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Aporta su conocimiento al desarrollo de su nuevo país

El Universal
Lunes 19 de diciembre de 2011
Aporta su conocimiento al desarrollo de su nuevo pas

ORGULLO. Turbiner muestra el reconocimiento por su artículo. (Foto: TANYA GUERRERO EL UNIVERSAL )


Alexander Turbiner llegó a México hace 20 años con la que llama “su señora de vida”.

Investigador del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, el doctor Alexander Turbiner, ruso de origen, fue reconocido en días recientes por el Mejor Artículo de 2011 por el Journal of Physics, una de las revistas de física matemática más importantes del mundo. La publicación reconoció el trabajo An infinite family of solvable and integrable quantum systems on a plane (Una familia infinita de sistemas solubles e integrables cuánticos sobre el plano), que el universitario divulgó en 2009 con sus colegas Frederick Tremblay y Pavel Winternitz, de la Universidad de Montreal, en Canadá.

De igual modo, fue nombrado miembro del Instituto de Física del Reino Unido (Fellow of the Institute of Phisics), una asociación de gran prestigio cuyos objetivos son impulsar el estudio, el entendimiento y la aplicación de la física.

Estos reconocimientos los ha recibido en México, a donde llegó en 1994 como investigador del Instituto de Física de la UNAM.

“Las dos distinciones que le fueron conferidas al doctor Turbiner son de suma importancia para la UNAM, pues reconocen la calidad académica de uno de sus investigadores”, ha reconocido el Instituto de Ciencias Nucleares de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. El Instituto de Física del Reino Unido envió sus felicitaciones al rector de la UNAM.

El físico ruso nacionalizado mexicano, quien se incorporó a la UNAM hace 20 años, dice que recibir el Premio al Mejor Artículo de 2011 (Best Paper Prize 2011) fue una sorpresa. “Fue algo inesperado, pues fue escogido entre más de dos mil trabajos científicos publicados en el Journal of Physics”, comenta a EL UNIVERSAL.

Pero, como todas las historias de éxito profesional y académico, la suya tiene un mar de fondo, toda vez que Turbiner solo pudo salir de Moscú por primera vez a los 38 años de edad, cuando a partir del ascenso de Gorbachov se garantizó el derecho a entrar y salir del país y moverse libremente por su territorio. “No sabíamos siquiera lo que era ser un extranjero”.

Su familia, integrada en ese momento por esposa y dos hijos, debía permanecer en Moscú como “garantía” de que Turbiner regresaría a su patria. Entre 1969 y 1974 cursó la licenciatura y maestría en el Instituto de Física y Técnica de Moscú (diploma Cum laude). En 1989 se graduó como doctor en ciencias en física y matemáticas.

El primer lugar que visitó fue Praga, y después Londres. Regresó a Praga cada año a lo largo de 10 años.

En cuanto su familia logró acompañarlo comenzaron a viajar “como nómadas”, asegura, moviéndose de un lugar a otro durante una década. “Cargábamos con 21 maletas. Hasta que un día decidimos que debíamos establecernos en algún lugar fijo por la educación de los niños.” El primer viaje que realizó junto con su esposa fue justamente a Praga, capital de la República Checa.

“Nuestros hijos requerían de una casa, un escritorio, un rincón propio, un techo, una escuela fijos. Y esta necesidad de estabilidad coincidió con una invitación por parte de la UNAM, en la que me convidaban a dar una conferencia al Instituto de Física”.

Sus hijos mayores conocían el idioma francés. Turbiner aceptó la invitación para radicar en México, y decidió que sus hijos ingresarían al Liceo-Franco Mexicano. Su familia llegó al país un mes antes de que Turbiner arribara definitivamente. “Debía terminar con algunos compromisos laborales que tenía en Moscú”.

A su decir, México le ha dado todo cuanto tiene, pero sobre todo la libertad de pensamiento para resolver todos los problemas físico-matemáticos que debe resolver. Aunque reconoce que al principio no todo fue fácil, pues “las familias mexicanas son muy grandes y unidas, y no nos dejaban integrarnos.

Son tantos en las familias que no les hace falta invitar a comer a alguien más. Durante los primeros cinco años nos sentimos muy aislados, además por la dificultad del idioma”, asegura el padre de Julia, que trabaja como médico en Nueva York, y de Demitri de 23 años, que labora en la NASA en California, y el padre de Víctor, de nueve años, que estudia en México.



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