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En la mira, papás manipuladores

Norma Jiménez| El Universal
Martes 12 de agosto de 2014
En la mira, paps manipuladores

JUSTICIA. Después de que el padre de sus hijas se las llevara en las fiestas de Año Nuevo de 2010, Georgina inició un juicio y ahora viven con ella 4 días a la semana. (Foto: FOTOS ADRIÁN HERNÁNDEZ )

Una reforma al Código del DF abre la puerta para que el padre culpable pierda la custodia

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Mi hijo me dice que soy un mal padre o madre; cree que soy malo; sólo dice cosas malas de mí; cuando lo saludo no me responde; no le gusta hablar conmigo; si me acerco, se aleja; no quiere verme porque dice que me lo voy a robar...

Estas son algunas de las expresiones más comunes que emiten los padres, cuyos hijos o hijas han sido manipulados por quien fuera su pareja. Esta conducta, que anteriormente no significaba nada ante la Ley del Distrito Federal, ahora —tras una reforma al Código Civil aprobada en mayo de 2014—, puede tener un castigo que podría derivar, incluso, en la pérdida de la custodia por parte del culpable.

Los casos de manipulación, llamados de manera legal “alienación parental” pueden llegar a adquirir relevancia en los juzgados, pues según Alejandro Heredia Ávila, presidente de la Asociación Mexicana de Padres de Familia Separados AC, alrededor de 30% de los divorcios —unos 27 mil casos al año— se deben a la manipulación, en alguno de sus tres niveles.

El hecho de que no haya estadísticas oficiales de padres o madres “alienadores”, se debe a que es un término jurídico y social relativamente nuevo en México, aunque en otros países, como España, es muy conocido desde hace una década, explica Heredia.

De acuerdo con el Inegi, los divorcios van en aumento. La más reciente cifra indica que en 2011 se registraron 91 mil 285 divorcios. Esto significa un crecimiento de 74% respecto a la encuesta anterior del año 2000. La proporción de madres a quienes se les otorgó la custodia fue de 89.3%, mientras que la de padres fue de 3.9%.

“El problema de la alienación parental en México se hace más latente, ya que día a día se conocen más casos de padres de familia que ejercen violencia sicológica hacia sus hijos”, sostiene Victoria Adato Green, coordinadora del Programa de Asuntos de la Mujer, el Niño y la Familia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

Para combatirlo, dice, se requieren políticas públicas integrales, ya que hasta ahora son las autoridades de administración de justicia —jueces y magistrados— quienes llevan “el mayor peso”, pues son los que deben emitir sentencias respecto a la detección de padres “alienadores”.

“Los administradores de justicia han tenido una actitud muy positiva, pero esto no debería ser tema solo de ellos, sino también de políticas públicas donde se lleve a cabo una concientización de sociedad y familias”, precisa.

Adato Green apunta que efectivamente hay una cifra negra de estos casos, pero al registrarse más divorcios se hace más evidente este problema conductual.

Aclara, además, que el problema de padres de familia alienadores no es exclusivo de padres ya divorciados, sino que también se da en hogares constituidos, y por ahí puede comenzar el camino al divorcio.

Comprobó manipulación

Seis años no han sido suficientes para que Víctor Marín pueda convivir con su hija Bibiana como cualquier padre. Ha tenido que pasar un ‘vía crucis’ legal para poder estar con ella, desde que en 2008 la madre de la menor, Magdalena, la separó del cariño de su papá al llevársela a Tamaulipas.

Magdalena se fue a vivir con Bibiana a Ciudad Madero, de donde es originaria, para reunirse con el que fuera su novio, dice Víctor, también originario de Tamaulipas.

Él reside en el DF desde hace 26 años, y narra que durante los primeros meses que lo separaron de su hija intentó verla pero le fue imposible. “Recibía llamadas amenazantes por parte del ex novio de mi ex esposa, que era director de policía en Ciudad Madero”.

Después del divorcio, en 2009, y hasta ahora, solamente ha podido ver y hablar por teléfono con su hija unas 10 veces.

“Me dice tu mamá que no me quieres ver”, le dice Víctor. A lo que Bibiana responde: “¿Yoooo?”. Es una niña distante, seria, desconfiada y con la que no se puede hablar con palabras de amor. “Cada vez que le digo que la quiero mucho, no responde”, dice el padre.

La última vez que Víctor Marín, ginecólogo del Hospital Centro Sur de Alta Especialidad de Pemex, vio a su hija fue en junio de 2013. Ahora sólo habla con ella dos o tres veces al año y se escriben mensajes.

Víctor es uno de los pocos casos que ganó una sentencia en la que le otorgan la patria potestad de su hija al comprobar que su madre incurrió en manipulación parental, que es el término jurídico que se utilizaba antes de la nueva ley en el DF.

“El señor Víctor Armando Marín Cantú acreditó que su menor hija se encuentra alienada por parte de su madre (Magdalena González Barquín), por lo que la menor se ha visto manipulada por esta última”, dice la sentencia dictada por el juez sexto de lo Familiar del Distrito Federal, Andrés Linares Carranza, en 2011; hecho que marcó la visibilización de este problema.

A pesar de esto, la ex esposa de Víctor se niega a cumplir el ordenamiento legal, por lo que la adolescente de 14 años sigue viviendo con su mamá.

