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José Vales Desde el Cono Sur

José Vales| El Universal
06:30Lunes 11 de mayo de 2015
Buenos Aires

Ella había previsto un segundo gobierno sin sobresaltos. Sin la tedioso que significa negociarlo todo con los grupos aliados. Por algo había hecho gala de que había vuelto a la presidencia por sus propios méritos y por la férrea relación que tenía con la sociedad. Pero nadie elige a la familia de uno y la presidenta, Michelle Bachelet no fue la excepción. Obligada por las circunstancias y por la impopularidad que le generó a su gobierno, las denuncias contra su hijo y su nuera, la presidenta chilena se vio obligada a abortar su primer gabinete, deshacerse de su ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo y otros colaboradores con los que había concebido su nuevo proyecto post Concertación y volver a empezar con el fin de enderezar un gobierno que le faltan aún tres largos años por delante y un rosario de promesas aún inconclusas.

Así está Bachelet hoy, minutos antes de anunciar a los nuevos integrantes de su gabinete. Los que la conocen, aseguran que la ven apenada y con pocos reflejos políticos, recibiendo en las últimas horas condiciones de los partidos aliados, principalmente de la Democracia Cristina, quien se aprovecha de la caída en las encuestas de la presidenta y de su gestión. La Jefa de Estado no aparece de la mejor forma para enfrentar lo que se viene. Un golpe de timón que la ayude a recuperar la iniciativa, mientras los volcanes y os tsunamis le hagan la vida más fácil.

Lejos de ser la primera, tampoco es la única, presidenta de la región que está en problemas. Dilma Rousseff, en Brasil, viene padeciendo lo suyo, por culpa de la crisis económica y del escándalo en Petrobras. Cristina Kirchner, en Argentina, es un problema en si misma, y a eso le suma que se vienen las elecciones para su reemplazo y ella trabaja para irse a casa con la mayor cuota de poder posible.

El poder no siempre es lo que parece y no siempre se puede hacer con él lo que se planificó de antemano. Esa es la lección que acaba de aprender Bachelet, atrapada en su propio laberinto de madre y presidenta.

La presidenta tiene aún en carpeta varias reformas, como la universitaria y la fiscal y con ninguna pudo avanzar. La economía viene dando señales de cierto agotamiento, y lo único que aparece a la mano para tratar de traer al redil a los que la valoran negativamente es la disputa en La Haya por la salida al mar en Bolivia. Hoy por hoy, demasiado poco para convencer a los que esperan soluciones desde los tiempos de Patricio Alwyn en el poder. Además los nacionalismos, a cierta altura, suelen ser tóxicos.

En esas de cambiar el gabinete, Rousseff ya pasó por la experiencia y logró aquietar las aguas turbulentas en las que navegaba su segundo mandato. En cambio, Kirchner no es propensa a cambiar ministros. Lo hizo hace seis semanas con el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, quien el dejó el cargo a Aníbal Fernández, pero más para ordenar la casa y las candidaturas que para enderezar un gobierno en el final de sus días.

Argentina está sumergida en el proceso electoral y hasta que no se defina la devaluación y la crisis parecen poder esperar. En cambio, Chile está acostumbrado a otra cosa, a formas más republicanas, que la presidenta a la hora de anunciar su nuevo gabinete no tuvo en cuenta. Tardó 96 horas n anunciar quién se iba y quién se quedaba en su gobierno. Y eso. Sólo habla de que en el interior del laberinto, la comunicación suele ser muy pero muy difícil.

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