Emilio y Pablo luchan por su paternidad
Treinta años sin hablar con su padre —porque éste nunca aceptó que su hijo fuera homosexual— fue una de las tantas situaciones que el arquitecto Emilio Pérez enfrentó para defender su relación con Pablo Ortiz, y entre ambos hacerse cargo de tres hijas: Citlalli, de 15 años; Malinalli, de 13, y Yólotzi, de 11 años.
A la desaprobación paterna habrían de sumarse tíos, primos y hermanos, quienes siempre esperaron que Emilio fuera padre biológico, no adoptivo, y mucho menos homoparental (adopción de un niño por parte de una persona o una pareja de personas homosexuales).
“Desde pequeño, Emilio se sabía homosexual y tuvo problemas por ello. Decidió estudiar en un internado, en Chapingo, Estado de México. Ahí se enamoró de un chico con quien duró varios años. Esta persona se suicidó, lo que fue duro para Emilio, así que decidió desertar del internado”, refiere Óscar Salvador Torres en la tesis Mi familia también es familia: notas sobre los aspectos simbólicos del homoparentesco en la ciudad de México.
Las familias que elegimos
Al paso de los años, y tras ocho meses de convivencia, Emilio y Pablo comenzaron juntos un proyecto de “familias que elegimos”, prescindiendo de sus parientes de sangre.
Amueblaron poco a poco su vivienda y trabajaron para ahorrar dinero y “crecer como pareja”. En la actualidad Emilio es empresario y arquitecto; Pablo, dueño de un edificio de departamentos.
“Pablo era niño cuando su progenitora lo abandonó a él y a sus hermanos. Menores como eran, llegaron a la casa de Odilón y Paula, sus padres por acogimiento. Sus verdaderos padres”.
En el Día de las Madres las niñas Citlalli, Malinalli y Yólotzi hacen dos trabajos escolares (se los dan a sus padres), y si es el Día del Padre, pues dos trabajos también. “El Día de las Madres asistimos a los festivales de la escuela; el Día del Padre con más razón”, agrega Emilio, quien labora de lunes a viernes y el fin de semana lo dedica a sus hijas. En ocasiones la negociación de las tareas domésticas o de crianza está basada en el tiempo disponible.
Pablo se ocupa exclusivamente del cuidado de sus hijas, y más de una vez han tenido que cambiarlas de escuela debido a los conflictos que se generan cuando los padres de familia se enteran de que las niñas fueron adoptadas y viven con dos homosexuales. Emilio comenta que es frecuente que las madres se acerquen a ellos y cuestionen quién es el padre y quién hace las funciones de madre, así como de qué manera las niñas fueron concebidas.
Ellos no responden.
Ya en la mesa de la familia, y bajo su propio techo aseguran: “Nosotros decidimos apoyar a tres niñas que en sus primeros años de vida no hubieran tenido el mejor de los destinos...
Malinalli, desenvuelta y firme, dice: “La verdad, yo no tengo problemas con que mis padres sean homosexuales; son mis padres. Ellos no son nuestros padres biológicos, pero lo son de corazón”.
Emilio y Pablo llevan 22 años de relación, pero no se han casado, pues viven en el Estado de México y el matrimonio y la adopción entre personas del mismo sexo se aprobó solamente en el Distrito Federal.





