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Diosa de ébano

Moisés Ramírez Segundo| El Universal
Domingo 01 de marzo de 2009
Diosa de bano

Se enorgullece Venus al recordar cuando el 25 de febrero de 2002 se convirtió en la primera jugadora afroestadounidense en ser la número uno del ranking mundial de la WTAA. (Foto: Archivo )

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Venus Williams es cordial en las ruedas de prensa; contesta con cortesía, aunque no habla sobre racismo ni política

moises.ramirez@eluniversal.com.mx

El moreno rostro con una blanca sonrisa de par en par, los brazos en alto y las delgadas manos aferradas al destellante trofeo, ha sido la cotidiana imagen de Venus Williams a través de su aventura en el tenis.

Con esta pródiga fama a cuestas, Venus apareció en el Abierto Mexicano tras un extenuante viaje de 14 mil kilómetros y 30 horas. Y estremeció a Acapulco, pues llegaba tras coronarse en Dubai y lograr el título 40 de su carrera, con siete Grand Slam incluidos.

Paulatinamente, la gente se volcó al estadio para deleitarse con la presencia de la llamada Diosa de Ébano.

Al principio fue titubeante su desempeño, por sus problemas con la cancha de arcilla, y regular también la asistencia. Pero para el tercer juego, se llenó el estadio y el apoyo fue incondicional.

Venus miraba sin ver, saludaba sin voz. Y ofrecía su blanca sonrisa, agradecida por el cobijo de los aficionados. Se sentía arropada, como en casa.

Venus es cordial en las ruedas de prensa. Contesta con cortesía, aunque no habla sobre racismo ni política.

Sí, es cordial, aunque no obsequia autógrafos ni permite que se le tomen fotos con aficionados.

El impacto mediático ha sido fuerte, pues llegaron a Acapulco alrededor de 40 medios de distintos estados del país.

Así, Venus daba brillo a un Abierto Mexicano que se ha distinguido por las estrellas masculinas. Pero esta vez no. Estaba la reina.

Una reina que vino a pasear su clase y talento a Acapulco, como ya lo había hecho por otros escenarios de más prestigio.

Se desempolvan los libros de récords y presume sus proezas en Wimbledon, donde se proclamó pentacampeona; en el US Open, el que ganó dos veces, y en los Juegos Olímpicos, en los que se colgó tres preseas doradas.

Se enorgullece Venus al recordar cuando el 25 de febrero de 2002 se convirtió en la primera jugadora afroestadounidense en ser la número uno del ranking mundial de la WTA, aunque hoy ha descendido a la quinta posición; pero no importa: ya tuvo el placer de ver con prismáticos a las demás competidoras desde el altar mayor del tenis.

Y más aún porque el bálsamo de la gloria lo comparte Venus con su hermana Serena, dos de las cinco hermanas de la familia Williams que se dedicaron al tenis, como era el ferviente deseo de su padre Richard, quien las llevó desde pequeñas a las descuidadas canchas de Watts y Compton, en California. Los ojillos bien abiertos de Venus y Serena pasaban horas viendo cómo se golpeaban pelotas. Y así les nació el gusto por el llamado deporte blanco.

Y juntas, las hermanas Williams emprendieron las andanzas en busca del fulgor del tesoro. Venus se estrenó como profesional en 1990 y comenzó a derribar rivales sin importarle si eran renombradas. En ocasiones le tocó enfrentar a su hermana menor, pero primero estaba el honor deportivo que el familiar, y así Serena la derrotó en cuatro finales sucesivas de Grand Slam.

Por ello, aunque el guiño del triunfo aparecía siempre para Venus, también se le apareció el ceño fruncido de la tragedia. El recuerdo es doloroso: su hermana mayor, Yutende Price, fue asesinada con disparos de arma, en Compton, el 14 de septiembre de 2003. Y la desgracia no vino sola: sus padres se divorciaron.

El brumoso panorama hundió a Venus en el torbellino de la incertidumbre; además, las lesiones la alejaron de las canchas, haciendo presagiar un prematuro retiro. Los críticos, incluso, consideraron que la Venus de Wimbledon estaba en el ocaso de su carrera.

Sin embargo, regresó tras cinco meses de ausencia, y en 2004 obtuvo su primer gran título en Wimbledon, al vencer en semifinales a Maria Sharapova, y en la final a su compatriota Lindsay Davenport.

“Cree en ti misma cuando nadie lo hace. Eso te hace ganadora”, fue siempre el aliciente y el grito de guerra de Venus Williams, quien también busca el éxito, alterno al tenis, en el terreno del diseño de modas. Se pasea también sobre las pasarelas modelando impecable vestimenta, como toda una diosa de ébano.

 



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