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Recibe adiós con la dignidad recobrada

Cristina Pérez-Stadelmann / Enviada| El Universal
Miércoles 13 de febrero de 2013
Recibe adis con la dignidad recobrada

PRESENCIA. El gobernador de Sinaloa, Mario López Valdez (tercero de izq. a der.), y Saúl Rubio Valenzuela, alcalde de Sinaloa de Leyva (segundo), acudieron a la misa en honor a Julia Pastrana. (Foto: ARTURO TOLOSA )


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SINALOA DE LEYVA.— Dicen que las mujeres cuando mueren lo hacen para siempre. Julia Pastrana ahora lo cumplió. Fue un entierro en forma. Primero, una misa de difuntos en la que el sacerdote Jesús Nieto Calderón encomendó su alma a Dios, y después, casi al final, el ataúd fue rociado con agua bendita, antes de salir de la iglesia de los Apóstoles San Felipe y Santiago, en Sinaloa de Leyva.

Flores encima del cajón de madera blanco, veladoras, y un grupo de más de 50 jóvenes que cantaban música sacra. Frente al coro de niños cantores de Bamoa, el director Francisco Javier Chang.

Laura Anderson Barbata, artista plástica responsable de haber sacado a Julia Pastrana del anonimato, así como de dignificar su vida, estaba sentada en primera fila.

Mario López Valdez, gobernador de Sinaloa, y Saúl Rubio Valenzuela, alcalde del municipio de Sinaloa, presidieron el acto.

“El crédito es para Laura Anderson, esta fue su iniciativa; sin embargo, este acto significa también un esfuerzo del gobierno del estado por dignificar y hacer valer los derechos humanos de los sinaloenses, y a su vez honrar la memoria de aquellos que han trascendido nuestras fronteras”, dijo el gobernador.

La iglesia, repleta de fieles y no fieles que presenciaron el evento que llamaron “un hecho histórico”. El campanario sonó.

Mientras el ataúd avanzaba por el pasillo de la iglesia, varias personas se persignaban, si bien absolutamente nadie de los ahí presentes en la misa la conoció. Quizás porque pudiera tratarse de la bienvenida a una paisana.

La leyenda

Para Julia Pastrana (1834-1869) esta celebración eucarística fue la antesala de su sepultura, como lo es para los católicos, con la salvedad de que en este caso su inhumación se realizó 153 años después de su muerte en Oslo, Noruega.

La leyenda refiere que Pastrana nació en Ocoroni, Sinaloa. Según historiadores, apenas medía un metro con 37 centímetros, con un cuerpo cubierto de espeso vello negro por una enfermedad llamada hipertricosis lanuguinosa con hiperplasia gingival; talentosa mezzosoprano y bailarina, fue explotada por sus rasgos biológicos en Estados Unidos y Europa.

En ese tiempo, cuando la ciencia escaseaba y la ignorancia abundaba, Julia fue conocida como La mujer más fea del mundo.

“Este fue el entierro de quien fuera considerada un ‘monstruo’ en el pasado, y hoy se convierte en persona en el presente”, dijo el poeta y ex embajador de Noruega en México, Homero Aridjis, sentado en primera fila.

Después, los señores de la funeraria suben el ataúd al carro fúnebre y dicen que es más ligero de lo normal. La banda Olas del Pacífico se integra al acto cívico, interpretan Amor eterno, La barca en que me iré y Te vas, ángel mío.

Mientras que más de 200 personas caminan tras la carroza, el pueblo y las autoridades se entrelazan. Se pierde el protocolo. En las calles, los vecinos se asoman y preguntan quién murió.

Trinidad Montoya, de 75 años y miembro de Amigas del Museo de Sinaloa, explica a una de las vecinas que se dirigen al Panteón Histórico Municipal para darle sepultura a una mujer de muchas luces, que fue exhibida y vendida en varias ocasiones por ser considerada “un fenómeno de circo, que viajó por Estados Unidos, Canadá, Inglaterra y Europa”.

Juan José Ríos, presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Sinaloa, dice que “en este tiempo de tantas fosas clandestinas, es importante que una mujer que estuvo durante tanto tiempo insepulta y exhibida, ahora tenga un lugar donde descansar. Era necesario que Julia Pastrana recobrara su dignidad, para así ocupar su lugar en la historia, dejando atrás una existencia inconclusa”.

En el panteón, 20 botes con flores de alelí son arrojados a la fosa con más metros de profundidad que lo normal; después se sellará con más cemento de lo usual para que “nunca nadie profane esta tumba”, dice Francisco Frías, secretario de Educación Pública de Sinaloa.

El regreso de Pastrana, dice, resignifica su vida a través de la repatriación.

La lápida indica: “Julia Pastrana (1834-1860), artista sinaloense reconocida por su trayectoria internacional. Repatriada de Oslo, Noruega, a México, sepultada el 12 de febrero de 2013. Julia Pastrana, descansa en paz. Gobierno del Estado de Sinaloa, H. Ayuntamiento de Sinaloa”.

Para Laura Anderson, el regreso de Pastrana a México, y ahora su entierro, representan la reescritura de un capítulo del trascurrir colectivo de México y de los países que la alojaron (...) Permite la resignificación de un pasado que le pertenece solamente a ella y a todas aquellas personas que creen y defienden la condición humana, el respeto, los derechos y la justicia.

“Es más que un acto religioso, es un acontecimiento que pasa por el arte, la memoria, la política, la ciencia, la justicia, el derecho y la dignidad”, dijo. Junto al féretro hay un documento que da certeza jurídica de lo que ayer aconteció.



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