“Todo esto ha sido muy desgastante emocional y sicológicamente, porque la mamá se empeña en que no me vea. Esto a pesar de que cada mes le mando su pensión y legalmente me han otorgado la patria potestad de mi hija.

“Tras varios juicios que duraron tres años, gané el caso”, dice Víctor, pero ahora ellas están amparadas en Tamaulipas contra la resolución del juez en el DF, explica.

¿Qué es alienación parental?

El Síndrome de Alienación Parental (SAP) es un término creado por el psiquiatra estadounidense Richard Gardner, en 1985, para referirse a lo que él describe como un desorden sicopatológico en el cual un niño, de forma permanente, denigra e insulta sin justificación a alguno de sus progenitores, generalmente, el padre. Se inicia como un “lavado de cerebro” de los niños por parte de un progenitor, y los hijos acaban haciendo suyas las manifestaciones que les han inculcado.

Por su parte, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) la ha definido como la conducta llevada a cabo por el padre o madre que conserva bajo su cuidado al hijo o hija y realiza actos de manipulación con la finalidad de que el menor de edad odie, tema o rechace injustificadamente al progenitor que no vive con él.

Según especialistas, este tipo de conducta no es exclusiva de la madre o del padre, pero si se toma en cuenta que por cuestiones culturales, los jueces suelen otorgar la custodia a la madre, existen más padres afectados que madres.

Abogados y sicólogos entrevistados consideran que no existe todavía una cultura entre la población sobre la existencia de este problema, ya que anualmente, se les presentan alrededor de cinco casos.

Para el presidente de la Asociación Mexicana a los Afectados por el SAP, Aníbal Mohr, padre de tres hijos y quien también fue víctima de esta conducta, la principal afectación para los menores es la cuestión sicológica.

Alejandro, Georgina y Ángel

Igual que Víctor Marín, hay otras madres y padres de familia cuyos hijos han sido víctimas de alienación parental por parte de sus ex cónyuges. Tal es el caso de Alejandro Heredia Ávila, Georgina Arias Lara y Ángel Pérez Zamora.

Heredia Ávila, presidente a la Asociación Mexicana de Padres de Familia Separados, inició un juicio desde hace 14 años en contra de su ex esposa María Elena Meza, para que lo dejara convivir con su hijo, Alejandro, que en 2001 tenía seis años.

“Después de 10 años de juicios no he podido ver a mi hijo. Siempre he pagado sus pensiones alimenticias y he estado al pendiente de él. Ahora que es mayor de edad tampoco quiere verme porque durante años fue manipulado y alienado por su madre y su abuela” comenta.

En 2001, el Juzgado 22 de lo Familiar en el DF resolvió en sentencia las visitas y convivencia con su hijo, fallo que la madre incumplió y no dejó que lo viera.

De ahí se derivaron una serie de amparos y más juicios, y todo ese desgastante proceso jurídico lo llevó a crear en 2002 la asociación, con el fin de ayudar a otros padres que han pasado por situaciones similares.

Por su parte, Georgina Arias asegura que sus dos hijas menores fueron manipuladas por su padre, quien se las llevó en las fiestas de Año Nuevo de 2010. Durante el juicio de custodia, la hija mayor le dijo al juez que su madre las maltrataba, las dejaba sin comer y que no las cuidaba.

“Le demostré al juez que la niña estaba manipulada por su padre, su abuela paterna y una de las hermanas de mi ex esposo, quienes declararon ante el juez que la trabajadora doméstica les decía que todos los días les daba de comer de McDonald’s, que no hacía bien mi labor de madre y muchas cosas muy absurdas. Presenté pruebas de que me hacía cargo de todos los gastos de mis hijas”, señala Georgina.

El juicio de divorcio se resuelve hasta 2013 y después de que el expediente de 10 tomos pasó por tres jueces, la justicia resuelve que las niñas vivan cuatro días conmigo y tres con su padre”, apunta Georgina, quien dice que la convivencia actual con sus hijas es buena.

Ángel Paredes Zamora también fue separado de sus tres hijos desde 2012 por su ex esposa. Desde hace más de 600 días no los ve. La madre de sus hijos lo demandó por violencia intrafamiliar y las autoridades del Centro de Atención a la Violencia Intrafamiliar (CAVI) de la Procuraduría General de Justicia del DF lo sacaron de su casa.

En ese momento inicia el ‘vía crucis’ legal. Mientras se concreta su juicio de divorcio en 2013, fue sometido, al igual que sus hijos y ex esposa, a diversos exámenes sicológicos y tuvo que presentar pruebas para demostrar su inocencia. Después de un año, la PGJDF determinó que no había pruebas en su contra y que la madre ejerce manipulación en contra de los menores.

Después de concretarse el divorcio, se inicia un juicio por la guardia y custodia de los hijos, en el cual la madre ha incurrido en prácticas para retrasar el proceso, por lo que el juez no ha dictado sentencia.

Secuelas sicológicas

Un menor alienado tiene secuelas irreversibles debido a que no es atendido, pues la conducta no es aceptada por el padre o madre, coinciden en señalar especialistas en sicología infantil.

Andrómeda Valencia Ortiz, investigadora del Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma de Hidalgo, dice que los procesos de divorcio en los que se vive alienación, les genera a los niños “ansiedad, preocupación, tristeza, inseguridad y depresión”.



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