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El luto de un poder mutilado

Juan Arvizu| El Universal
Viernes 07 de noviembre de 2008

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El redoble de tambores del toque de silencio, aviva la pena de la multitud en el Campo Marte, próximo al lugar de la caída del Lear Jet XC-VMC, la matrícula que mutiló al gabinete.

Un clarín de órdenes acompasa la percusión de los tambores, en el prado ecuestre, justo abajo de la ruta de aproximación de aviones hacia el aeropuerto de la ciudad de México.

En la fila de los deudos, la niña María Mouriño, que se ha quedado huérfana de padre, sin llanto abraza su osito de peluche color miel y unas madres lloran por su lado y sin consuelo la pérdida de sus hijos.

La malahora también quiebra el alma de hombres, por los nueve que murieron el martes.

El cielo es azul, pero en los corazones es de noche; los rayos del sol de la mañana acarician, pero la solidaridad acumulada no alcanza para arropar a padres, esposas, esposos, hermanos, hijos dolientes. Ellos formarán un coro del dolor al cantar, con cientos de los presentes, el Himno Nacional, con la banda de música militar, que se eleva al rango de oración póstuma: “¡Patria! ¡Patria! tus hijos te juran/ exhalar en tus aras su aliento...”

Hay nueve fotografías y ocho féretros (el cuerpo de uno de los pilotos no fue recuperado).

El retrato de Juan Camilo Mouriño es de un joven sonriente. La guardia de honor al lado de la caja mortuoria es formada por Felipe Calderón, Margarita Zavala, Max Cortázar (vocero presidencial) y Jordy Herrera (subsecretario de Energía. Los fraternales.

Al lado de ellos, se forman los tres poderes en una gran guardia de honor.

La trayectoria de Mouriño “es el rostro de una nueva generación de políticos”, dirá Felipe Calderón en el discurso de despedida al amigo y que pagan con lágrimas Aitza Aguilar, Ernesto Cordero, Manuel Minjares...

La clase política ofrece su duelo en las gradas con semblantes sombríos; los apellidos del poder —la materia de trabajo de Mouriño—, están allí: Marcelo Ebrard, Carlos Navarrete, Guadalupe Acosta Naranjo, Leonel Godoy.

Dos ex secretarios de Gobernación, Santiago Creel y Francisco Ramírez Acuña, endurecidos en la adversidad, hablan y se les ve de acuerdo.

Sobresale el mosaico, hoy sin murmullos ni abrazos sonoros, de gobernadores del PRI —Enrique Peña Nieto, Fidel Herrera y más—; el dolor agobia a los del PAN —De los Santos, Oliva, Adame—, con el luto en casa.

Y no se diga el pesar de Germán Martínez, líder panista, que tiene a su lado, con afecto de un familiar, a Beatriz Paredes, del PRI.

Aparte, de gafas oscuras y bufanda blanca, Elba Esther Gordillo, del SNTE, atribulada, ocupa el centro del mural político que despide a Mouriño. Joel Ayala, Carlos Romero Deschamps, Joaquín Gamboa, están en la foto del poder de luto.

Durante el mismo homenaje de cuerpo presente, la naturaleza llama a la clase política y corre la pregunta: ¿Quién será el nuevo secretario de Gobernación?



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