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Rezan miles por el beato polaco

Ana Anabitarte/ Enviada| El Universal
Domingo 01 de mayo de 2011
Rezan miles por el beato polaco

GUIÑO. Un niño demuestra su cariño a Juan Pablo II en una foto monumental colocada en el antiguo casco de Cracovia, Polonia. (Foto: PETER ANDREWS REUTERS )

En el Circo Massimo de Roma rinden homenaje al papa Juan Pablo II

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ROMA.— Una imagen de un anciano Juan Pablo II proyectada en varias pantallas gigantes en el Circo Massimo de Roma, daba comienzo ayer a la vigilia de oración como acto previo a la beatificación de hoy. Unas 200 mil personas, según datos de la policía, se levantaban de sus asientos portando velas encendidas, fotografías y pancartas con gritos de “Giovani Secundo, prega por mí”; “Juan Pablo Segundo, te quiere todo el mundo”, “we are with you”. Polacos, tierra natal del pontífice, mexicanos (uno ondeando una enorme bandera), argentinos, españoles, estadounidenses e italianos aplaudían, rezaban e incluso lloraban al unísono llenos de emoción.

En el altar, una enorme foto de Karol Wojtyla acompañaba una reproducción en grande de Maria Salus Populi Romani, patrona de la ciudad de Roma. A los lados, obispos, cardenales y las personas más allegadas a Karol eran testigos. Todos felices, emocionados y, sobre todo, aliviados. Después de un día sin dejar de llover, la lluvia había dado tregua.

Joaquín Navarro-Valls, director de Prensa de la Santa Sede entre 1984 y 2006, era el primero en hablar. El siquiatra español recordaba cómo le impresionaba ver rezar al pontífice: “Al Papa le llegaban todos los dolores del mundo y nunca pedía por él... Yo le veía todos los días rezar de rodillas y con papelitos a su alrededor, y un día me di cuenta de que los papeles eran cartas que le mandaba la gente, en las que le pedían que intercediera por ellos”, relataba.

“Él se nutria con las necesidades de los demás, pero nunca pedía por él. Y no podía estar sin rezar. Era una necesidad que tenía... He aprendido mucho de él en el respeto a la persona humana. Es algo que no olvidaré nunca. Yo sentí mucho su muerte pero sé que ahora estará feliz”, concluía.

El cardenal Stanislaw Dziwisz, quien durante 40 años fue secretario personal de Juan Pablo II, recordó cómo lo conoció, a los 37 años, cuando Juan Pablo II era un joven profesor “que llevaba el pelo largo”, recordó divertido. “Siempre iba a la capilla a rezar y nos llamaba mucho la atención, porque cuando volvía teníamos la sensación de que había hablado con alguien. Era impresionante, sobre todo para nosotros que éramos tan jóvenes”.

Dziwinsz recordó que sólo lo vio dos veces enojado: “Una fue durante la visita a Agriento (Italia). Ese día levantó la voz contra la mafia y hasta nos asustamos; otra, en el Ángelus, durante la guerra de Irak. Ahí dijo con fuerza: ‘No a la guerra, la guerra no resuelve nada. La he vivido y sé lo que es. Debéis resolver el problema de otra manera’”.

También hubo momentos felices, como cuando un día le dijo que al principio de su pontificado le llamaban el “Papa polaco”, “pero unos años después ya era el Papa de todos: nuestro Papa, incluso para los italianos”, aseguraba. El cardenal destacaba de él que tenía “una paz interior increíble. Sabía cómo se iba a la otra vida, ha dado dignidad a la muerte, nos ha enseñado a morir”, decía.

También presente, la monja francesa Simon Marie Pierre recordaba cómo la noche del 2 al 3 de junio de 2001, cuando tenía 40 años, se curó de parkinson, la misma enfermedad de la que falleció el Papa, gracias a su intermediación. El milagro de la beatificación. “Yo ya le había pedido a la madre superiora la jubilación, porque me sentía incapaz de caminar, ni siquiera podía escribir”, relataba. Pero esa noche se despertó de madrugada con la necesidad de rezarle a Juan Pablo. Después de acudir a misa, se dio cuenta de que los dolores habían desaparecido y de que podía escribir.

Tras las intervenciones del coro de la Diócesis de Roma y de la Orquesta del Conservatorio de Santa Cecilia, acompañados por los coros de la comunidad filipina de Roma y el Gaudium Poloniae, se emitían imágenes de entrevistas con jóvenes que relataban la importancia de Juan Pablo II en sus vidas. Y daba inicio la segunda parte del acto: la celebración de los misterios luminosos del Santo Rosario —introducidos por Juan Pablo II—, en los que se celebra la vida pública de Jesús.

En primer lugar se escuchaba el canto Abrid las puertas a Cristo, escrito por monseñor Frisina, y cuyo texto “resume los contenidos más importantes del pontificado de Juan Pablo II”. Le seguía una introducción del cardenal Vicario de Roma, Agostino Vallini, quien presentaba en síntesis la personalidad espiritual y pastoral del beato; después, el rezo del rosario, que se celebró en conexión en directo con cinco santuarios marianos del mundo.

Se rezó por los jóvenes, desde el santuario de Lagniewniki de la Divina Misericordia, en Cracovia; por la familia, desde el santuario de Kawekamo, en Bugando, Tanzania; por la evangelización, desde Notre Dame du Lebanon, en Harissa, Líbano); por la esperanza y la paz, en la Basílica de Guadalupe, en México y, finalmente, por la Iglesia, desde el santuario de Fátima, en Portugal.

Concluidos los rezos, en las pantallas aparecía Benedicto XVI, en vivo desde el Palacio Apostólico, de rodillas en su capilla. “Viva el Papa”, le gritaba un joven. El pontífice recitaba la oración final e impartía la bendición apostólica a los participantes. El canto del Salve de todos los presentes, ponía punto final a la emotiva ceremonia. Y comenzaba la Notte bianca di preghiera (La noche en blanco de los rezos). Durante toda la noche, ocho iglesias del centro de Roma permanecerán abiertas hasta las 10 de la mañana, en un día en que, por primera vez en la historia, un Papa: Benedicto XVI, beatificará a su antecesor: Juan Pablo II.

 

 



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