Rechazan la existencia de un cártel
Para la abogada Silvia Raquenel Villanueva Fraustro, la única abogada defensora de testigos protegidos por delitos contra la salud, no existe el llamado cártel de Monterrey. En su opinión, quienes han sido identificados como miembros de esa organización, son narcos llegados de otras entidades, que han encontrado resguardo en Nuevo León para sus operaciones. "Del tráfico de drogas no voy a decir ni una sola palabra...", había puesto como condición para llevar a cabo la entrevista con el enviado de EL UNIVERSAL, efectuada en sus oficinas, ubicadas al poniente de la ciudad de Monterrey. Vestida de negro y rodeada de crucifijos y cuadros de Jesús, y de la Virgen de Guadalupe, así como de estatuillas y flores, expresa una y otra vez su fe religiosa, acentuada a raíz del último de los tres atentados del que fue objeto. "He pisado muchos callos...", dice. De 1987 a la fecha se ha dedicado a los asuntos penales federales relacionados con el narcotráfico. Antes trabajaba en el área civil y familiar, en el gobierno del estado. "Es de todos sabido que en los asuntos federales están los inocentes, y la gente que no tiene dinero, los clásicos `burreros` o a quien se le engaña por necesidad o por ignorancia; el verdadero narcotraficante nunca va a estar ahí". ¿No pensó en los riesgos o en los atentados de que podría ser objeto? Fíjese que no. Cuando uno tiene cierta educación y lo que es más importante, cuando uno crece en una familia donde le enseñaron el temor y el amor a Dios, uno hace lo que cree que uno tiene que hacer. Y no me arrepiento de nada. "Lamentablemente, lo que es muy triste reconocer, es que entre un mundo de hombres y un mundo de corrupción, donde las mujeres no somos bienvenidas, siempre se nos quiere tildar, lo digo con todo respeto, de putas o de pendejas." Raquenel Villanueva ha sido el blanco de tres atentados: el 13 de marzo de 1988 colocaron en su oficina un artefacto explosivo. El 23 de marzo de 2000, cuando acompañaba al licenciado Cuauhtémoc Herrera Suástegui, ex funcionario de la Procuraduría General de la República ejemplo de "narcocorrupción", según la DEA, fueron baleados en el hotel Imperial de la ciudad de México; ahí murió Jorge Alberto Chávez, chofer de Herrera. Y el 31 de agosto de 2001, le dieron seis balazos, en su despacho de Monterrey. ¿Quién o quiénes la han agredido? Yo sé que todo mi problema viene por lo del asunto de Cancún. Cuando usted habla del caso Cancún, ¿se refiere concretamente al ex gobernador Mario Villanueva? No, el caso Cancún, para mí, no tiene nombre, porque yo nada más asesoré a los testigos protegidos, no estuve presente cuando ellos declararon. Fallece el licenciado Agapito y entonces me habla el licenciado Alberto Gómez y me dice que hay una lista de abogados a los que nos querían matar. Se mencionaba también a los licenciados Alejandro Garza Delgado, César Garza Rodríguez, Américo Delgado de la Peña... y yo era como la número 9. ¿Cuál ha sido su relación con Carlos Reséndiz Bertoloussi, conocido como el cerebro financiero del cártel del Golfo, ahora testigo protegido del gobierno de Estados Unidos? De mucho respeto. Nunca le acreditaron lo que decían de él. ¿Y de la versión de que usted fue quien empinó a Juan García Ábrego para su detención? Yo no entregué a ese señor ni recibí 3 millones de dólares por eso, como se ha dicho. Nunca he cruzado una palabra con él, aunque me considere su abogada. "Ya no quiero que se siga manejando que yo nada más soy abogada de narcos. Que me digan a qué narco chingón he defendido, que me muestren uno, uno sólo. Ya basta que de narcoabogada no me bajen. Por lo demás, yo tengo mucha fe y sé que me voy a morir nada más el día que me tenga que ir..." El repiquetear de tres teléfonos celulares sobre su escritorio da por concluida la entrevista. Siempre con el bendito en los labios "Dios mío, para acá; Dios mío para allá, la licenciada Villanueva se queda en su despacho con su fe... y seis guardaespaldas que la custodian día y noche.





