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Una mujer que decidió desafiar al peligro

Cristina Pérez-Stadelmann| El Universal
Domingo 11 de septiembre de 2011
Una mujer que decidi desafiar al peligro

FIRMEZA. Andrea Cruz (centro), Jautzin Iratzu, Andrea Trejo, Joselyn Osorio, Tamara Moller y Brenda Osorio, graduadas de la Fuerza Aérea Mexicana. (Foto: )

Andrea Cruz, de 21 años, logró “tomar el vuelo” tras graduarse en el Colegio del Aire; aspira a ser General de División

Descalza. Subió las escaleras, avanzó hacia la punta del trampolín, bajó la mirada y verificó que abajo continuaba en su lugar la fosa de clavados.

Retrocedió para tomar impulso, escuchó la orden, después un silbatazo tomó aire, sintió frío y con los ojos apretados se arrojó casi sin pensarlo de la plataforma de cinco metros.

Era un salto al vacío que nunca antes había realizado. Pero era también la primera prueba de valor que Andrea Cruz Hernández tendría que superar para ingresar al Colegio del Aire de la Fuerza Aérea Mexicana, en Zapopan, Jalisco. Venció el desafío. No esquivó el peligro. Le plantó la cara.

Pasó una de las pruebas del Colegio del Aire, para así trasladarse a Zapopan y dejar atrás a su familia y a Oaxaca, la tierra donde nació.

Hoy, a cuatro años de aquel salto, Andrea ha sido también la responsable de forjar un hecho histórico: ser la primera mujer piloto aviador militar en la historia de las Fuerzas Armadas.

Más de 11 mil mujeres están incorporadas a las Fuerzas Armadas mexicanas. Diecisiete planteles del Sistema Educativo Militar reciben personal femenino.

Andrea es alta, delgada, tiene 21 años, la tez tostada, los ojos grandes, los dientes blanquísimos, aretes pequeños. Al acercarse hacia nosotros, en la explanada del Colegio Militar, va erguida, con los labios pintados de rosa pálido y maquillaje discreto, marcha al mando de otras cinco mujeres, también graduadas del Colegio del Aire. Las seis se recibieron en julio pasado.

“Recuerdo que al principio reuní a mi familia y les dije que quería ser piloto de la Fuerza Aérea y no les extrañó, pues sabían que siempre me gustó todo lo que tiene que ver con lo aéreo. Fui siempre muy inquieta; necesitaba estar en constante movimiento y acción, sólo así sentía la adrenalina correr. Y ahora digo ‘¡qué mayor carga de adrenalina y movimiento que la que vivo al pilotear un avión Pilatus PC7!’”. Sin embargo, reconoce que no fue fácil separarse de su familia a sus 18 años.

Entre las materias que Andrea hubo de cursar, estuvieron: conocimientos militares, valores, derechos humanos, ética militar, legislación militar, y otras relacionadas con la especialización en aeronáutica, que incluyen física y meteorología, entre otras.

Sus desafíos están en el cielo. Su primer vuelo sola lo realizó en un avión Pilatus PC7, después de haber completado más de 200 horas de vuelo, primero como acompañante en una nave, y después como copiloto.

Dice que sólo le teme al futuro y al amor. Al futuro, porque es incierto; al amor, por la misma razón. Entre los requisitos que tuvo que cumplir para graduarse como subteniente, fue ser soltera, sin descendencia y permanecer en esta situación hasta el término de los estudios. Su vida privada la mantiene en reserva, prefiere regresar al tema de su trabajo: se siente cómoda ante la disciplina militar y entre sus planes está llegar a ser General de División.

“Las aeronaves no distinguen genero. Desconocen si eres hombre o mujer. Allá arriba lo único que cuenta es tu preparación y evitar errores, porque el mínimo de ellos te cuesta la vida”.

Será la Secretaría de la Defensa Nacional la que determinará —de acuerdo con sus capacidades técnicas y físicas— a dónde la enviará para incorporarse a la Fuerza Aérea. Comenta que entre sus funciones estarán las relacionadas con el Plan de Auxilio a la Población Civil en Casos de Desastre o el Plan DN-III-E, y las tareas de seguridad instrumentadas por autoridades contra el narcotráfico y la delincuencia organizada, “para salvaguardar la independencia y soberanía de la nación y garantizar la seguridad interior”.

“Durante la ceremonia de graduación me acerqué a mis padres y les entregué mis documentos, eso significó para mí saber que había llegado a conseguir ese objetivo por el cual he luchado tanto tiempo. Muchas veces tuve que olvidarme de estar con ellos. No fui al entierro de mi abuela, eso me dolió. Sabía que era necesario estar en familia ese día. Pero el esfuerzo ha dado frutos”.

Dice que cada vez que desafía al cielo y al peligro, festeja el hecho de estar viva para proteger a México, “un gran país al que intento dignificar a través de mi trabajo como piloto militar”.



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