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Una nueva tragedia en los aires

Leonardo Curzio| El Universal
Sábado 12 de noviembre de 2011

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Lo sensato es esperar que las investigaciones en torno al accidente en el que perdió la vida el secretario de Gobernación y sus colaboradores arrojen luz sobre lo que ocurrió en el paraje de Chalco. Ni las cortinas de humo ni la rumurología sirven de nada, pero para reducir su impacto hace falta que el gobierno cubra con toda la información disponible los espacios, a fin de que la verdad reluzca. El país no está para sospechosismos pero tampoco para opacidades. Ahora bien, con la información que tenemos hasta el momento se pueden hacer dos consideraciones que me parecen insoslayables.

La primera es que hay mil formas de morir en el cumplimiento del deber, pero quizás una de las más lamentables es perecer por accidente. Porque lo lamentable, irremediablemente, se combina con esa sensación de que algo se hizo mal. Ese aroma de improvisación que no logramos desterrar de nuestra cultura nacional planea nuevamente sobre las mentes de millones que descubrieron, con pasmo, hace tres años que el anterior secretario de Gobernación era conducido por un piloto inexperto. No podemos omitir que somos un país que suma más muertos por accidentes viales al año que muertos por el narco y en gran medida se debe (esta silenciosa tragedia) a la ausencia de una regulación efectiva, el estado de los vehículos y la (im)pericia de los conductores. No es alentador para nadie que esa incuria se pueda estar trasladando a nuestros cielos. Tranquiliza pensar que, a diferencia del accidente de Mouriño, en este caso el piloto era del Estado Mayor, que es un cuerpo muy profesional. Sin embargo, el gobierno ha perdido a Ramón Martín Huerta (secretario de Seguridad), Juan Camilo Mouriño y ahora a Blake. Es una prioridad para la seguridad de todos, una revisión exhaustiva de los protocolos de seguridad en aeronáutica civil si no queremos que nuestros cielos sean como nuestras carreteras.

La segunda es que esa “ubicuidad” de los funcionarios más importantes del gabinete (y tal vez también del Presidente) debe ser revisada. Yo me pregunto si es funcional que los funcionarios más importantes del país tengan tantos desplazamientos diarios a distintas entidades y no sería más oportuno que, al amparo de las nuevas tecnologías, redujeran su movilidad a los eventos estrictamente indispensables. @leonardocurzio



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