Fox condicionó mi visita: Fidel Castro
LA HABANA.? El presidente de Cuba, Fidel Castro, rompió todo protocolo y reveló que fue su homólogo mexicano Vicente Fox, en persona, quien lo presionó para que se fuera de la cumbre de Monterrey en marzo pasado y hasta le pidió que no hablara mal de George W. Bush. Para demostrarlo, Castro hizo lo inusual: dio a conocer el audio de una conversación privada con Fox, enojado por su presencia en México y organizándole el itinerario en Nuevo León el jueves 21 de marzo para que no se cruzara con Bush. A lo largo de la conversación, que al principio Fox pidió se mantuviera privada, resulta evidente que Castro sabía que la charla era grabada. Sentido por lo que consideró una "traición" del gobierno mexicano cuya "gota" final fue la votación de Tlatelolco en Ginebra, el isleño hasta amenazó con renunciar ?una oferta que jamás había realizado en 43 años en el poder? si se mostraba que sus denuncias no eran ciertas. Según Castro, el "aventurero" canciller Jorge Castañeda está envolviendo en su "perfidia" a Fox en un proceso que comenzó en abril del año pasado en Ginebra, que se continuó con la visita de febrero pasado y que puede llevar incluso a la ruptura de las relaciones binacionales. Castro convocó ayer a la prensa acreditada e invitó a medios de comunicación que no tienen sede en esta capital para leerles una "declaración política" en el capitalino Palacio de las Convenciones. Exactamente a las seis en punto de la tarde, vestido con su uniforme verde olivo y acompañado del presidente de la Asamblea (Parlamento), Ricardo Alarcón, y del canciller, Felipe Pérez Roque, Castro comenzó a tejer el entramado de lo que fueron las difíciles relaciones entre Cuba y México en los últimos tres meses. Recordó las duras críticas de Pérez Roque para con Castañeda, a quien calificó entonces de estar "frustrado" por no lograr la condena a la isla, pues México mantuvo su abstención. Así las cosas, Castro hizo un saltó en el tiempo hasta febrero pasado cuando se produjo el viaje del presidente Fox a la isla, en una gira que fue mostrada como de buena voluntad, pero que tenía otros fines. "En todo había doblez y cálculo. Conocíamos perfectamente que uno de los objetivos era solicitarnos que renunciáramos a nuestra participación (en Monterrey). No se atrevieron", afirmó Castro ante los atónitos comunicadores y varios funcionarios de su gobierno también presente en la sala. Fue una visita "minuciosamente diseñada", explicó el cubano, quien reseñó que dos temas estuvieron en el tapete: la invitación de Naciones Unidas para ir a Monterrey y una potencial entonces moción contra la isla en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra. Según comentó, tanto Fox como Castañeda les prometieron a sus anfitriones en La Habana en reiteradas ocasiones no promover, ni apoyar ninguna resolución contra la isla en el foro suizo. "Me aseguró (Fox) textualmente que México nunca haría algo que afectara a Cuba, pues eran muchos los años de relaciones", manifestó un cada vez más indignado comandante Castro, al asegurar que esa visita le había dejado una "agradable impresión". "Poco tiempo duró (la satisfacción). A Castañeda le dio por hacer declaraciones enigmáticas y extrañas: dejaron de existir las relaciones de México con la revolución y comenzaron con la República cubana", rememoró Castro. Pocos días después una conjunción de las palabras del canciller mexicano en Miami y de la difusión de ellas por la anticastrista Radio Martí dieron lugar al incidente en la embajada capitalina, violentamente ocupada por un grupo de cubanos que querían emigrar y fueron estimulados por una supuesta "ruptura de relaciones" entre los dos países. El grave incidente, dijo Castro, se subsanó gracias a la colaboración de ambas naciones. "Ruedan infundios y groseras calumnias. Hasta se afirma que todo se debió a una provocación de Cuba", lamentó el cubano. Hizo una pausa, los más de 100 periodistas en absoluto silencio. Retomó: "Comenzaba marzo. La cumbre de Monterrey estaba muy cerca". Según el presidente anunció que llegaría a México para ese acto el 19 de marzo, incluso adelantándose tres días a la fecha de su participación; siendo que otros gobernantes jamás informaban de su llegada a cumbres semejantes. Castro hizo algo que está fuera de su rutina, informar con anterioridad su presencia en una actividad, una política relacionada directamente con su seguridad que le permitió esquivar hasta ahora unos 600 atentados contra su vida. Fue precisamente ese martes 19 de marzo, en que Fox llamó al isleño para pedirle que no fuera o al menos, que regresara rápido a Cuba para no "complicarlo". Castro leyó la transcripción de la comunicación con su homólogo, en la cual este le exige no hacer declaraciones sobre el incidente de la embajada ni "agredir a Estados Unidos o al presidente Bush". "Óigame (...) yo soy un individuo que llevo 