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En Morelos, quiste de violencia e impunidad

Humberto Rios Navarrete| El Universal
Martes 05 de octubre de 1999
En la región oriente del estado, los asaltos, los secuestros y los linchamientos se han enseñoreado y forman parte de la vida cotidiana de la población

ZONA ORIENTE DE MORELOS.? En Chalcatzingo la gente se abstiene de recordar historias e histerias colectivas. Tratan de borrar las imágenes de esa turba que, después del repiqueteo de campanas, salió en busca de tres plagiarios. De sus memorias, no obstante, no pueden borrar escenas de aquel linchamiento en la plaza pública.

?Puede sangrar la herida... ?advierte un vecino que no admite dar su nombre.

?Al ratito ?comenta otro? nos vamos a dar entre nosotros.

Se niegan a mencionar los acontecimientos. No es conveniente insistir. Ni pedirles explicaciones sobre la pasada retención del párroco, quien por presiones de un grupo desvió la procesión. Es como entrometerse a la intimidad colectiva de este pueblo en aparente reposo.

Sin especificar, el tema central es la tragedia ocurrida en septiembre de 1994, la que, como Chalcatzingo, tiene marcados a otros pueblos de esta región con similar perfil y en diferentes épocas. No les interesa ese pasaje.

?Este ?aclara un hombre que cojea y se apoya de un bastón? es un pueblo pacífico; sólo está esa mancha... ¿Y quién los mandó para acá?

?Un señor.

?¿Quién?

?En Cuautla recomendaron venir con el ayudante municipal, pero no está. Alguien sugirió preguntar por usted.

?Mire: hace poco mataron a un chamaco cerca del módulo de policía y no hicieron nada. Ya ve lo que pasó allá en México... ¿Cómo se llama? Lo dicen las noticias.

?Tulyehualco.

?Tulyehualco. ¿Para qué entregaron al asaltante? ¿Qué pasó con el general Rebollo?

?Está en la cárcel.

?Lo conocí desde chico. Trabajábamos en el campo. Es de aquí, de Janacatepec...

Y luego, como forzando la memoria, recuerda que "desde aquello que pasó ?el linchamiento? aquí pusieron a once policías. ¿Sabe cuántos quedan? Quedan uno o dos. Pero hay que cuidarse de los delincuentes y de los policías".

Y, en efecto, sólo hay un policía.

?¿Volvería a ocurrir aquello de 1994? ?se le pregunta.

?Si no interviene la policía, pues sí. Ya quedamos en este pueblo que las campanas se tocan en misa. Hay una campana grande para tocarla en cosas grandes.

El hombre, como otros, no aprueba que se le identifique públicamente, ni mucho menos que se le tome una fotografía. Desconfiado, seguro de su carácter, sin aspavientos, echa mano a un dicho popular en caso de que no se cumpla con el compromiso: "Somos piedras que rodamos en el camino."

Y ya en la despedida, una sugerencia: "No vayan a Huazulco; ahí son malos."

De Huazulco eran los ahorcados.

***** En Chalcatzingo, municipio de Jantetelco, han ocurrido hechos de violencia como en muchas partes de esta zona.

La región oriente es tierra de abigeos, asaltantes de caminos y secuestradores. La mayoría busca tranquilidad, pero no la encuentra.

Aquí hay personas que relatan, sin ningún recato, su participación en incursiones masivas para hacerse justicia por propia mano en contra de policías y delincuentes comunes.

Otros, ciudadanos anónimos, prefieren no recordar acciones de ese tipo, pero están dispuestos a repetir el método si es necesario. Sólo es cosa de oír el repiqueteo de campanas.

Ni los sacerdotes se han escapado. Uno de ellos fue secuestrado. Lo mantuvieron cautivo por unas horas, ya que debido a la presión de un grupo de parroquianos, la procesión de San Pablo Apóstol desvió la ruta acostumbrada.

Los demás se niegan a ver con normalidad violencia e impunidad, raíces que se extienden, pues los delincuentes mayores dejaron aprendizajes para que sus herederos vivan de la ilegalidad.

Y está quien detalla la personalidad de un delincuente ya muerto, Julio Sánchez, "El Diablo", quien tenía las figuras del Diablo tabtuadas en tórax y espalda. Y a su pariente Miguel Angel Vivas, "La Víbora", quien lo sustituyó en el liderazgo del secuestro.

"La Víbora", hoy en una cárcel de la ciudad de México, también tiene, a la altura de la tetilla izquierda, el tatuaje de Satanás. Su táctica era enviar algún miembro del cuerpo a familiares de los secuestrados.

Fue atrapado como consecuencia de la presión popular.

Ahora quedan los Hermanos Colín, conocidos como Los Colín, que después de algunas detenciones fueron liberados por la misma policía. Estos secuestran y asaltan los lunes en Axochiapan ?según el organismo civil Casa Ciudadana?, ya que es el día en que se extiende el comercio.

Todos, según Casa, son de Tlayca.

?¿Por qué tanta violencia en esta zona?

