De La Flor al Mochaorejas: el secuestro, hiedra de mil cabezas
Hay una Familia a la que nadie pertenece. Un Bombón que no fue dulce. Los Chiquitines que no jugaban a las canicas y Los Gaseros, cuya actividad dista mucho de la entrega de combustible en los hogares.
Las bandas de secuestradores se identifican por nombres, algunos más bien ridículos y otros que delatan el grado sanguinario que utilizan en sus raptos.
Hace 10 años que uno de los secuestradores más famosos fue detenido: Daniel Arizmendi, el tristemente célebre Mochaorejas y la sociedad sigue lastimada. Los plagios no dejan de dolerles a los familiares de las víctimas.
El secuestro es un delito que desde la década de los 90 proliferó desafortunadamente como un negocio ilícito con ganancias muy redituables, pero que afecta el tejido social en lo más hondo.
Los grupos de secuestradores atacaron a personalidades de la farándula como al hijo de Vicente Fernández, a las hermanas de Thalía, Laura y Ernestina, al entrenador de futbol Omar Romano, y a múltiples empresarios o familiares de éstos.
El reciente caso de la banda de La Flor, en donde supuestamente ex policías secuestraron y asesinaron a Fernando Martí, hijo del empresario dueño de Deportes Martí, revive el dolor y la exigencia que la sociedad hace contra estos crímenes.
Pero, ¿qué hay detrás de un apodo? En el caso de la banda de La Flor, reciben su nombre del contexto que envuelve sus ilícitos; "si no cumples con la exigencia te mandaremos flores", amenazan a sus víctimas.
La banda de El Mochaorejas, Daniel Arizmendi, en el nombre llevaba lo sanguinario, pues mutilaban a sus víctimas para presionar a los familiares con el rescate.
El Mochaorejas fue capturado el 18 de agosto de 1998 en los municipios de Tultepec y Naucalpan, en el estado de México, junto con miembros de su banda, luego de una extensa búsqueda.
Pero a 10 años de su detención, Arizmendi puso el mal ejemplo en su familia. El sobrino de El Mochaorejas, Adrian Arizmendi Suárez, también fue consignado por el delito de robo de vehículos.
Otro compinche, Andrés Caletri, fue detenido en Oaxaca el 25 de febrero de 1999. Después de Arizmendi, el llamado Mochadedos era el número dos de los raptos con violencia.
La Familia, un grupo de sicarios, involucrados presuntamente en el narcotráfico y en el secuestro, son un núcleo al que nadie quiere entrar. Sus víctimas son arrojadas con mensajes por no pagar y en una ocasión, dejaron junto al cadáver una serpiente decapitada, también se sospecha de la decapitación de cuatro sujetos y en reemplazo, pusieron cabezas de cerdos, en Durango.
Que se llamen Bombón, o se apoden Los Chiquitines no los diferencia mucho de Los Zopilotes, Los Gaseros o de los de la Punta Norte, pues todos se dedicaban al secuestro y extorsión. Los dos primeros en el Valle de México y los segundos en Oaxaca.
Los Japos aplicaban artes marciales para someter a sus víctimas, pero de orientales no tenían nada. Aunque Los Jeremías tengan nombre bíblico, sus acciones no se apegaban en absoluto a los cánones de la religión.
A 10 años de la detención de uno de los tristemente célebres secuestradores, Daniel Arizmendi, El Mochaorejas, los secuestros siguen en apogeo y parece ser una hiedra de mil cabezas que ningún héroe puede abatir.
cgb





