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Cazatesoros del mar busca operar en México

Julio Aguilar| El Universal
Miércoles 11 de febrero de 2009
Odyssey Marine Exploration solicitó permiso al INAH para explorar

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Odyssey Marine Exploration, una de las empresas de cazatesoros más activas del mundo, ha puesto sus ojos en el patrimonio cultural mexicano sumergido en el mar. Al menos dos solicitudes formales para explorar antiguos restos de naufragios hundidos frente a las costas del país, han sido presentadas ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) por esa compañía estadounidense con base en Tampa, Florida. El proyecto más reciente fue recibido por el INAH apenas el pasado 29 de septiembre.

El INAH ha clasificado como “reservada” la información de los proyectos ejecutivos, técnicos y científicos que presentó la Odyssey Marine Exploration, sin embargo, a través de la solicitud de acceso a la información número 1115100028108, el instituto ha tenido que revelar a este periódico que la primera solicitud ahora forma parte de un juicio de nulidad que se tramita ante el Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa, y que la segunda solicitud, hasta noviembre de 2008, aún se encontraba “en proceso deliberativo para emitir la respuesta definitiva…”

¿Por qué se abrió un juicio de nulidad, promovido por quién y contra quién? El INAH no ha aclarado estas preguntas, y la empresa tampoco ha respondido los mensajes que se le han enviado sobre el tema.

Las gestiones de la compañía han coincidido con la entrada en vigor, a partir de enero de 2009, de la Convención de la UNESCO sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, que México ratificó desde 2006, en la que se establece el compromiso de los países para no negociar con cazatesoros como la Odyssey Marine Exploration.

La UNESCO promovió esa convención para proteger de la destrucción y del expolio un vasto patrimonio cultural que se encuentra sumergido. Sólo en lo que concierne a restos de naufragios, la UNESCO ha estimado en 3 millones los sitios dispersos alrededor del mundo. En cuanto a México, de acuerdo con datos del INAH, sólo en las costas de Quintana Roo se localiza la segunda área de naufragios más grande del planeta, donde hay registros de al menos 54 zonas de naufragios.

México posee un amplio patrimonio cultural subacuático tanto en aguas interiores (vestigios arqueológicos y paleontológicos sumergidos en presas, cenotes, ríos, lagos y cavernas), así como en aguas abiertas, es decir, a lo largo de los 11 kilómetros de litoral y bajo las 200 millas náuticas mar adentro que le corresponden al país.

En esas aguas abiertas están los restos de naufragios como los que interesan a la Odyssey Marine Exploration. Además de las exploraciones frente a las costas de Quintana Roo, la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH actualmente lleva a cabo proyectos para investigar otras zonas e inventariar el patrimonio sumergido en litorales como los de Campeche y Baja California.

¿En qué zonas de naufragios ha puesto sus ojos la Odyssey Marine Exploration? Si bien el INAH no ha querido revelar los objetivos precisos de esos buscadores de tesoros, fuentes consultadas en Estados Unidos han señalado que el interés de ésa y otras compañías similares está concentrado principalmente en los restos de al menos tres naufragios.

Uno es el del SS Golden Gate, un barco de la empresa Pacific Mail Steamship que se incendió en julio de 1862 frente a las costas de Manzanillo. La embarcación, en la que viajaban 338 pasajeros más la tripulación, naufragó en un sitio que hoy se llama Playa de Oro debido a que, según la información de la época, el Golden Gate transportaba cerca de millón y medio de dólares en oro desde el puerto de San Francisco con destino a Panamá. En el siniestro sólo sobrevivieron 213 personas y de la carga sólo se recuperó lo que escupió el mar. El resto, aún despierta la ambición de cazatesoros de ocasión y profesionales.

Otro naufragio codiciado es el de la nave almiranta Nuestra Señora del Juncal, un galeón de la Flota de la Nueva España hundido por una tempestad en la sonda de Campeche en 1631, después de zarpar de Veracruz rumbo a Cuba. Además de una variada mercancía procedente de las llamadas Indias orientales, el galeón navegaba cargado con caudales en monedas de oro y plata cuyo destino final era la metrópoli española.

Entre los posibles intereses del Odyssey está también descubrir la ubicación de la nao San Antonio, desaparecida en el periodo colonial frente a las costas de Tabasco, con un cargamento de oro y plata, de acuerdo con documentos del Archivo de Indias.

Precisamente en archivos como el de Indias, así como en otros fondos documentales europeos y americanos, las empresas cazatesoros comienzan sus investigaciones para ubicar los naufragios de su interés. Sólo si hay registros de transporte de oro, plata o piedras preciosas, las compañías despliegan recursos tecnológicos de última generación en las áreas donde sucedieron los siniestros.

Robots de inmersión, sonares y magnetómetros de última generación y mapas cartográficos satelitales, además de barcos modernos son las herramientas de cazatesoros como Odyssey Marine Exploration, Marine Explorations Inc., Sea Hunt y BDJ Discovery Group. “Básicamente son compañías norteamericanas que tienen recursos, que cotizan en la bolsa como es el caso de Odyssey; son empresas que tienen tecnología de punta que facilita el acceso a esos pecios porque la arqueología subacuática es muy cara”, explica Elisa de Cabo, consejera técnica de la Subdirección de Patrimonio Histórico de España.

Países como México, e incluso naciones desarrolladas como España, no cuentan con los recursos de las empresas cazatesoros, por ello no es raro que éstas ofrezcan poner al servicio de las naciones su tecnología a cambio de un porcentaje de los rescates. Y hay los que han aceptado, como el gobierno de República Dominicana que, a principios del año pasado, extendió una concesión a la empresa Marine Explorations Inc. para recuperar los restos del galeón Nuestra Señora de la Concepción, hundido en el siglo XVII, cuya carga de oro y plata hoy se estima que podría ser de 14 millones de dólares.

Sin embargo, el verdadero interés de estas exploraciones radica en sacar a la superficie los metales preciosos en forma de monedas, lingotes y objetos suntuarios y ornamentales de oro y plata, para después subastarlos, soslayando el invaluable valor histórico y arqueológico de los vestigios.

Ahora, los cazatesoros tienen los ojos puestos en el patrimonio arqueológico mexicano sumergido, ¿se atreverán a hacer lo mismo aquí? La respuesta brilla como el oro.



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