Adoctrinan musulmanes a chamulas
SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, Chis. Entre las decenas de miles de desplazados por la intolerancia político-religiosa en los Altos de Chiapas ha encontrado acomodo una vertiente musulmana fundamentalista denominada Movimiento Mundial Murabitun. Su líder aquí, un andaluz cuyo nombre islámico es Nafia, estuvo preso en España y Estados Unidos por su activismo político y colaboró para un impreso de ETA. Llegó a México en 1995 con la pretensión de ofrecer dinero y armas al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, a cambio de que sus dirigentes abrazaran el Islam. El Instituto Nacional de Migración sigue los pasos a Nafia, pues no tiene calidad migratoria para ejercer actividades religiosas. Sin embargo, éste ha logrado convertir a más de 100 familias tzotziles expulsadas de San Juan Chamula y que viven a las orillas de esta ciudad, las cuales aceptaron el Islam, cambiando a Jesucristo por Alá, adoptaron nombres islámicos y aprendieron de memoria versos del Corán y los "racates" para el "salat" (oración). En suma, acomodaron su vida a las necesidades del ritual y a las exigencias físicas y espirituales de la nueva religión. Es el inframundo urbano, el cinturón de miseria que faja con violencia a la antigua Jovel. De aquí el tzotzil sale temprano, para descender a la ciudad y poner en marcha sus servicios. Desde acá se regentea mucho del transporte, el comercio informal y el robo en pequeña escala de esta ciudad. Armas, drogas, vehículos robados entran y salen también de la zona. Pues hasta este sitio dos "murabitun" andaluces se asentaron con la pretención de instruir a los indígenas sobre el Islam, la "verdadera y única fe", y asimilarlos a la "Umma" (comunidad islámica). Larga historia y osada, porque éste es un territorio en donde, como parte de un sombrío proceso que dura ya casi tres décadas, sus habitantes han transitado del catolicismo tradicionalista, al presbiterianismo, y de ahí al pentecostalismo, al adventismo o al bautismo, y aun a minúsculas vertientes evangélicas (desde el principio, los caciques chamulas les cobraron cara la conversión, expulsándolos. Ocupa el número 8 del Periférico Norte un predio extenso con dos accesos. En el muro exterior, rotulado, se lee: "No hay más Dios que Allah y Muhammad es su Mensajero", "Misión para el Da`wa en México, AC", "Centro de Convivencia y Desarrollo Social para los Musulmanes", "Centro de Información sobre las Enseñanzas del Islam", "Madrassa (escuela) Islámica", "Sheikh Hamdan bin Rashid Al Maktoun". El reto de descifrar esto, que desanima al principio, se torna estimulante. Sin tantas vueltas, significa, como se verá, que aquí adoctrinan en el Islam, pero que éstos son musulmanes peculiares, más interesados en el activismo político que en el rigor de la fe coránica, pues pertenecen al nacionalista Movimiento Mundial Murabitun, que desde los años 60 se autoimpuso como misión recuperar "in sha Allah" ("quiera Alá"), España, para lo cual estableció en Andalucía una pequeña comunidad virtualmente autónoma, que maneja su propia moneda; participa en cualquier tipo de manifestación pública en favor del Islam en el mundo; se ha vinculado a expresiones fascistas europeas como los "skin heads" y ha recibido transferencias bancarias oscuras de Malasia y financiamiento de un emir árabe según, un hombre prominente entre los musulmanes que prefiere el anonimato. Somos periodistas. ¡Uh! Periodistas, ¡ya lo imaginaba! Se le descompone el gesto y no lo oculta. Llama a una española blanca, menuda, de rostro luminoso que ha sido tomada por sorpresa y que sale disparada hacia los visitantes, con un ademán de espantar moscas: ¡Aquí no hay nada! ¡No queremos nada con periodistas! No pretendemos molestar. Sólo quisiéramos saber de sus actividades en la región. Bien, yo lo entiendo, pero ¡es que han dicho tantas cosas malas de nosotros los periódicos en España! Yo no estoy autorizada para informar nada, y la persona que podría atenderlos no está ahora. Déjenme sus datos y, si les quiere decir algo, esa persona los buscará. Es pura cortesía. Pues la mujer sabe que nunca nadie llamará. Otra vez en la calle. Bocanadas de humo amarillo remontan la blanca barda exterior, detrás de la cual, por lo que se escucha, alguien trabaja incesantemente la madera. Mete la sierra. Martillea. Clava. En la esquina, hacia el sur, hay un callejón. Habrá que meter las narices por ahí. Pero esto produce un breve revuelo en el patio de una casa azul de dos plantas y ventanas blancas que se halla al fondo. Las mujeres, indígenas tzotziles de faldas largas y cabellera cubierta, apremian a los niños. Sucede que alguien vino a advertir que periodistas merodean. ¿Qué sucede aquí? grita un español maduro, de estatura media, regordete, calvo y de barba cana ¿A quién buscan? Somos periodistas. ¡Pasen! Él no lo dice, pero se llama Aureliano Pérez Yruela, y Nafia es su nombre islámico. Antes estuvo preso en España y Estados Unidos, por su activismo fundamentalista islámico. Vino a México en 1995, para