?La región oriente ?dice Carmen Genis, de Casa Ciudadana, entrevistada en Cuautla? es la más olvidada por el gobierno. Todo se ha centralizado en Cuernavaca. La gente no se ve atendida en sus demandas. Se crearon complicidades.

***** Es amplio el expediente que guarda Casa Ciudadana sobre el fenómeno de violencia e impunidad en esta zona: En Telixtac hay bandas de asaltantes asociadas con gente de Calmecac, Puebla, y otras zonas de Guerrero, Oaxaca y Veracruz. En este municipio lincharon a un policía que supuestamente intentaba cumplir una orden de aprehensión.

Hace 24 años, Vinn Flores, dirigente social, realizó una serie de movilizaciones para crear una escuela normal en Amiltzingo. Fue asesinado por supuestos gavilleros.

En Temoac, hace 18 años, la gente del pueblo, cansada ya, se organizó para castigar con mano propia a unos agentes judiciales que tenían la costumbre de extorsionar a tendederos.

El día que llegaron a cobrar su cuota alguien empezó a tocar las campanas del pueblo y se inició la persecución. Los agentes corrieron hacia la presidencia municipal. Hasta allá los siguieron. La turba los rodeó con palos y antorchas. Les prendió fuego.

Desde ese día ?dice Genis? no entra la policía.

En 1987 fue asesinado el dirigente social José Ramón García Gómez, del PRT, a quien se ligaba con la ETA. Su cuerpo fue encontrado en los campos de Amiltzingo. Hubo manifestaciones para exigir justicia. En 1994 encarcelaron al presunto asesino Apolo Bernabé Ríos, agente de la Policía Judicial estatal.

Las bandas se apoderaron de Axochiapan, Quebrantadero, Tepaltzino y Jonacatepec, entre otros. Todo eso a partir de los años noventa. En algunos casos la gente se organizó para "ajusticiar" tanto a policías como a delincuentes comunes.

Un día de hace cinco años, un colectivo con pasajeros fue secuestrado en Atlahualoya. Empezó una cacería en camionetas. Los atraparon en Zacapalco, municipio de Tepaltzingo. Los dos presuntos fueron atados a vehículos. Tuvieron como destino la horca... después de ser arrastrados.

Una tarde de hace dos años, en Tetela del Volcán, asaltantes saquearon una tienda. La población, de origen indígena, hizo repiquetear las campanas. Los presuntos fueron colgados.

Hace tres años, en Jonacatepec, secuestraron al comerciante Jorge Aragón Katar, por quien los plagiarios pedían 875 mil pesos. Sus vecinos y amigos lo buscaron, fueron a la policía, protestaron e intentaron reunir tal cantidad, pero sólo juntaron 350 mil.

El que fuera coordinador de la Brigada Antisecuestro, Armando Martínez Salgado, aseguraba a lugareños que "nos lo iban a entregar vivo, pero sólo nos entregaron una cajita", dice Emiliano Serrano Paredes.

La raíz, el tronco, las ramas.

El escándalo.

Hasta hace unos meses, Martínez Salgado era director de la Policía Judicial y coordinaba la Brigada Antisecuestro. Fue acusado de homicidio, luego de que policías federales de Caminos lo descubrieron con el cadáver de un presunto delincuente, "El Moles", sobre la carretera México-Acapulco.

Su jefe, el entonces procurador de justicia del estado, Carlos Peredo Merlo, enfrenta un proceso penal.

Un quiste de violencia e impunidad.

***** Xonacapetl o Jonacatepec, en un primer vistazo, se percibe como un municipio tranquilo. Muchas personas comercian duraznos en las orillas de la carretera que conduce a esta zona. Ofrecen frutas tiernas y maduras en carretillas y canastas. La gente es amable. Sin embargo guarda un historial negro.

Nadie que llega aquí podría sospechar que donde ahora está la biblioteca fue una cárcel. Y menos que en ella los pobladores encerraron a policías, sospechosos de asesinato, que enfrentaron la ira popular. Tampoco se salvó un funcionario estatal.

Resulta que un individuo que corría en una camioneta se enfrentó a los agentes policiacos, quienes lo mataron. Esto provocó que algunos pobladores y sus vecinos quemaran las oficinas policiacas y volcaran automóviles.

La situación se tornó tensa, de modo que a las dos de la madrugada llegó un representante del gobierno para intentar tranquilizar a los habitantes. No sólo fue frustrada su misión, sino que sufrió las consecuencias de la furia.

También arribaron policías especializados. La situación se complicó y el representante estatal fue encerrado en la cárcel. Desde ahí clamaba que lo sacaran. Lo liberaron, debido a la intervención del entonces gobernador, Antonio Rivapalacio, pero antes le propinaron una golpiza.

Esa noche habían repicado las campanas del templo.

Llegó gente de Tetelilla, San Ignacio, Tenango, Atotonilco, Temoac, Huazulco y Temoaya. Estaban dispuestos a todo. Después, seis policías judiciales fueron "depositados" en módulos de seguridad. De ahí, a la cárcel.

Los seis sufrieron golpes. Dos, murieron.



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