aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




La Ceiba, `paraíso` del delito

MARCO LARA KLAHR (Primera parte)| El Universal
Sábado 17 de julio de 2004

En esta pequeña villa de la sierra poblana, donde no descansan las cantinas y prostíbulos y son frecuentes los asaltos y crímenes, sólo hay seis policías que vigilan a pie las 20 colonias para hacerle frente además a tráfico y consumo de cocaína, bandas de jóvenes que imitan a los maras y ordeña de ductos de Pemex. Además, su autoridad ejerce un poder limitado por falta de recursos.

Pueblo sin ley

VILLA ÁVILA CAMACHO-LA CEIBA, Pue. "El pueblo está despierto 24 horas, la actividad comercial no se detiene", lo cual "atrae todo tipo de gente, incluyendo delincuentes", que "a cada rato matan", dice Aurora Castro, presidenta auxiliar de esta villa insomne de la Sierra Norte, perfumada de limonar y cafeto. Parada obligada de camioneros sobre la carretera federal 130 entre Huauchinango y Poza Rica, durante la última década vive una modernidad torcida: concentración demográfica, tráfico y consumo crecientes de cocaína, asaltos frecuentes con cuernos de chivo , bandas de "chavos de 14 a 16 años con tatuajes", según el jefe de la Policía, que imitan a las maras , y ordeña de conductos de Pemex. El gobierno, desde su sede maloliente, completa el presupuesto gravando actividades ilegales: comercio informal, sacrificio clandestino de animales y prostitución.

Éste podría ser un cuento. En 1920, La Ceiba estuvo a menos de 40 kilómetros de la que por tres días fue declarada "capital de la República mexicana". Después de las plantas de ornato, su principal giro comercial son los molotes. El palacio de gobierno auxiliar, como en El otoño del patriarca , es un esqueleto acechado por la vegetación y el clima. Hay un curandero que hace cuadros con alas de mariposa, un prestigiado museógrafo y seis agentes de Policía, sin radios ni patrulla, para decenas de miles de ciudadanos. Cierta medianoche, con todo y aguacero, una pantalla gigante a orilla de la carretera proyecta La máscara , mientras un autobús de Estrella Blanca es asaltado. Y en El Botanero , el antro nocturno más concurrido, cierta prostituta muda aparece como el ser más comunicativo en medio de este mundo subrepticio.

Pero no es un cuento. Cuando a mediados de junio un reportero le preguntó si coincidía con la idea de que era un "pueblo sin ley", Jaime Wurts, precandidato priísta a la alcaldía de Xicotepec de Juárez, respondió que aquél, que es justo donde nació, "no es sólo un pueblo sin ley", sino "que se pueden conseguir ocho tipos de drogas y el alcoholismo está en su máximo grado", y aludió al homicidio reciente del profesor Juan José Olguín, en la céntrica calle de Venustiano Carranza.

Pocas de sus 20 colonias se libran de cantinas y prostíbulos. En Cantarranas , que es una de las más antiguas y céntricas, un tabernero se mofa: "¿Delincuencia?, no, pues eso donde quiera". Pero a los dos minutos ya está él mismo describiendo el origen de la gasolina que escancia el mercado negro de la región: "Todo mundo sabe quiénes y cómo capan los tubos de Pemex. Los trabajadores saben cuándo los tubos van a estar vacíos y cuándo se abrirán las válvulas para enviar gasolina a México. Ellos informan a quienes esperan que los tubos se vacíen para abrirles un orificio (eso es capar), conectarles una llave y robar la gasolina cuando se abren las válvulas. Yo compraba de esa gasolina cuando tenía mi carrito, aunque debía colarla, porque sale con tierra".

Un cable de Notimex (del 19 de marzo) reproduce una declaración de Marco Antonio Hernández Rosas, comandante de la Policía Federal Preventiva en Veracruz, según la cual Poza Rica es una de las zonas del país "con mayor incidencia de robos de gasolina", y realizan un operativo con el Ejército mexicano. Villa Ávila Camacho-La Ceiba está a menos de 60 kilómetros de Poza Rica y el tabernero sonríe: "Todavía hace 20 años había aquí un cuartel, pero se llevaron a los soldados a cuidar Pemex, y ahora ellos también están metidos en el robo de gasolina. Aquí lo sabemos".



Tierra con historia

En los confines de la Sierra Norte, el municipio de Xicotepec de Juárez conserva algo de la prosperidad que le trajo el café (cuyo mercado mundial padece un declive crónico). Entre sus atractivos se cuenta el Museo de Carranza, donde "se le practicó la autopsia al ex presidente Venustiano Carranza. Su cuerpo permaneció aquí por tres días y durante ese tiempo Xicotepec fue considerado capital de la República mexicana. Sus vísceras se conservan en este lugar" (puebla.turista.com.mx ).

