Dinamita, un polvorín sin vigilancia
DINAMITA, Dgo. Una veintena de hombres corren lo más aprisa que pueden. Detrás de ellos se alcanzar a ver, todavía, las paredes de mármol de un gigantesco cerro. El Camello, un hombre que se dedica a explotar la piedra, no avisó a tiempo que había encendido la mecha. Los trabajadores se apresuran a agazaparse tras una construcción de tabicón, llena de agujeros provocados por las piedras que salen disparadas después de cada explosión. Ni lo intentes, es muy peligroso, le dicen al fotógrafo que intentaba tomar unas imágenes para captar el momento del estallido. La zozobra y el silencio se apoderan del aire hasta que un enorme estruendo sacude la tierra. Lo único que se escucha después es el silbido de las piedras cuando vuelan y caen en otros cerros. Al menos 14 salchichas de Tovex y decenas de kilogramos de Mexamon D explosivos que grupos guerrilleros en México han utilizado para hacer bombas y explotarlas en ductos de Petróleos Mexicanos, bancos y sedes políticas fueron utilizados para romper casi 300 toneladas de roca de mármol. La nube de polvo desaparece y sólo quedan las imágenes de una pared de mármol con las huellas de los barrenos, la perforación profunda que se hace en las rocas para meter el explosivo. Los hombres blanquizcos del lugar llamado El Ejido miden las dimensiones de la explosión en el desgajamiento de un cerro, pero están muy lejos de percibir lo que este tipo de explosivos convertidos en bomba han provocado o pueden provocar en cualquier edificio de México. En los últimos seis años, más de 20 bombazos se han efectuado en las ciudades de México y Cuernavaca y en los estados de Morelos, Guanajuato y Querétaro. El comisario encargado de la mina de mármol, Raúl Vieyra, explica que las salchichas detonantes de Tovex combinado con el agente explosivo Mexamon D son extremadamente potentes. A más de 20 minutos de la explosión, está el poblado Dinamita, que desde hace más de 90 años ha sido la sede de una planta de explosivos llamada hoy Austin Bacis (antes Dupont) una de las cuatro empresas fabricantes del país, de donde ha salido el material que ha sido utilizado por la guerrilla. Una planta que es la puerta de entrada a la sierra Mapimí, que no cuenta con vigilancia o custodia alguna mas que la del personal de seguridad privada que no porta armas de fuego. Todos los días decenas de tráileres de doble caja salen de ahí cargados con material explosivo sin escolta alguna. Un directivo de la empresa aseguró que no hay una ley que obligue a tener custodia armada o de autoridades federales en la planta o que obligue a que los cargamentos sean escoltados, y que toda la información es confidencial por tratarse de un asunto de seguridad nacional. Esta es una de las cuatro empresas del país Explosivos Mexicanos, Nitroamonia y Compañía Mexicana de Mechas, las otras tres que tienen el permiso para fabricar explosivos y venderlos a mineras mexicanas, a la industria de la construcción, a las cementeras como Cementos Mexicanos, Apasco, Tolteca y Chihuahua, y a las constructoras como Ingenieros Civiles y Asociados y Gutsa, además de la Comisión Federal de Electricidad. El directivo asegura que la empresa entrega reportes mensuales a la Secretaría de la Defensa Nacional sobre su producción y venta, y que tienen reuniones frecuentes con la Dirección de Armas y Explosivos de la institución armada, pero repite que la información es confidencial. En Dinamita el paisaje común son las chimeneas de humaredas blancas y amarrillas y la cadena de cerros de la región. Una zona donde las palabras Tovex y Mexamon están en boca de cualquier habitante y los silbatos que suenan cuando hay alguna emergencia hacen que la gente evacue o se esconda en los cerros. Cuenta Federico Valenzuela, quien nació en el caserío del poblado construido y financiado por Dupont que en los tiempos de la Revolución se sabía que la empresa regaló explosivos tanto a los revolucionarios que seguían al Centauro del Norte, Francisco Villa, como a las fuerzas federales. Era neutral, por eso nunca la robaron. La empresa norteamericana Dupont había decidido invertir y se asoció con Dinamita Hércules para fundar la Compañía Mexicana de Explosivos, en 1925, al adquirir la Compañía Nacional Mexicana de Dinamita y Explosivos. De ahí vino el nombre del caserío, construido ex profeso para los trabajadores. A cambio de trabajo, la empresa les construyó viviendas y pagaba todos los servicios. Era un pueblo dedicado a la fabricación de los explosivos hasta antes de los años 80 y en sus alrededores se trabajaban los cerros. En aquellos años había mucho explosivo y todos sabían detonarlo. Antes cualquiera lo compraba, no había tanta maldad como ahora, pues. Comprabas bombillas y las veías rodando en las casas. Todo el mundo se las prestaba, dice el viejo Ricardo González, un hombre que tiene una prótesis en la pierna derecha por causa de una explosión. Todo iba bien hasta que el Ejército Mexicano se encargó de controlarlo y después ya no había quién te lo prestara. Federico Valenzuela, un dinamitero de 74 años, había nacido en el caserío de Dinamita porque su padre era trabajador de ahí. Después él heredó la plaza, estaba en el departamento de control de calidad. Su trabajo era medir la eficacia del fulminante, una especie de cápsula explosiva que sirve como detonante. Por eso no escucha bien. Asegura que los mejores tiempos fueron, los del general Lázaro Cárdenas y en la Segunda Guerra Mundial. Nos daban gratis el agua y la luz. Había trabajado también en la máquina cartuchera, donde se apretaba la dinamita hecha a base de aserrín, almidón, harina y maíz, bañada de glicerina y ácido nítrico. Por eso la llamaron nitroglicerina, dice. Dinamita es la región lagunera donde antes había mucho algodón y de ahí se sacaba la glicerina. Era el componente necesario para la fabricación del explosivo, por eso se instaló la planta aquí. El gobierno compraba en grandes cantidades para explotar los minerales de Cananea. Era la única en el país, no tenía competencia, pero cuando cambiaron al explosivo plástico todo acabó. Se debilitó el sindicato y entraron los trascavos a demoler el caserío, hasta el hotel que tenía cantina y restaurante, dice don Federico Valenzuela. Los trabajadores del caserío Dinamita se trasladaron a vivir a otros pueblos. En un nuevo poblado, conocido como El Siete, o están dispersos en otras comunidades donde se trabaja con explosivo para tumbar los cerros de mármol; algunos se fueron al municipio de Gómez Palacio, Durango, que está a menos de 20 minutos del lugar. Don Federico Valenzuela sólo recuerda que el Ejército visitaba la región cuando había un movimiento de huelga de los trabajadores. Si hubo alguna vez un robo, a la empresa no le convenía difundirlo, dice. Asegura don Ricardo González que antes los camiones tenían la especificación de que llevaban explosivo y hoy no. En los alrededores de la planta cualquiera conoce y sabe manejar los explosivos porque trabajan con mármol de la sierra. Los tumbadores Ignacio Ramírez y Manuel Ochoa Flores, que casi nacieron con explosivos en la mano, aseguran que una sola salchicha de Tovex es suficiente para volar una roca de mármol del tamaño de un auto mediano. Nosotros siempre hemos usado lo que ellos fabrican, siempre lo hemos hecho con permiso federal y, si no, los que tienen el permiso lo reparten.





