Cumple Cancún 44 años entre esplendor y contradicciones
ANIVERSARIO Hace 44 años se inauguró el complejo turístico de Cancún como parte de un plan maestro de Fonatur. (Foto: Adriana Varillas )
Cancún cumple este domingo 44 años de esplendor y
contradicciones, entre el auge de su éxito como centro turístico y los rezagos
de una ciudad que alberga a poco más de 800 mil habitantes, procedentes de diferentes
entidades de México y otros países del mundo, que reclaman calidad de vida y
demandan servicios.
Los festejos comenzaron en la víspera, con las tradicionales
Mañanitas y continuaron esta mañana con una misa oficiada por el obispo,
Pedro Pablo Elizondo.
Después del desayuno con los pioneros, en el Centro de
Convenciones, a partir de las 13 horas y hasta las seis de la tarde se montó
una exposición de automóviles antiguos, de colección, que realizaron un
recorrido por Malecón Tajamar.
Los pioneros recordaron cómo en 1968 nació la iniciativa del
gobierno federal para desarrollar el turismo planificado en México. Un año
después se creó el INFRATUR y un fideicomiso administrado por el Banco de
México para desarrollar los Centros Integralmente Planeados (CIPs).
El primero de dichos CIPs fue Cancún, surgido de la selva en
1970, con base en un meticuloso Plan Maestro de Desarrollo Urbano, diseñado por
el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), que contempló un Aeropuerto
Internacional, hoteles y un poblado de apoyo, básicamente.
Hoy cuenta con lujosos condominios, que suman poco más de
tres mil unidades; centros comerciales de lujo, restaurantes con una amplia
oferta gastronómica, museos de reciente creación, como el Museo Maya o el Museo
Escultórico Subacuático (Musa); spas marinas, discotecas, bares y, por
supuesto, más de 150 hoteles.
Posee 35 mil 087 cuartos hoteleros que dan trabajo directo a
52 mil 630 personas e indirecto a 175 mil, lo que hace un total de 228 mil 065
empleos. Su aeropuerto recibió el año pasado a 14 millones de turistas y al
destino arribaron 4.5 millones de vacacionistas.
La ocupación promedio en 2013 fue del 77.2 por ciento, lo
que implica que se ocuparon 27 mil 087 habitaciones.
La derrama
económica que estos 35 mil 087 cuartos deja para el estado es de cuatro mil 363
millones 870 mil dólares y si consideramos que un 20 por ciento de estos
ingresos se va para sueldos y prestaciones de los empleados, la derrama que le
deja a la ciudad es de 872 millones de dólares anuales, haciendo un aproximado
de 11 mil 346 millones de pesos en sueldos y prestaciones; aproximadamente 945
millones de pesos mensuales, refiere el presidente de la Asociación de Hoteles
de Cancún (AHC), Roberto Cintrón.
El éxito de Cancún le aporta al gobierno federal, en
términos de ganancias, el 16 por ciento del IVA de esos cuatro mil 363 millones
873 mil dólares, expone el empresario.
Otros 610 millones de pesos se van al gobierno de Quintana
Roo por el pago del Impuesto al Hospedaje (IH) y otro tres por ciento por
concepto de Impuesto a la Nómina, sin contar con los millones que paga al
gobierno municipal por el impuesto predial, detalla el empresario, como parte
de un análisis que realizó sobre los beneficios del turismo y la hotelería al
destino.
El precio de la grandeza mal distribuida
Sin embargo, acompañado de la bonanza, también llegó el
rezago, como parte de los desequilibrios en la distribución de la riqueza
generada por el Turismo y la presión ejercida por miles de migrantes.
Para los 80s, en pleno auge, el centro turístico había
rebasado toda expectativa. Lo mismo arribaron turistas, que migrantes. Su traza
urbana quedó superada y en 10 años, de los 33 mil 273 habitantes que residían
en su ciudad, la cifra aumentó a 167 mil 730.
De acuerdo con los censos del INEGI, para el año 2000
sumaban 397 mil 191 habitantes; para el 2005, el número subió a 526 mil 701
pobladores y a 628 mil 306, en 2010.
Actualmente se estima que habitan 850 mil personas en la
ciudad, que concentra el 49.9 por ciento de la población de Quintana Roo y se
espera que alcance el millón de pobladores en 2020 y el millón y medio en 2030.