Villa Ávila Camacho-La Ceiba es el principal de sus nueve presidencias auxiliares. Hacia la tercera década del siglo pasado era una ranchería, pero la construcción de la carretera federal 130 (durante el gobierno de Plutarco Elías Calles) le cambió la vida. Se llamaba La Ceiba gracias a un árbol hermoso que fue derribado cuando se construyeron la plaza central (sin nombre) y la calle Ignacio Zaragoza. En 1954 fue constituida como Villa Ávila Camacho, pero la gente sigue llamándole La Ceiba.

No es sólo que sea una denominación más apropiada para un sitio con ambiente de trópico, sino que es parte de su estigma, un nombre frecuente en las averiguaciones previas, la nota roja, la boca de camioneros, habitantes y turistas de la zona, y las historias de prostíbulos, homicidios, asaltos y crimen organizado.

Su importancia geográfica no proviene sólo de su posición intermedia en una de las tortuosas carreteras que comunican al centro del país con la zona del golfo de México, sino el ser un valle bañado por afluentes del río Cazones, en medio de montañas verdes, húmedas y neblinosas. Hasta los 70, desde la parte contigua al camino viejo cuatro avionetas movían pasajeros y mercancías de los pueblos próximos pero inaccesibles por tierra. Los mesones para viajeros constituían la principal actividad económica. "Era un nido de malvivientes, el mercado estaba lleno de cantinas. Llegué aquí hace 30 años con 40 centavos y renegando hasta de Dios", cuenta Efraín, herbolario, taxidermista, artesano y filántropo.



Nos mantienen en la miseria

La causa de sus males, según la abogada Aurora Castro, presidenta auxiliar de Villa Ávila Camacho-La Ceiba, es que se le niegue el estatus de municipio: "Si Tlacuilo, que es una calle, es municipio. Si Papantilla, que es un pueblo apagado, es municipio, ¿por qué nosotros no? Xicotepec se opone porque así nos tiene sometidos; recibe millones de pesos en participaciones federales y estatales, y nos da lo que quiere, manteniéndonos en la miseria; recibe contribuciones por predial, licencias y multas, y no nos apoya ni con vigilancia".

Con ira mal disimulada, Aurora Castro baraja oficios dirigidos al presidente Vicente Fox y al gobierno del estado, y fotocopias de cheques y recibos para demostrar que cada mes las partidas que recibe de Xicotepec de Juárez llegan recortadas. Por ejemplo, "en mayo pasado nos dieron sólo 35 mil pesos de presupuesto, descontándonos en cambio 52 mil por concepto de alumbrado público. Con ese dinero alcanzó para comprar pequeñas cosas de papelería y cubrir parte de los salarios del personal, al que cada mes siempre le quedamos debiendo".

El viernes 9 de junio, poco antes del anochecer, un aguacero hizo del nuevo palacio municipal auxiliar una alberca. Pero nadie estaba alarmado. El edificio es un cadáver color durazno con placa de inauguración ("13 de mayo de 2002") y oficialmente declarado vivo, con los rótulos de las dependencias ("Subsistema DIF", "Juzgado de Paz", "Agencia del Ministerio Público subalterno") y pretencioso piso de mosaico rosa, pero sin mobiliario, acabados, puertas, ventanas, escaleras, sistema eléctrico completo, servicios, tubería ni drenaje.

La entrevista con la presidenta municipal auxiliar y Fernando del Castillo, responsable del DIF, tiene lugar atrás, en una construcción vieja y mal ventilada, entre archivos y cajas. Aseguran que su comunidad tiene alrededor de 35 mil habitantes, es decir, la mitad de la población de Xicotepec de Juárez (según el Censo General de Población y Vivienda 2000), lo cual ha sobresaturado los servicios públicos.

"Aunque cada mes nos cobran entre 45 mil y 52 mil pesos por el alumbrado público explica Fernando del Castillo, la mayor parte de las lámparas está destruida y los transformadores son insuficientes para una población que ha crecido tan rápido. Hemos solicitado una bomba para el sistema de agua potable, pero el gobierno estatal nos responde que ya fue entregada a la administración anterior. Hay sólo dos canales para todas las aguas negras y cada vez que llueve las orillas del pueblo se inundan porque el río San Marcos está azolvado; nos costaría 2 mil pesos diarios contratar maquinaria. No tenemos ni rastro ni relleno sanitario".



comentarios
0