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Menos armamento, más droga y violencia

Jorge Luis Sierra| El Universal
Sábado 21 de mayo de 2011

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La Secretaría de la Defensa Nacional ha mostrado números significativamente crecientes de decomiso de armas a los narcotraficantes mexicanos. Entender esa dinámica en el contexto de los resultados generales de la lucha contra el narcotráfico nos ayuda a entender la estrategia militar y a evaluar su desempeño.

Por las cifras acumuladas en los últimos 15 años, es evidente que la Sedena modificó el sentido tradicional de su lucha antinarcóticos, basado principalmente en la erradicación de plantíos, y lo reemplazó por la estrategia de golpear las estructuras de mando del crimen organizado, reducir su capacidad de transporte, hostigar y suprimir los cuerpos del sicariato, y disminuir su capacidad de fuego mediante el decomiso de armas.

El impacto de esta estrategia es notorio en los últimos cuatro años. Antes de ese sexenio, la tendencia anual de decomiso de armamento no iba más allá de 5 mil armas. Desde 1996 hasta 2006, año del cambio de gobierno, el promedio anual no superaba esas cifras. El narcotráfico estaba en una etapa de acumulación de armamento, quizá posibilitado por las políticas antinarcóticos de los dos gobiernos anteriores que ya empezaban a privilegiar la fuerza militar, pero sin desarrollar una estrategia definida.

El gobierno actual se ha concentrado en el arresto de capos, así como en el decomiso de armas y vehículos. La Sedena informa de decomisos de hasta 83 mil armas en un año, lo que resulta significativo si tomamos en cuenta que el número de personas involucradas en la protección del narcotráfico está estimado en 400 mil personas.

No todo puede leerse con optimismo. La realidad del país nos está mostrando que el narcotráfico está incrementando la letalidad de su armamento, emplea granadas, lanzacohetes y armas de gran calibre. En ese contexto, el aumento dramático en el aseguramiento de armas podría también significar un crecimiento dramático del mercado ilegal de armas. La ejecución de la violencia en México, que como ya sabemos se expresa en los más de 36 mil asesinatos en los últimos cuatro años, no podría haber alcanzado tal virulencia sin un incremento sustancial en el número y letalidad de las armas que llegan a manos de la delincuencia organizada.

La estrategia ha tenido otros impactos contradictorios. Los aseguramientos de vehículos también se han incrementado dramáticamente y ahora ocurren con un promedio de cinco mil a siete mil vehículos arrebatados al narcotráfico. Sin embargo, esos incrementos no ocurren en el terreno de los decomisos de drogas.

Los decomisos de droga de la Sedena se han desplomado hasta su nivel más bajo en los últimos 15 años. Lo mismo sucede con la erradicación de cultivos ilícitos, en particular de mariguana que ha caído de 25 toneladas en 2006 a 10 toneladas en 2010.

Y si analizáramos el impacto en la violencia, podríamos decir que la estrategia antinarcóticos de usar a las fuerzas armadas para debilitar las estructuras de mando criminal y sus capacidades de combate no ha logrado impedir el recrudecimiento de la violencia. ¿Ha sido más precisa y enfocada la estrategia militar en este sexenio? Sin duda, ¿pero eso realmente ha generado un ambiente menos violento en la vida de los mexicanos? Eso aún no lo vemos. Es probable que cuando este gobierno termine, la violencia siga ahí.

 



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