Culiacán.

A través de un túnel que conectaba al drenaje de la ciudad, el capo y sus acompañantes caminaron cerca de 1 kilómetro hasta salir a una toma que se ubica cerca de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), en la colonia Recursos Hidráulicos. En ese punto fueron rescatados por Manuel López Osorio, El Picudo, identificado por el gobierno federal como el jefe de plaza del cártel de Sinaloa en Culiacán.

Cuatro días pasaron sin que las autoridades tuvieran la mínima idea de dónde se encontraba el narcotraficante que en enero de 2001 logró escapar del penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco.

Los elementos de la Marina habían estado cerca de detenerlo en la casa de dos pisos de Río Humaya, pero las medidas de seguridad que tomó el capo —reforzamiento de las puertas con acero y los túneles—, permitieron su fuga.

Las líneas de investigación que tenía el gobierno eran muchas, pero ninguna certera. Su paradero se desconocía. Fue hasta el 20 de febrero cuando surgió una nueva pista. Las autoridades detectaron que uno de los teléfonos celulares de Carlos Manuel Hoo fue prendido en Mazatlán. A partir de ese momento se rastrearon distintas llamadas que fueron hechas desde esta ciudad, todas coincidían con los números de Hoo.

“Desde que salió, desde que se escapó el domingo para amanecer lunes, lo sacaron para Mazatlán. De ahí no supimos nada hasta el jueves que el teléfono de El Cóndor prendió y supimos dónde estaba. Empezamos a checar todos los números de este capo, todos estaban en Mazatlán. ¿Qué hicimos? El viernes llegó una fuerza de civil a Mazatlán y el viernes en la noche se enganchó, se ubicó a El Cóndor, no a él [El Chapo]. Ya fue que decidieron el sábado a las 5:00 de la mañana intervenir ese departamento”, comentó una de las fuentes consultadas.

Al identificar uno de los lugares de donde fueron hechas las llamadas, el operativo inició poco antes al amanecer del 22 de febrero con el arribo de camionetas particulares, así como de la Marina. El objetivo: detener a El Cóndor.

“En lo que llegaron no fue más de media hora, porque tenían que subir piso por piso. Subieron piso por piso, un equipo, el otro equipo de arriba para abajo. La persona que lo ubicó [a Carlos Manuel Hoo] con la inteligencia que nosotros tenemos, lo ubicó en el cuarto piso, muy probable se subió al quinto, se descartó. Se regresó al cuarto, se ubicó, fondo a la izquierda. No tenía seguridad, ni abajo ni arriba. En el 602 había un americano y uno del DF, pero estaban en una fiesta y tenían droga. Pensamos que era su seguridad [de El Chapo], porque tenían un arma, pero no, no tenían nada que ver”, describió uno de los elementos de la Marina que participó en el operativo.

Una vez que los marinos lograron ingresar al departamento 401 de la Torre Miramar, el cuerpo de élite detuvo a Carlos Manuel Hoo, El Cóndor, quien estaba detrás de la puerta de la entrada al inmueble.

De acuerdo con el personal consultado y el audio en poder de EL UNIVERSAL, Hoo no delató a su jefe; sin embargo, los marinos se percataron de que en el lugar había más personas.

Ubicaron a la cocinera, La Chapis, y después en uno de los cuartos a Emma Coronel y a las dos niñas. Al continuar con la revisión llegaron al baño. Aventaron la puerta, ésta rebotó y fue en ese momento cuando los elementos supieron que adentro del baño se encontraba El Chapo.

Tras escuchar repetidamente “¡ríndete Chapo!”, el capo sacó las manos y poco a poco fue descubriendo su rostro, en ese momento le fue tomada la primera foto que se difundió en la prensa. En ella se mostraba a Guzmán Loera con la mirada perdida y el torso desnudo.

“Teníamos la sospecha de que [Guzmán Loera] andaba con él [Carlos Manuel Hoo], pero certeramente de que estaba con Cóndor no. Lo que hacíamos, así como con Nariz [Mario Hidalgo Argüello], como cuando agarramos a Nariz, si está Cóndor nos va a llevar a él [El Chapo], así como Nariz nos llevó a las casas. No sabíamos que él [Guzmán Loera] estaba en ese departamento, y mucho menos de que estaba con Emma y las niñas”, explicó el personal de la Marina.

Al detenerlo, el narcotraficante les dijo a las autoridades que no creía que lo fueran a atrapar, y más cuando días antes había logrado huir en Culiacán.

“Él estaba muy confiado de que no lo íbamos a agarrar. Estaba muy confiado que, el día que se fue de la casa [de Culiacán] no lo íbamos a detener. Que nos iba a desmoralizar ver las casas, y cuánto tardamos en entrar. Él, esa era su confianza, era muy confiado de que nadie le había hecho nada y de que no le íbamos a hacer nada. Pensó que hasta ahí nos quedábamos y no iba a pasar nada, pero no contaba con que un grupo se iba ir a Mazatlán”.



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