Crónica. "Ya quiero sentarme a llorar por mi hijo"
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CIUDAD VICTORIA, Tamps.— Rebeca Ramírez Rojas habla firme y pide cárcel para los maestros que toleraron el acoso escolar en la Secundaria General 7 y para los niños que agredieron a Héctor Alejandro Méndez Ramírez, su hijo.
Son casi las cuatro de la tarde. Rebeca, junto con su esposo Francisco Javier Méndez, esperaron en una puerta del edificio central del aeropuerto de Tamaulipas que da a la pista, para ver al presidente Enrique Peña Nieto.
Al tenerlo frente a ellos le piden al mandatario evitar que se repitan casos como el de su hijo y que los maestros estén mejor capacitados. Él les ofrece su solidaridad, los abraza y dice que dará seguimiento al caso. “Dios la bendiga”, les dice.
“Que las autoridades escolares se fijen qué maestros están ocupando los puestos en las escuelas, que se fijen si están capacitados para estar al frente de un grupo”, expresa Rebeca.
En el diálogo, el mandatario dice a los padres de Alejandro entender muy bien el dolor que les causa su pérdida, les da el pésame y ofrece su solidaridad a toda la familia. Les dice que al margen de lo que la autoridad resuelva ha hecho el compromiso para que haya acciones específicas para combatir el bullying escolar. “El caso de su hijo es un asunto que ha tomado gran notoriedad, está en la opinión pública nacional, pero debe esto también servir para que primero la autoridad como gobierno tengamos una política que nos permita combatir este fenómeno que se presenta en las escuelas y yo le ofrezco darle seguimiento puntualmente para saber qué determina la autoridad correspondiente”.
El encuentro termina. El Presidente se despide con un abrazo a cada uno de los padres de Héctor Alejandro y entra a la terminal áerea.
Rebeca y Francisco hablan con los periodistas. No se cansa de pedir justicia. Se declara en espera de que las autoridades actúen.
“Ya le toca a las autoridades hacer su trabajo, quiero sentarme a llorar por mi hijo, no he tenido tiempo de vivir mi luto, quiero irme y encerrarme a llorarle a mi hijo. Ya le pedí a quien tenía que pedirle, ya le supliqué a quien tenía que suplicarle, ahora me tocar llorar”.
Esta madre no cree en la ayuda sicológica para los niños que agredieron a su pequeño y exige que los encarcelen.
Rebeca lamenta no haber platicado con su hijo lo suficiente para conocer que era objeto de acoso escolar. “Si los alumnos estaban jugando, yo le pido a la maestra que dice que los niños estaban jugando, yo le pido que me preste un hijo, porque mi esposo y yo queremos jugar, igualito como jugaron con mi hijo, así queremos jugar… se debe gritar que hay un niño problema en salón”.





