Los verdaderos carrancistas
Acostumbrados a las simplificaciones históricas, de pronto aparece un libro que nos habla de personajes como Antonio I. Villarreal, Alberto Carrera Torres, Cándido Aguilar, Francisco Urquizo, Jesús Agustín Castro, Luis Caballero, Lucio Blanco, Eulalio Gutiérrez, Francisco Murguía, Francisco Coss, Jesús Dávila y Jacinto Blas Treviño, entre muchos otros nombres. Cada uno de los cuales participó de manera decisiva en el triunfo de la División del Noreste, que durante el periodo revolucionario estuvo comandada por Venustiano Carranza, leal a Madero y luego férreo opositor a Victoriano Huerta.
Muchos de esos nombres no nos dicen nada, históricamente hablando; acaso algunos de ellos son referencias viales en algunas ciudades del país, pero no más.
Es el historiador Pedro Salmerón, en su libro Los Carrancistas. La historia nunca contada del victorioso Ejército del Noreste, editado por Planeta, quien nos explica a detalle el papel que jugaron como combatientes anti-porfiristas, anti-reeleccionistas, pro-maderistas, anti-huertistas y pro-carrancistas, toda esta generación de militares del Norte del país que defendieron a sangre y fuego sus convicciones y lealtades.
La División del Noreste fue uno de los cuatro pilares del Ejército Constitucionalista, junto con la División del Norte que encabezó Pancho Villa, el Ejército Libertador del Sur, con Emiliano Zapata a la cabeza y la División del Noroeste.
Los del Noreste se integraron entre febero y marzo de 1913 sobre la base de diversos cuerpos rurales o regimientos irregulares, que a su vez, dice el autor, provenían de los “ciudadanos armados” que derribaron al régimen de Porfirio Díaz.
Si nos atenemos al texto de Salmerón, las relaciones político-militares de estos personajes fueron complejas, así como sus motivaciones y lealtades políticas. Es, por lo mismo, un texto difícil al que hay que seguir la pista con la mente muy abierta, dispuesta a recibir una enorme cantidad de datos, nombres, fechas, circunstancias y situaciones, que son verdaderamente abrumadoras.
Es encomiable la investigación histórica que hay detrás de este libro, hecha por un profesional que confiesa haber inciado este proyecto impulsado por el estudio de la villista División del Norte, y que a falta de documentación al respecto, se fue haciendo necesario hacer la historia de esta División del Noreste, de la que pocas veces o quizá nunca se había hablado.
Tras la lluvia de referencias de todo tipo, apenas se vislumbra sólo una de muchas facciones revolucionarias en toda su complejidad y que, por lo mismo, es uno de los retratos más fieles de lo que fue en realidad el movimiento armado que detonó en 1910: una guerra civil con bandos difusos, con lealtades cambiantes y formas de hacer política muy broncas, que derrumban el mito historiográfico simplista de que la Revolución fue un frente organizado de buenos mexicanos que derrotaron a dictadores y malvados.
El carrancismo logró obtener la Presidencia de la República, pero no por mucho tiempo. Después llegaron los otrora aliados de Sonora, Obregón y Calles, para dar el último manotazo en la pacificación definitiva del país y la institucionalización de un nuevo régimen en México, tras un siglo de inestabilidad y turbulencias.
Insisto, este libro no es una novela. Es una recopilación testimonial que aspira a recuperar y conservar en la memoria pública a unos de los bandos revolucionarios, dando todos los datos posibles para su comprensión póstuma.
Escritor





