El rostro cultural de Tepito

HISTORIA. En sus orígenes, esta zona funcionaba como el barrio de los cargadores del tianguis de Tlatelolco, lo que explica, según un estudio de la UNAM, el arraigo al comercio de sus habitantes. (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )
claudia.bolanos@eluniversal.com.mx
Tepito, como tal, no aparece en ningún documento oficial, pues su nombre real es colonia Morelos, en la delegación Cuauhtémoc. Una historia narra que los primeros gendarmes en vigilar la zona, decían que si veían un acto delictivo se avisarían a través de silbatos. "Te pito", decían. Otros aseguran que Tepito significa El Ombligo.
Inicio del "safari"
Para conocer lo bonito y lo feo de esa populosa zona, de sus costumbres, trabajo y formación de quienes habitan y comercian en sus calles, se realizó un "safari", destinado a profesores de dos escuelas ubicadas en las entrañas tepiteñas: los de la secundaria 245 y los de la nueva preparatoria del DF, José Guadalupe Posadas, asentada en una vecindad expropiada de la calle Jesús Carranza.
Y es que casi todos los maestros que son enviados a esta zona, lo toman como castigo. El recorrido inició con una plática con el cronista Alfonso Hernández Hernández, director del Centro de Estudios Tepiteños, quien les habló de la vida y las costumbres de esta zona, que han traspasado las fronteras del país, incluso, en la ciudad de París hay una calle que lleva su nombre: La Rue Tepito.
Estudios universitarios han tocado el tema de lo que acontece en torno a más de ocho mil puestos y 57 manzanas que, de manera conexa, conviven día a día, convirtiendo a este tianguis en una importante economía.
Comunidad y comercio informal están unidos, lo que no pasa en otro lugar del mundo, donde los tianguis son retirados. Aquí, sólo se separaron las viviendas de sus puestos en el año 2007 para permitir el paso de la maquinaria que repavimentó las calles taponeadas por las estructuras metálicas.
El director de la secundaria 245, Pablo Ponce Rubio, explicó que conocer el barrio es necesario para que los maestros sepan dónde viven sus alumnos y que ellos con sus actitudes "sólo responden a su naturaleza y circunstancias".
El comercio
Un estudio de la Facultad de Economía de la UNAM y del Centro de Estudios China-México-CECHIMEX, denominado "Los Marco-Polo de Tepito", redactado por Alfonso Hernández, narra que en sus orígenes esta zona funcionaba como el barrio de los mecapaleros (cargadores) del tianguis de Tlatelolco, por lo que era nombrado Mecamalinco. De allí viene el arraigo al comercio.
"Durante el Sitio de Tenochtitlan, Cuauhtemoctzin se atrincheró durante 93 días en el modesto barrio de Mecamalinco, que cambió su nombre original por el de Tequipeuhcan, que quiere decir: Lugar donde comenzó la esclavitud. Aquí fue hecho prisionero Cuauhtemoctzin, el 13 de agosto de 1521", narra el documento.
Todo esto hace que Tepito tenga un atractivo que invita a la trasgresión, menciona el cronista, pues asesorados por la señora pobreza y la musa callejera, el barrio funciona como un observatorio con su propia agencia de análisis de cualquier proceso socioeconómico, frente a las engañosas categorías del Estado y las cifras del INEGI. En Tepito se vende y se consigue de todo, ropa para cualquier persona, y como en tienda departamental, tiene sus especialidades.
Es así que en el safari tepiteño se camina por las calles donde se comercializan diversos aparatos electrónicos y electrodomésticos, pero hay que tener cuidado porque no siempre funcionan bien, como lo hacen saber las denuncias por fraude.
Hay calles, como Tenochtitlan, en donde se dedican a la venta de perfumes pirata y originales, bolsas, juguetes sexuales y miles, millares de películas pornográficas. Esto último, indican vecinas, lastima a la sociedad, que en aras de vender "se olvidan de los niños y personas a quienes nos avergüenza salir y ver todas esas imágenes".
La ropa de saldo, de paca y de "medio pelo" (usada) tiene su propia ubicación, junto con el tianguis de tenis, que su sólo nombre indica lo que allí se vende.
Armas y drogas cierran el círculo de la variedad de productos legales e ilegales que ahí se ofertan.
La vivienda
Caminar por las banquetas del barrio es conocer de la unidad vecinal que prevalecía hasta antes de los sismos de 1985, en que el barrio cambió sus vecindades de dos y tres patios, por unidades habitacionales con departamentos de 80 metros cuadrados.
La otra Fortaleza, porque la que expropió en 2007 el gobierno de la ciudad está en Jesús Carranza 11, es anterior al terremoto y allí sus habitantes son de generaciones posteriores que dicen vivir cómodos en en sus "depas" con tres recámaras y cajón de estacionamiento.
