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¿Sin Fuerzas Armadas?

José Luis Piñeyro| El Universal
México, DF | Viernes 05 de diciembre de 2008
Ejecutivo y Legislativo no ven el riesgo de dejar que se deteriore la institución encargada de la defensa nacional

En la primera plana de EL UNIVERSAL del pasado miércoles aparecieron dos noticias alarmantes: la cifra récord  acumulada de narcoejectuados, 5 mil 031 personas, monto mayor a los 4 mil 300 soldados estadounidenses muertos en cinco años de guerra en Irak, claro, sin incluir los 90 mil civiles fallecidos; mientras que la otra noticia apuntaba que había un rezago histórico y deterioro de las capacidades de defensa externa  según un documento presentado a los legisladores por Guillermo Galván, el general secretario de la Defensa Nacional.

Allí se señaló la necesidad de mayor presupuesto para evitar la degradación del poder militar que “en los próximos cinco años puede tornarse irreversible”, o sea, en  2013; además se destacó que se carecía de una política de defensa. 

El presupuesto solicitado era para comprar 12 aviones F-16 e integrar un escuadrón de combate, para la creación de cuatro baterías antiaéreas para instalarse en el sureste del país y para activar el Cuerpo de Fuerzas de Apoyo Federal compuesto por 10 mil elementos, creado por decreto presidencial en mayo de 2007 para funciones de seguridad interna, decreto que ha quedado en el papel.

Si a los poderes Ejecutivo y Legislativo no les parecen importantes las labores de defensa externa (que implican, entre otras, resguardo efectivo de las instalaciones estratégicas), sea porque consideran muy costoso el equipo básico o porque suponen vigente que la posguerra fría simbolizó el inicio de una era de paz y progreso mundial (Bush padre dixit) y el fin de amenazas tradicionales (una invasión militar o una desestabilización económico-política inducida), ambos poderes no han tomado conciencia de los cambios que representa el unilateralismo de la potencia norteña: va desde la aplicación del poder duro en Irak y Afganistán hasta el poder blando en Bolivia, Venezuela y Cuba.

Si las Fuerzas Armadas van a seguir desempeñando labores  internas que conllevan una saturación de funciones (reforestación, alfabetización, rescate y protección en desastres naturales y humanos, vigilancia de paquetería electoral, etcétera) y un desgastante combate al crimen organizado, la clase gobernante tampoco ha tomado nota de lo que sucede en su interior.
 Sólo durante el sexenio de Vicente Fox desertaron 113 mil soldados (por fortuna, fue una minoría la que se pasó al crimen profesional) debido a las prolongadas condiciones de fatiga, riesgo y separación familiar. Situación que proyecta desmoralización, indisciplina, poco espíritu de cuerpo y cierta corrupción y penetración del narco.

Si a esto sumamos que la mitad de los policías municipales, estatales y federales son no confiables conforme la revelación presidencial, no se sabe hacia dónde vamos en política militar y de seguridad pública, como también sucede en política económica, financiera, comercial o social.

El último reducto del Estado en la guerra al crimen son las Fuerzas Armadas como monopolio ¿legítimo? de violencia. ¿Si se desgastan más, existe fuerza de recambio? El límite de la nación empobrecida no sabemos cómo se exprese, con mayor apatía o explosiones violentas. Pero, bueno, como se supone que hay libre oferta y demanda de bienes y servicios, en caso extremo podemos contratar mercenarios de Blackwater para resguardar los ductos y plataformas marinas petroleras y policías militares estadounidenses o israelíes para mantener el orden interno.

Urgen estadistas democráticos y nacionalistas, y no gobernantes sexenales y miopes. ¿Se puede esperar hasta el 2013?

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Profesor investigador en la UAM-A

 



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