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Tenemos políticos analfabetas: expertos

Yanet Aguilar| El Universal
Martes 06 de diciembre de 2011
Los casos de equivocaciones de políticos mexicanos al hablar de literatura son varios en la historia reciente

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Que Enrique Krauze escribió “La silla del águila” y no Carlos Fuentes; que fue Isabel Restrepo quien escribió la novela “La isla de la pasión” y no Laura Restrepo; que el autor de “El Aleph” es José Luis Borgues y no Jorge Luis Borges o que la novela que escribió Carlos Fuentes en 1958 no se llama “La región más transparente” sino “La ciudad más transparente”, son algunas de las pifias en las que han caído los políticos mexicanos cuando se meten a hablar de literatura.

La pifia, esa palabra que proviene “de pifiar” y que en el “Diccionario de la Lengua Española” se define coloquialmente como: “error, descuido, paso o dicho desacertado”, ha marcado la historia de políticos como Vicente Fox, Josefina Vázquez Mota, Enrique Peña Nieto, Ernesto Cordero, Cristian Vargas y Edith Ruiz Mendicuti, quienes al hablar de sus gustos literarios o apostar por las citas, han citado mal el nombre de los escritores y de sus obras.

Los casos de equivocaciones de políticos mexicanos al hablar de literatura son varios en la historia reciente. Si en 2001 el entonces presidente de México, Fox, llamó a Jorge Luis Borges, José Luis Borges; pasados siete años Vázquez Mota, entonces secretaria de Educación Pública dijo que una de las obras monumentales de Carlos Fuentes era “La ciudad más transparente”, cuyo título real es “La región más transparente”. Días antes había dicho “Hoy es el cumpleaños número 80 de Octavio Paz…” cuando en realidad hablaba de Fuentes.

Apenas ayer, Ernesto Cordero, le cambió el nombre a Laura Restrepo y la llamó Isabel Restrepo, autora de “La isla de la pasión”, esto, luego de criticar que Peña Nieto le adjudicara a Enrique Krauze el libro “La silla del águila”, de Carlos Fuentes.

Tiempo atrás, en una ceremonia donde la Asamblea Legislativa del DF reconoció a José Emilio Pacheco, el diputado priísta Cristian Vargas, dijo que había leído “Crónica de una muerte anunciada”, y su colega perredista Edith Ruiz Mendicuti, celebró sus obras “Las batallas en el desierto”, “Cuatro cuartetos” y “Un tranvía llamado deseo”.

¿Qué provocan las equivocaciones de los políticos que hablan de literatura? El doctor en Sociología, Roger Bartra, asegura que es la falta de cultura y ese “es un problema endémico entre los políticos” que arrastramos desde el antiguo régimen y que tiene que ver con el desprecio por la cultura o la manipulación de la cultura con fines de legitimación del poder político.

“He dicho muchas veces que en México, además de graves problemas económicos, estamos sufriendo problemas de civilización y de cultura, y este analfabetismo de la mayoría de políticos mexicanos, es un síntoma de esta especie de crisis civilizacional. Tenemos una clase política muy deteriorada, de muy bajo nivel, las puntas del iceberg son los disparates de Peña Nieto que muestran que aparentemente no ha leído ningún libro completo en su vida”.

Para el escritor Jorge García-Robles, el político es un actor no confeso que ha de representar su papel según las circunstancias, un ser pragmático que no un intelectual, que vive de y para la acción y no para la reflexión.

“Una de las exigencias que el teatro político actual le exige a nuestros histriones gobernantes, es simular conocer por lo menos el ABC del menú básico de los libros de moda, diálogo escénico que por lo visto no logran aprenderse de memoria, lo que muestra —además de su mediocridad actoral— un auténtico desprecio por la lectura y un absurdo despropósito cuando como merolicos pregonan la necesidad de leer”, señala el escritor e hijo del Premio Nobel de la Paz, Alfonso García Robles.

El escritor Pablo Boullosa afirma que en estos errores imperdonables se deben ver dos extremos: gastan millones del erario público para crearse una imagen y falsas expectativas que en un acto fortuito, al hablar de libros destruyen ellos mismos esa expectativa.



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