Lourdes Ruiz, La Reina del Albur, es una de sus habitantes, quien junto con los murales que hablan de la ciencia sobre las paredes de esos edificios de cinco niveles, son las maravillas de unidad habitacional de la calle Rivero.
Allí también se ubica el monumento a las Siete Cabronas e Invisibles de Tepito, dedicado a las mujeres que son "la verdadera fortaleza" del barrio.
En el monumento sólo se encuentra el pedestal, así que cualquier mujer puede subir para tomarse la foto y mostrar que ella también es una... de ellas.
En Fray Bartolomé de las Casas, la calle más pequeña del DF, con sólo dos cuadras, se ubica una de las vecindades más antiguas, porfiriana, con lavaderos en el piso; y en Peralvillo 15 hay otra, con un extenso patio cruza hasta el número 28 de Jesús Carranza.
Allí fue filmada la película Lagunilla Mi Barrio, cuyo personaje principal se basó en Arturo Ayala Plascencia, de estilo pachucón que sigue viviendo allí y que es conocido con el apodo de El Tirantes.
Vivir en Tepito y en una de sus calles más peligrosas, Jesús Carranza, no es barato, pues las rentas están en un promedio de 3 mil a 3 mil 500 pesos.
Y en la Morelos, pero de lado de la delegación Venustiano Carranza, está la Casa Blanca, vecindad que inspiró el libro Los hijos de Sánchez, de George Lewis, y la que humilló a sus habitantes al acusarlos de vivir en la inmundicia.
Para dignificarla, fue remozada, hoy es una unidad habitacional que abarca toda una manzana y para entrar los lugareños hacen uso de una llave electrónica, con la finalidad de impedir el acceso a extraños. En sus paredes se colocaron frases que rechazan la delincuencia como aquella que dice: "El uso de armas, alcohol y drogas, no es bueno. Nos degrada la violencia, amamos la libertad".
La religión
El altar de la Santa Muerte, en Alfarería, número 12, que se encuentra en la parte de la delegación Venustiano Carranza, es una de las tradiciones de la zona.
Cada primer viernes de mes, a las cinco de la tarde se hace un rosario dedicado a la "niña blanca".
Y el 1 de noviembre, Día de Muertos, es cuando Doña Queta, Enriqueta Romero, guisa unos 140 kilos de pierna y muslo para todos los asistentes que acuden a llevarle mariachis y a cumplirle lo prometido a la santa.
Ello a pesar de que doña Queta insiste en no hacerle promesas, porque si no se le cumplen entonces, deberá atenerse a las consecuencias.
Otra de las recomendaciones es entrar y salir de la capilla por el mismo lugar, (hay dos accesos) para no llevarse malas vibras.
"Enfrente está otro altar a la (virgen de) Guadalupe, y en ocasiones hay más flores aquí que allá, porque la Guadalupe sigue haciendo milagros, pero está (la Muerte) lo que te hace es el paro, y eso es otra cosa", explica Alfonso Hernández.
Cerca de allí, en avenida del Trabajo, es encuentra la estatua de Morelos, pintada de plano con pintura Comex, debido a su maltrato, y a pesar de que fue mandada a hacer por Mariano Riva Palacio, entonces alcalde de la ciudad, en 1857.
Su espada y uno de los brazos del Siervo de la Nación, los perdió durante la serie de mudanzas que sufrió, desde esa época y hasta llegar al barrio bravo.
La comida
Los tepiteños dicen saber comer bien y entre sus calles se encuentran platillos tradicionales y originales de la zona.
Las migas son el más claro ejemplo, que con su epazote, chile guajillo y de árbol, migajas de pan y hueso son de los platillos consentidos, por lo que se les encuentra en varios puestos.
Migas La Güera de don José Luis Frausto, fundada hace 45 años, es uno de los lugares con más clientela. Su fundador comenzó con una olla chiquita del guiso y a la fecha sirve unos 300 platos al día. Las migas fueron inventadas por mujeres tepiteñas en 1913 con sobras de comida durante la hambruna en la ciudad de México, indica el cronista.
Otro de los placeres al paladar se encuentra en Aztecas 54 con los tacos Ramiro de tripa, otro de los platillos consentidos de los tepiteños. De hígado y suadero son servidos por el hijo del fundador de este negocio, con más de 50 años de antigüedad, Ramiro Ayala.
El lenguaje
El lenguaje alburero y arrabalero de Tepito, catalogado como barrio originario de la ciudad de México ante el Consejo de barrios Originarios de México, es considerado un ajedrez mental.