Aquí aterrizan de
todos lados. Cancún ha sido el receptáculo de las aspiraciones de miles de
mexicanos y de extranjeros. Imaginando que nadie se hubiera robado la lana,
jamás le hubiera alcanzado a nadie para cubrir las necesidades con la tasa de
crecimiento poblacional del 16 y 17 por ciento que alcanzamos en su momento. Es
imposible, indicó Marisol Vanegas, directora de la consultora, Redes Turismo.
Actualmente, de esos 628 mil 306 habitantes, un 31.72 por
ciento carece de acceso a servicios de salud, más de la mitad no puede ser
acreedora a un crédito para la vivienda y el 28.67 mayores de 15 años, carece
de educación básica completa, lo que implica una limitación en la capacidad de
desarrollar otras actividades económicas.
Estos datos reflejan que el turismo sí atrae a una gran
cantidad de personas para desarrollar actividades laborales en este sector o
relacionado a él, pero los empleos generados presentan una inestabilidad, la
cual no permite un desenvolvimiento continuo para el crecimiento económico, de
acuerdo con un diagnóstico elaborado por el Instituto Municipal de Planeación
(IMPLAN) en el periodo 2011-2013.
La ciudad padece del aumento de asentamientos irregulares,
la inseguridad, la violencia de género, el sexo servicio, el fenómeno de Trata
de Personas y el narcomenudeo.
También sufre la pérdida de áreas verdes, la limitada oferta
de esparcimiento, la presión sobre el altamente vulnerable recurso hídrico, la
contaminación parcial del Sistema Lagunar Nichupté y el efecto erosivo de sus
playas, contenido recientemente gracias a un millonario proyecto de
restauración ambiental, financiado por el gobierno federal en 2010.
Su ciudad enfrenta además un desordenado sistema de
transporte urbano en permanente revisión, pero irresuelto en los hechos; y las
recurrentes inundaciones ante la carencia de infraestructura de drenaje
pluvial, conforme a ese mismo diagnóstico y otros indicadores del Observatorio
de la Violencia de Género, de la Procuraduría de Justicia y de organizaciones
como Ángel ciudadano.
Los impactos ambientales de la creación de Cancún, han sido
muy graves y muy serios, afirma el premio latinoamericano en Divulgación
Científica, Juan José Morales, quien cita que en la ciudad hay un promedio de
2.4 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, cuando lo óptimo son nueve
metros cuadrados por habitante, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud
(OMS)
La calidad de vida se ha deteriorado; las condiciones
ambientales son deprimentes. Es cierto que Cancún tuvo una época de auge y
bonanza, pero en 15 años ha experimentado un franco retroceso.
Empresarios y gobiernos no se han preocupado por satisfacer
las condiciones mínimas de la ciudad; no existe fomento al Deporte, porque
fomentar el Deporte no es sólo poner canchas. La cultura está desapareciendo,
aunque nunca ha sido una prioridad; los parques públicos son basureros, han
privado a la gente de las playas y el esparcimiento es mínimo: Cines, antros y
plazas comerciales son las opciones, expresa el investigador.
Para el presidente de la asociación Fundadores de Cancún,
Ricardo Lujambio, el costo que ha pagado la ciudadanía, por disfrutar del
paraíso, ha sido muy alto, pues no existe reciprocidad.
El desarrollo de Cancún siempre ha sido contradictorio.
Llegamos a los 44 años con mucho dinamismo turístico, con un gran atractivo en
esa materia, pero el boom no se refleja en la población. El costo social ha
sido muy alto, afirma.
Marisol Vanegas explica que lo anterior es resultado del
modelo de desarrollo turístico masivo que se eligió, el cual acarrea diferentes
consecuencias.
Pasa que no había otro; no teníamos otros parámetros; lo que
nos diferenció fue la planeación, pero ya dijimos porqué quedó rápidamente
rebasada. Ahora la hotelería se redefinió y sabemos que tener más cuartos no es
necesario, ni lo mejor, porque los hoteles con menor densidad se venden más
caro, señala.
A futuro subraya- se requiere de una planeación que integre
la mitigación de esos impactos, para los próximos 20 años.





