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Niños mexicanos, el eslabón más débil

Laura Sánchez / Corresponsal| El Universal
Miércoles 09 de julio de 2014
Nios mexicanos, el eslabn ms dbil

DOLOR. A Alfonso, de 13 años, le mataron a su padre en Guerrero. Junto con Rosendo, su primo, trató infructuosamente de obtener asilo humanitario en EU. (Foto: LAURA SÁNCHEZ / EL UNIVERSAL )

Con el objetivo de hallar a su familia o trabajo, menores arriesgan sus vidas al cruzar la frontera

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TIJUANA

Ángel sólo ha visto a su madre dos veces: aquel día que cumplió tres años y otra cuando ella regresó a Huajuapan de León, Oaxaca, cinco años después. Vivió con su abuela desde que nació, porque Catalina se fue a vivir a Austin, Texas. Si tuviera que hacer un conteo, sólo ha pasado alrededor de 365 días al lado de su mamá.

Hace varios meses y con sólo 14 años, abandonó el pueblo. En una mochila refundió un cambio de ropa, y agarró un camión hasta Tijuana. Al niño debía recogerlo un pollero en la central de autobuses, que su madre había contactado desde Estados Unidos.

“¡Qué pues, ¿ya estás animado?!”, lo recibió eufórico un hombre regordete, con aliento alcohólico. El niño de tez cobre y ojos rasgados se asustó al percibir al individuo borracho, pero él sabía que había que aguantarlo todo con tal de reunirse con su madre y con Mike, el hermano pequeño que nació en Estados Unidos y no conoce.

“En cuanto me bajé del camión nos metió en un túnel cerca de la playa. Primero caminé agachado, luego corrí, pero me alcanzó una cuatrimoto con uno de los migras de verde”. Ángel recuerda que le gritaban “stop mexican”.

Eran alrededor de las dos de la mañana de un día de febrero cuando la Patrulla Fronteriza lo agarró junto con otros niños que intentaban cruzar a Estados Unidos.

Tres días estuvo en el centro de detención en Chula Vista, California. Como comida le servían unos burritos de jamón tan asquerosos que le provocaban náuseas.

Ángel se convirtió así en uno de los más de 6 mil menores mexicanos detenidos por elementos de la Patrulla Fronteriza en Estados Unidos durante 2014, que intentaron reunificarse con sus familias o pedir asilo político por la violencia que se vive en sus pueblos.

Para activistas promigrantes, los niños mexicanos son el eslabón más débil de la migración, pues a diferencia de los centroamericanos son repatriados inmediatamente.

Al igual que Ángel, muchos de éstos se quedarán vagando en las ciudades fronterizas donde correrán el riesgo de ser reclutados por el crimen organizado.

Ángel está recostado en el sillón de un albergue para niños migrantes en Tijuana; ya intentó cruzar cuatro veces: por la playa, por el cerro, por un túnel, pero siempre lo han agarrado. Está solo en la ciudad, y anda del DIF al albergue para menores del YMCA.

“¿Que por qué tengo en la cabeza una gorra que dice San Diego?, por que es mi sueño llegar hasta California y reunirme con mi mamá y mi hermanito”, dice el niño.

Rescatan a bebé

Josvani estuvo durante la noche del pasado jueves en un albergue de Servicio de Migración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) de Chula Vista y el viernes fue repatriado a Tijuana. El pequeño tiene poco más de un año, no se sabe su edad, pues la mujer que intentaba cruzarlo por la garita de San Ysidro —quien fue detenida— dijo que era su tía, pero no supo proporcionar los datos del bebé; sólo explicó que era de Michoacán.

En el albergue del DIF de Tijuana comentan que es muy común que los parientes intentan cruzar a los niños con polleros y si son detenidos se “identifican” como familiares, pero sin otorgar documentos que confirmen las versiones.

La institución se comunicó con la mamá de Josvani, quien por teléfono se mostró consternada y aseguró que quien viajaba con el niño era su tía; en la conversación, la mujer explicó que no tenía dinero, pero que reuniría lo necesario para viajar en avión para recuperar a su pequeño, quien llegó con un kit de supervivencia del Departamento de Seguridad Interior de Estados Unidos, incluida una mamila y sus zapatos sin agujetas, como parte del protocolo que se sigue en ese país con los infantes indocumentados.

Germán caminó 4 días solo

El día que Germán cumplió 16 años lo celebró en el albergue para niños deportados no acompañados de Tijuana. El 8 de febrero lo repatriaron, luego de intentar cruzar con su primo. Viajaron solos, de camión en camión desde Oaxaca.

A pesar de que es un niño flaquito, de facciones delicadas, llegar hasta el norte y cruzar solo las montañas no le parecía una mala idea, pues su hermano Juan hizo la travesía también a los 16 años; por eso ya era tiempo de que él lo intentara.

“Quiero cruzar por falta de economía, mi papá cuidaba animales y yo también. Pero necesitaba mantener a mi familia; ideamos un plan: cruzar solitos y llegamos a un cerro que se llama Nido de las Águilas”.

La primera vez, Germán caminó siete horas por el cerro, a temperaturas de hasta 40 grados centígrados, pero lo agarraron. La segunda caminó cuatro días y es el único momento que ha sentido que su cuerpo se inmoviliza de tanta emoción, cuando logró ver las luces de los edificios enormes de San Diego. “Llegué a Estados Unidos”.

El niño, casi joven, cuenta que al día siguiente encontró trabajo de jardinero en California, con un salario de 80 dólares al día, que mandaba casi íntegro a Oaxaca. “Un día salí a la tienda y me agarraron por no tener papeles”.

Su marcado acento delata que recientemente aprendió español, pareciese que está siempre triste, y su voz dulce deja entrever que aún es un niño. Acaba de llegar de su última detención; la tercera desde febrero. Lleva en la mano una bolsa que dice “homeland security”, lugar donde estuvo detenido en EU.

Huyen de violencia y los rechazan

Rosendo, de 15 años, cuida como un padre a Alfonso, de 13, un niño de huesos tan pronunciados que la camisa de su talla le queda grande. Está sentado en un sillón con los brazos cruzados y la cabeza metida entre ellos.

—¿Qué te pasa Alfonso?

Quien responde rápidamente es su primo Rosendo: “es que mataron a su papá cuando sembraba en Guerrero, y su mamá se murió de un dolor en el estómago”.

Llegaron a Tijuana con la esperanza de obtener asilo ante la violencia. Temen que aquellos que mataron a su padre, les hagan daño.

“Llegamos a la garita y nos dijeron que no calificábamos para asilo porque en México no hay tanta violencia.” Alfonso dice que no hay quien vaya por ellos a Tijuana, por eso ahora idean la forma de regresar a Guerrero, solos otra vez.



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