No es fácil y para conocer el doble sentido, en la Galería de Peralvillo número 55, la Reina de Albures, Lourdes Ruiz, quien ganó un concurso de este tipo de caló, y Alfonso Hernández imparten el primer diplomado en Albures, realizado en coordinación con el Centro de Estudios Tepiteños, Bellas Artes y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta). Lingüistas, sicólogos, profesores, amas de casa y diversas personas acuden a tomar cuatro sesiones de clase, una a la semana.
Fortaleza del barrio
Cinthya Sánchez
cinthya.sanchez@eluniversal.com.mx
Cruzando la reja de La Fortaleza, el olor, el lenguaje, los colores y los rostros cambian. Es el único lugar de la calle de Jesús Carranza donde no se vende piratería. Aquí, en la única escuela preparatoria de Tepito, 240 jóvenes intentan construir un futuro. Todos los días luchan por no caer en alguna de las dos actividades más recurrentes: la delincuencia o el comerciar informal.
Tuvo que pasar medio siglo para que el barrio tuviera una escuela de nivel medio superior. Fue en 2007 cuando el gobierno del Distrito Federal expropió el predio que por años fue punto de venta de drogas y armas y lo convirtió en un DIF.
La Fortaleza es hoy el punto de encuentro entre los jóvenes del barrio y 10 profesores elegidos por la UNAM y escoltados por la policía preventiva desde el Metro hasta la puerta de la preparatoria José Guadalupe Posada.
Ahí están Axel, Yaeli y Rosalía luchando todos los días por obtener nuevos conocimientos. Son tres jóvenes que sin renegar de sus orígenes agradecen tener un "oasis en el desierto" como ellos llaman a la Fortaleza, su escuela. No hay muchas opciones educativas para los más chicos del barrio, apenas dos secundarias y la preparatoria.
Al menos 5% de la población de Tepito cumple alguna condena en alguno de los Reclusorios de la ciudad de México, asegura el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard. Axel, Yaelí y Rosalía conocen a más de uno que ha estado en la cárcel, algunos, muy cercanos.
Estudiar se convierte en una tarea difícil para éstos jóvenes que ven muy tentadora la oferta de vender piratería o incursionar el mundo de la delincuencia "donde también se gana bien".
Axel, de 18 años cuenta que su mejor amigo lleva dos estancias en el Tutelar para Menores y dos sentencias en el Reclusorio Norte. "Tiene mi edad y lo que ha vivido no es bonito, él ya no es el mismo con el que crecí, su cara cambió y yo no quiero eso para mí", dice.
Por ello, comenta, tomó la decisión de dejar el puesto en el que vendía chanclas y vestidos. "No es fácil porque ya me había acostumbrado al dinero, pero no quiero que mi familia, la que algún día tendré, pase por problemas de ése tipo, quiero superarme y creo que si estudio más ganaré más por la buena", dice.
Yaeli confiesa que la escuela le cuesta mucho trabajo. "Me aburro muy fácil pero la insistencia de mi mamá me hace esforzarme todos los días, llevo un mes de clases y hasta eso, sí he aprendido", dice.
A sus 17 años ha trabajado como comerciante, vive a unas calles de la preparatoria, también tuvo un puesto de ropa. "En la noche de plano no salgo de mi casa. Nunca voy a fiestas ni a bares ni a ninguna otra diversión que implique regresar de noche a mi casa, a pesar de vivir aquí mi mayor sueño es irme algún día y como sé que la única forma puede ser estudiando, aunque me cueste trabajo, vengo a la escuela e intento sacar mi certificado".
A Rosalía la inscribió su papá a la escuela. Tiene 15 años y es hija de un policía preventivo que casualmente cuida de las calles de Tepito. "El me ha tenido que sacar de la delegación porque me han llevado detenida por ir caminando con otros chavos del barrio que llevan droga. Le preocupa que tenga amigos del barrio", dice.
Ernesto Ruiz, coordinador de la preparatoria, comenta que éstos jóvenes decidieron tomar un camino distinto al de la delincuencia o el comercio ambulante por una simple razón: sus padres.
La escuela tiene capacidad para 270 alumnos, dice Ruiz, comenzamos con 150 inscritos en septiembre; para octubre ya teníamos 100 más y los que los han traído son los mismos alumnos que acercan a sus primos, amigos y vecinos.
"Los maestros están sorprendidos de que los chavos son respetuosos de las reglas y tienen ganas de salir adelante".
El 60% de los jóvenes inscritos en esta escuela llamada son mujeres, 10% tienen hijos y más de 80% son originarios de Tepito; el resto, de las colonias vecinas. Una característica que comparten es que casi todos son rechazados de escuelas de nivel superior como la UNAM y el Politécnico.





