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Su noviazgo con el cine

Redacción| El Universal
Domingo 20 de junio de 2010
Se dio el gusto de aparecer en algunos clásicos mexicanos

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Para Carlos Monsiváis, el cine era su vida. Escribía artículos y libros relacionados, como Rostros del cine mexicano, y condujo durante varios años el programa “El cine y la crítica”, en Radio UNAM.

En eventos importantes sacaba de la chistera frases de cine, como aquel día de 2005 cuando recibió el grado de Doctor Honoris Causa de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, la más antigua de América.

“Hay momentos en la vida que son verdaderamente momentáneos”, dijo en aquella ocasión haciendo referencia a Mario Moreno, Cantinflas.

Y vaya que era un estudioso consumado del séptimo arte, sobre todo el mexicano, ese que muchos medios denostan o denigran a un pequeño espacio en las páginas interiores.

Para él existían 10 películas que podían considerarse claves en la cinematografía nacional. Ahí está el detalle, con Cantinflas; Enamorada, con María Félix; Las abandonadas y Flor Silvestre, con Dolores del Río, estaban entre las primeras.

Les seguían Nosotros los pobres, con Pedro Infante; El Peñón de las ánimas, protagonizada por Jorge Negrete, y Aventurera, con Ninón Sevilla.

Cerraban su propia lista El rey del barrio, con Tin Tan como protagonista, y Los olvidados, del director español Luis Buñuel.

“La verdadera hazaña de esta etapa fue que la industria [cinematográfica] fue capaz de crear un país que no existió, la vida del campo reflejada en el cine era una fantasía perfecta. No había un verdadero reflejo de las clases”, decía el escritor.

En varios de sus discursos, tratando de explicar a la sociedad mexicana, recurría además a íconos del cine, como aEl Santo, o al Enmascarado de Plata, para edificarlos como religión.

Su faceta como actor

Carlos Monsiváis se dio el gusto de aparecer, aunque sólo por segundos, en algunos clásicos mexicanos. En Los Caifanes, que lanzó a una serie de actores talentosos como Sergio Jiménez y Ernesto Gómez Cruz, aparece brevemente como un viejo y taciturno Santaclós.

En esa misma década de los 60, el histórico director Alberto Isaac lo convenció de realizar un cameo en En este pueblo no hay ladrones, basado en un cuento homónimo de Gabriel García Márquez, tomando como referencia un pueblo en el que la única diversión es el billar.

Sus últimas apariciones fueron en Un mundo raro y en Acosada, cinta en la que interpreta a un editorialista televisivo.

 

Un día, cuando alguien le cuestionó por qué había acabado la llama Época de Oro del cine mexicano, contestó serio:

“Por la necesidad del público de un cine sin estúpida censura. Fue destruido por las ganas del público de creer”.

 



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