ofrecer dinero y armamento al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (a cambio de que sus integrantes se convirtieran), y fundar esta congregación musulmana en los Altos de Chiapas, de la cual hoy es "emir". Todo, por órdenes expresas de su líder en España, Abdul Qader al-Morabit. En este momento, el Instituto Nacional de Migración le sigue los pasos, pues carece de la calidad migratoria para desempeñar actividades religiosas; esto lo informa Javier Moctezuma, subsecretario de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación. Nafia usa un tono enérgico que, por lo que se verá, le ha traído problemas entre algunos de quienes introdujo en las enseñanzas del Corán (texto sagrado de los musulmanes). Se encamina al centro del jardín. Se descalza. Se sienta y comienza a hablar. No lleva prisa, pero le urge aclarar cosas. Es el suyo un "speech" acerca de la naturaleza perversa de los medios de información y sus hacedores. Piensa que éstos "sólo buscan el escándalo" y que "ustedes ahora mismo vienen por una noticia y nosotros simplemente no queremos ser noticia en este momento". Luce cuanta metáfora. Remata: "¡Los periodistas tienen una garganta! Yo he sido periodista; bueno, usted lo sabe mejor que nadie... ¡lo que tiene que tragar un periodista!". Más bien aunque tampoco lo cuenta, para acceder a los dirigentes zapatistas se hizo pasar como periodista en los primeros tiempos del conflicto chiapaneco, aparte de colaborar de manera esporádica para un impreso de la organización terrorista vasca ETA y para uno de Granada (España). A propósito, un día de 1995, en la comunidad selvática de Guadalupe Tepeyac, abandonó su afán periodístico con una expresión muy suya: "¡Eah, se acabó la farsa!", ante un grupo de periodistas con los que había hecho amistad. Tal es el enclave chiapaneco del Movimiento Mundial Murabitun, que tiene a las espaldas, sobre una loma, la ermita de la Santa Cruz y al frente los suburbios tzotziles evangélicos. En apariencia, el recelo de Nafia y sus seguidores hacia los medios proviene de las falsedades que, explica, éstos han difundido sobre ellos. Particularmente, les molesta la impertinencia de reporteros de Televisión Azteca, "que vienen a meterse como en su casa, persiguiéndonos con sus cámaras". Pero hay muchas otras historias que contar. Al cabo, unas 100 familias chamulas aceptaron el Islam, cambiando a Jesucristo por Alá, adoptaron nombres islámicos y aprendieron de memoria versos del Corán y los "racates" para el "salat" (oración). En suma, acomodaron su vida doméstica a las necesidades del ritual, y a las exigencias físicas y espirituales de la nueva religión. Sin embargo, un conflicto de tierras, el autoritarismo de Nafia y la curiosidad chamula habrían ocasionado una ruptura en esta joven comunidad mahometana, de manera que cerca de 40 familias chamulas de la comunidad serrana Molino los Arcos se escindieron de los "murabitun", para regirse según las nuevas enseñanzas de que ha ido proveyéndoles el Centro Cultural Islámico de México (con sede en el Distrito Federal), por vía telefónica o a través de la Red.
Los habitantes han transitado del catolicismo al bautismo. Los primeros tzotziles conversos le fueron arrebatados a la Iglesia de Dios y otras denominaciones cristianas, alrededor de 1997.
El hecho de que sobre un muro encalado haya sido escrito: "No hay más Dios que Allah y Muhammad es su Mensajero", pudiera ser una minucia. Pero es el caso que justo enfrente se levantan Getsemaní, Nueva Esperanza y La Hormiga, colonias sancristobalenses atestadas de cúbicos aposentos de madera y calles polvosas, donde miles de desplazados de San Juan Chamula han sido arrumbados, víctimas de la intolerancia político-religiosa en su municipio.
?In sha Allah?
Es una cenicienta tarde de domingo de las que aletargan a San Cristóbal de las Casas. El Periférico Norte se revela como una prolongada carpeta de dos carriles. Del lado derecho están las colonias de desplazados. Del izquierdo, la sierra de Moxviquil, cuyas faldas están totalmente urbanizadas y habitadas por católicos mestizos, feligreses de la ermita de la Santa Cruz.
?¡Lo que tiene que tragar!?
"¡Sahará!, ¡ven!, ¡métete!", ordena a su pequeña, una mujer chamula de falda hasta los tobillos, y cabello envuelto en un velo café. E interroga: ¿Quiénes son ustedes?
El recelo de Nafia
Nafia no quiere hablar. De nuevo a la calle. Pero esto alguna ventaja tiene, porque permite ver que las cuatro casas que componen el callejón en éste, que es el barrio Ojo de Agua, están en posesión de los "murabitun". Y no es un dato desdeñable, porque entre dichas propiedades hay una en verdad ostentosa, de tres pisos, con antena parabólica, muros exteriores de tres metros y bella herrería negra.
La curiosidad chamula
Los primeros tzotziles-chamulas conversos le fueron arrebatados a la Iglesia de Dios y otras denominaciones cristianas, alrededor de 1997, a través del chamula Domingo López Ángel, dirigente de una importante organización de desplazados, quien entró ese año en contacto con los "murabitun".





