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?Soy sinaloense por los cuatro costados?

Humberto Ríos Navarrete/Enviado| El Universal
Jueves 29 de junio de 2000
?Soy sinaloense por los cuatro costados?

. (Foto: LUCÍA GODÍNEZ/El Universal )

Enciende el priísta los ánimos de la paisanada. ?Van a elegir el primer presidente nacido aquí; tengo compromiso y emoción social?, grita

CULIACÁN, Sin.? En la plaza de la Bandera, rodeada por mantas con letreros de apoyo, entre el malecón viejo y el nuevo, frente a la isla de Orabá, calor húmedo y cielo encapotado, la gente se apretuja sobre un espacio de 27 mil metros cuadrados. Francisco Labastida camina sobre la pasarela y alza los pulgares. El ambiente, tibio, pronto se calentará. Y es cuando el candidato promete que no habrá tregua contra el crimen, la delincuencia y el narcotráfico. Que es sinaloense por los cuatro costados. Que habla derecho y de frente. Entonces enciende los ánimos de sus paisanos.

Sube el tono.

Caen pringas aisladas.

Amenaza la lluvia. Las gotas son más gruesas, pero aisladas. Labastida, acompañado por la clase política priísta local ?excepto Renato Vega Alvarado, que convalece, dicen, de un transplante de riñón? calienta motores. Mece el cuerpo ensopado de sudor. Alza la voz. Sabe que lo escucha la paisanada venida de diferentes partes del estado, invitados especiales ?ocho gobernadores, entre otros?, de modo que casi grita en ese vértice que forman las afluentes de los ríos Humaya y Tamazula, para luego formar uno solo: el Culiacán.



Reposo y tranquilidad

Pocos minutos antes había pasado del brazo de su esposa, María Teresa Uriarte y Juan S. Millán, acompañado éste de Guadalupe Pitsh, su cónyuge. Era el saludo a su llegada. La presentación.

Había arribado de Los Mochis, su tierra natal, donde visitó la tumba de sus padres. Seis horas de reposo con su familia quedaban atrás. Ahora, su último discurso público. El cierre de campaña. La cuenta regresiva. Un volado en el aire. Sol o águila. Seguro de ganar.

Y también quedaba en el recuerdo lo dicho a 23 mil pies de altura, a bordo del avión 727-200, vuelo Distrito Federal-Los Mochis, 12:15 horas.

?¿Tranquilo? ?le habían preguntado.

?Tranquilo ?respondió animado.

Lo acompañaban Marcos Bucio, Emilio Gamboa, Jorge Alcocer, Esteban Moctezuma, Dulce M. Sauri Riancho. Su ?dream team?. El primero estaba pendiente de lo que su jefe declaraba a los reporteros. Reconocía el candidato que cada vez es mayor la proporción de ciudadanos que vota por la figura de los candidatos. Dibujaba escenarios. Hablaba de cómo se podría tejer la reconciliación.

Ahora estaba ahí.

Frente a la paisanada. Gente de todas las clases sociales, la mayoría de pueblos remotos, venidas en camiones que estacionaron en un extenso terreno baldío. Todos estaban en la plaza. Agolpados. En ese bochorno que era despejado por un airecillo templado y la pertinaz lluvia. Nada que los asustara. Sólo una finta de agua que nunca caería recio. Esperarían, pues también se anunciaba la presencia de Juan Gabriel.



El regreso a las raíces

Desde estrados de metal que rodean la plaza, le gritan ?vivas?. Una gran manta de petroleros, que van a todas, tapa la vista de varios convocados que toman agua purificada y sofocan el calorón con el mismo líquido. Labastida dice que regresa a sus raíces. Y el ?¡duro-duro-duro!? se escucha más cuando asegura que ?ustedes? van a elegir al primer presidente que nació en Sinaloa. Que tiene ?absoluto compromiso con el campo y cumpliré mi cuota de paisanaje?.

Y cumplir ?añade el ex gobernador? con ?el sueño? de construir varios tramos de carreteras, y tal parece que de esto están muy necesitados, pues arrecian los aplausos. ?Vamos a hacer rentable la agricultura y la ganadería, acabar con las competencias desleales?. Por ahí le gritan que también rebaje las cuotas de las carreteras, pero él parece no escuchar. ?Le voy a abrir campo al campo!?, grita Labastida.

Les pide que hagan actividad política con quienes todavía no deciden el voto, porque propone cambio con rumbo y no cambios con reversa. Es él, así se define, quien ?tiene compromiso y emoción social; que tiene las manos limpias y la frente en alto?.

Sube el tono cuando asegura que quiere pagar su cuota con el paisanaje, y siguen cayendo gruesas gotas sobre una multitud que ansía sofocar el bochorno. Y Labastida termina su intervención con el aplauso consabido. Se baja del templete, porque así se lo pide, y saluda de mano. Sube a la tarima. Abraza a su esposa. Se escucha la paráfrasis de ?Mambo número cinco?, cuya letra se refiere a él como ?un hombre honesto y comprometido?.

Y Juan Gabriel sale a escena con su sonsonete proselitista, que hace bailar a casi todos, incluyendo a la esposa del candidato, quien abraza a su marido. En el templete presentan al hijo de ?El Santo?, el enmascarado de plata, y a Horacio Llamas, de 2.16 metros de estatura.

Es el primer mexicano que jugó en la NBA, quien ahora abraza a Labastida.

El candidato salta del templete. De un brinco llega hasta un grupo que le grita: ?¡Pancho, Pancho!?. La paisanada lo toca, lo saluda. Ágil ?58 años de edad encima? se trepa con la ayuda de otros dos. Se baja de nueva cuenta. ?Va a llegar enyesado a México?, murmura una culiche ?hermosa como todas? a su esposo. Con el fondo musical de ?... qué bonita es mi tierra, qué bonita...?, Labastida alza los pulgares.

Y Juan Gabriel termina por encender los ánimos con su sonsonete labastidista. De blanco, ?Juanga? parece azotar el aire con su cuerpo. Anuncia que, junto con Labastida, celebrará sus 30 años como cantante, y de inmediato interpreta ?No tengo dinero?, con lo que a la mente llega su presunta deuda con la hacienda pública.

Son las 19:45 horas, y el horizonte, atrás del puente, parece incendiarse con los tonos naranja que van dejando los estertores del día. Ya no chispea. Sale el sol amarillo.

Gamboa Patrón recorre el templete móvil al oído.

?¿Y qué pasó con Fox? ?se le pregunta a Enrique Jackson.

?Lo vamos a encuerar ? anticipa.

?Presidenta ?le dice Gamboa a Sauri?, muy bien, muy bien.

?Muy bien ?responde Sauri.

Labastida llama a Gamboa. Se reúnen con el gobernador Juan S. Millán y Miguel Alemán y la esposa de éste, Cristian Martel, a quien Labastida abraza.

?¿No le temen a Fox? ?se le pregunta a Sauri.

?No. Fox nos tiene miedo. ¿Cómo que en su último acto de campaña nos denuncia? ?responde la líder.

?¡Vámonos, chaparrita! ?le dice Labastida a su esposa.

Y se van del brazo.

Son las 20:40 horas.



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