43 años en política y sé las cosas que hago y debo hacer", le contestó Castro que trató en toda la plática de usted a Fox mientras éste lo tuteaba. "No albergue el menor temor, no voy a soltar una bomba allí", le dijo el cubano. Y le insistió en que consideraba de "elevada" importancia la cumbre de Monterrey y una afrenta a los mexicanos ausentarse. Mientras Fox trataba una y otra vez de organizarle al cubano el jueves 21 para despacharlo antes del viernes 22, aludía las dificultades de "seguridad" y "atención" para la visita de Castro a México. El guanajuatense le ofreció, incluso, a cambio de una rápida retirada recibirlo en la terminal aérea regiomontana y hasta sentarlo junto a él para un almuerzo de cabrito que ofrecería el gobernador anfitrión. "Debo añadir que a mi llegada a Monterrey el señor Fox no se apareció por el aeropuerto como había prometido (...) ni siquiera realizó una llamada telefónica de cortesía", dijo Castro una vez que terminó de leer la extensa conversación con Fox. "Disfrutaba en cambio de una singular consuelo. A la vez que se me ordenaba partir de inmediato después del almuerzo, en dos ocasiones me anunció que recibiría el inmenso honor de sentarme a su lado, para el mundanal disfrute de un delicioso cabrito", comentó con ironía el presidente isleño. Castro se tomó su tiempo: hizo recordar a los presentes en el Palacio de las Convenciones los dimes y diretes posteriores a su apresurada salida de Monterrey y la denuncia de Cuba sobre las presiones ejercidas por Washington para que se fuera rápido y no se cruzara con Bush. Sin embargo, no sólo no se le permitió el acceso al parlamentario, sino que tanto Castañeda como Fox negaron sistemáticamente que le hubieran dicho una sola palabra a Castro para que se fuera. "Todos mentían a diestra y siniestra", dijo Castro ante la prensa con el índice en alto. "La credibilidad de nuestro país fue puesta en duda. De acuerdo con una encuesta, casi la mitad de los mexicanos habían sido inducidos a desconfiar de la veracidad de Cuba", exclamó. También parafraseó a Castañeda y sus seguidilla de adjetivos: "Si Castañeda hubiese abierto el diccionario de sinónimos donde debía, se habría encontrado con que mentir equivale a: engañar, embustir, trapalear, embrollar, tramar, faltar a la verdad, novelar, falsificar, fingir, simular, fantasear, adulterar, trapacear, dar gato por liebre, ocultar, burlar, timar, embaucar y cascabelear, etcétera". Según Castro no se esperaba aquí sacar a luz las pruebas de que era un alto funcionario el demandante, pues quedaría implicado directamente Fox en una maniobra de su "aventurero" canciller Castañeda. "Faltaba sin embargo, la gota que colmó la copa", exclamó el cubano y recordó que la Presidencia mexicana había anunciado el 15 de abril que votaría en favor de la moción en Ginebra contra Cuba. Más aun, reclamó Castro, se trató de sobornarlos ofreciéndoles en medio de la crisis venezolana (38 horas antes del anuncio de la intención de sufragio mexicano) sustituir el petróleo sudamericano por el venezolano. "Nos repugna la cínica maniobra de engaño con la que pretendían neutralizar nuestra protesta", consideró, a la par recordó que México se opuso sistemáticamente a la incorporación de La Habana a los pactos de crudo barato como el de San José. Mientras, un espectral silencio recorría la sala del Palacio de Convenciones, Castro pidió que la grabación de su plática con Fox se pusiera en los altoparlantes para que los corresponsales pudieran escuchar a Fox en directo, solicitándole que su estancia fuera en México lo más corta posible. Unos minutos después desafió a Fox y a Castañeda a desmentir esa comunicación telefónica: "Si se probara que tal conversación no tuvo lugar nunca (...) me comprometo a renunciar de inmediato a todos mis cargos y responsabilidades (...). No tendría cara para seguir dirigiendo este país". A cambio pidió que "los autores de tan colosal embuste" fuesen capaces de reaccionar "con el mismo sentido de la dignidad y el honor". "Los pueblos no son masas despreciables a las que se pueda engañar y gobernar sin ética, ni respeto alguno", exclamó con voz casi afónica. Y concluyó: "Por decir estas verdades las relaciones diplomáticas se podrán romper, pero los vínculos fraternales e históricos entre los pueblos de México y Cuba serán eternos". Finalmente, Castro tomó la palabra y ofreció disculpas por no aceptar preguntas de los comunicadores pues el tema es "muy delicado" y no quería improvisar.
Fricciones de largo tiempo
La historia que relató Castro comenzó en abril de 2001 cuando Castañeda había "urdido" con Washington, dijo, una "conspiración" contra Cuba en Ginebra que le salió mal.
La gota que derramó el vaso
Según Castro hubiera bastado con que se dejara participar a Alarcón en el resto de las actividades, para que la conversación entre él y Fox "quedara en los archivos de la revolución".





