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A la búsqueda de “tierras” que orbitan otras estrellas

Guillermo Cárdenas Guzmán| El Universal
Lunes 04 de enero de 2010
Los científicos han detectado más de 400 planetas fuera

guicardenas@hotmail.com

Por predicar que en el Universo hay una pluralidad de mundos más allá de nuestro sistema solar, el filósofo y astrónomo italiano Giordano Bruno fue condenado por la Inquisición y quemado vivo en la hoguera en 1600. Cuatro siglos después, los científicos han podido corroborar esta tesis (basada en estimaciones lógicas) con evidencias sólidas cimentadas en búsquedas sistemáticas.

Actualmente, el panorama es muy distinto: desde 1995, cuando los astrónomos suizos Michel Mayor y Didier Queloz descubrieron el primer planeta extrasolar -Belerofonte, un gigante gaseoso más grande que Júpiter, que gira alrededor de la estrella 51 Pegasi, a 47 años luz de distancia- la lista no ha dejado de crecer prácticamente cada semana.

A la fecha se tiene registro de más de 413 exoplanetas, clasificados en tres grandes categorías: gigantes gaseosos y de hielo, así como “supertierras” de cortos periodos orbitales. La mayoría de ellos son de gran tamaño, pues hallar uno pequeño es como distinguir una luciérnaga entre fuegos artificiales y albergan condiciones altamente hostiles para la vida como la conocemos.

Sólo en 11 casos existen imágenes de esos planetas, mientras que los demás han sido escudriñados con métodos indirectos. Pero la introducción de nuevas técnicas e instrumentos de exploración más refinados, como el satélite COROT (europeo) y el telescopio Kepler, de la NASA, ha hecho posible dirigir los esfuerzos hacia la localización de planetas más parecidos al nuestro, es decir, no gaseosos, sino sólidos y con rangos de temperatura que permitan la existencia de agua líquida en su superficie.

No se ven, pero se “sienten”

La nueva búsqueda ha rendido frutos, y como ejemplo está el hallazgo de David Charbonneau, del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics, difundido en Nature en diciembre pasado. El astrónomo detectó un exoplaneta al que nombró GJ 1214 b, una “supertierra” con una masa equivalente a seis veces la de nuestro mundo y con condiciones atmosféricas muy similares. Pero este nuevo episodio apenas comienza y habrá muchas más sorpresas, dicen los expertos.

“Los métodos de búsqueda más comunes han favorecido la localización de planetas masivos como Júpiter (a los que se denomina jovianos). Afortunadamente, la NASA lanzó en 2009 el telescopio espacial Kepler, que permitirá detectar también la masa de planetas muy pequeños”, dijo Arcadio Poveda, del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM.

El telescopio espacial Kepler lleva, entre otros aparatos, un fotómetro de 95 centímetros de diámetro que monitoreará luz de 100 mil estrellas de la Vía Láctea (nuestra galaxia) dentro de un campo visual fijo de 105 grados en la bóveda celeste. Los datos que colecte serán analizados por computadoras en tierra para descubrir fluctuaciones periódicas en la luz de esas luminarias debidas al paso (tránsito) de planetas delante de ellas, a la manera en que ocurren eclipses en nuestro propio sistema solar.

En los tres años y medio de vida útil que se estima tendrá, el telescopio Kepler ayudará a localizar desde 50 hasta 640 exoplanetas con periodos orbitales (tiempo que tardan en dar la vuelta a su estrella) de un año o menores, según anticipó el doctor Poveda en una conferencia en la Feria de la Astronomía, celebrada a fines de 2009.

“Cada 30 minutos va a determinar la luz de la estrella en observación. Eso permitirá trazar una curva de brillo para cada una y si hay un planeta en tránsito (frente a ella, desde la perspectiva del observador), va a detectar que el brillo comienza a disminuir, pasa por un mínimo y luego vuelve a subir. Con esto también podrá calcular su periodo orbital”, aseguró el investigador emérito del IA.

Este método de detección basado en eclipses -denominado de tránsito- es el más usado por los astrónomos a la caza de exoplanetas, junto con otro llamado de velocidad radial, que se basa en el “bamboleo” producido en una estrella debido a la influencia gravitacional que aunque mínima, ejerce sobre ella el planeta que gira a su alrededor.

Ese movimiento de la estrella-madre, similar al de un trompo, hace que la misma se acerque o se aleje periódicamente de la Tierra. Al hacerlo, la luz que emite se desplaza hacia distintas regiones del arcoiris: el azul o el rojo, respectivamente. Al analizar estos patrones, los expertos pueden deducir si existe un planeta, aun cuando no puedan verlo.

Otros objetivos del observatorio espacial Kepler serán, según información difundida por la NASA, determinar las características de esos exoplanetas (reflectividad, tamaños, masas, densidades) y sus órbitas, así como el porcentaje de los que son similares en tamaño o mayores a la Tierra dentro o cerca de la denominada “franja habitable” en una amplia gama de estrellas.

¿Mundos habitables?

La franja o zona habitable de un sistema planetario es aquella donde, al menos teóricamente, existen las condiciones necesarias (que pueden no ser suficientes) de temperatura para que pueda surgir la vida: ni muy cerca de la estrella madre, porque el agua tiende a evaporarse, ni tampoco muy lejos de ella, en cuyo caso se congelaría.

En nuestro sistema solar, dicha zona de habitabilidad abarca desde las afueras de la órbita de Venus hasta un poco adentro del margen de la órbita de Marte. Sin embargo, es posible que haya también condiciones inusuales como las de las lunas Ío y Europa (de Júpiter), que por su actividad volcánica y por la posible presencia de agua bajo la superficie, respectivamente, podrían ser candidatas para alojar vida, aun cuando están alejadas de la antedicha zona habitable.

Además, en la medida en que una estrella posea más o menos masa, la zona de habitabilidad en los planetas que la orbiten tenderá hacia distancias mayores o menores, respectivamente.

“Una gran duda por resolver es saber si entre estos más de 400 planetas orbitando en torno a más de 340 estrellas (y en los nuevos que se descubran más allá de nuestro vecindario cósmico) existen las condiciones para albergar la vida tal como la conocemos o incluso civilizaciones inteligentes”, comentó al respecto el doctor Poveda.

Muchas pistas iniciales podrían ser aportadas por las futuras misiones dirigidas hacia las mencionadas lunas, dentro de nuestro propio sistema solar: “En los próximos experimentos se incluirán sondas a Europa para tratar de confirmar la hipótesis de que hay agua bajo su superficie. Si ésta es líquida posiblemente tenga condiciones propicias para la vida”, explicó el académico del IA.

Fuera de nuestro vecindario solar, las llamadas estrellas enanas M (hasta 10 o 12 veces más diminutas que nuestro sol) parecen también ser objetivos muy tentadores para la indagación de los astrónomos, debido a sus temperaturas relativamente frías.

El reto es enorme y aunque parece una historia de ficción, los científicos, dotados de estos nuevos y poderosos instrumentos, estarán pronto en la ruta para corroborar otra audaz hipótesis de Giordano Bruno: “Existen innumerables soles, incontables tierras giran en torno a esos soles... ( ). Y en esos mundos habitan seres vivos”.



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