KGB financió a izquierda de AL
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Entre el 21 y el 22 de marzo de 1970 cinco agentes de la KGB encubiertos como diplomáticos de la embajada de la Unión Soviética fueron expulsados de México. El día 18, Emilio O. Rabasa, secretario de Relaciones Exteriores en aquel momento, anunció en una conferencia de prensa la salida de los soviéticos. Su “presencia no es grata o aceptable en la República Mexicana”, explicó el canciller. No hubo más detalles.
Desde la caída de la URSS en 1991 Oleg Netchiporenko, el más famoso de los expulsados (hoy residente en Moscú y asesor del gobierno ruso en lucha antiterrorista), ha escrito un libro y ha hablado en varias entrevistas sobre sus actividades en nuestro país; sin embargo, hasta hoy pueden confrontarse sus heroicos recuerdos con informes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) que EL UNIVERSAL pudo consultar del Archivo General de la Nación (AGN).
En la Galería 1 de ese recinto también se encuentran las respuestas a cuáles eran las actividades de inteligencia de los soviéticos expulsados, así como informes sobre otros agentes de la KGB relacionados con diversos grupos mexicanos en los años 60 y 70.
Un nido de espías en la Condesa
Si bien la deserción de la traductora Raya Kilselnikova de la embajada soviética en febrero de 1970 ayudó a la DFS a obtener más datos sobre los tejemanejes de la KGB en México, desde tiempo atrás la inteligencia nacional tenía pruebas de actividades del espionaje soviético. Los informes fechados antes de que Raya pidiera asilo lo comprueban.
Además de Netchiporenko, Nicolai Leonov era otro agente estrella de la KGB en la embajada soviética.
En 1959, Nicolai Leonov llegó por segunda vez a México como traductor de la comitiva del viceprimer ministro soviético Anastas Micoyan. El joven y su familia se instalaron en la colonia Condesa y él tomó posesión de su cargo como segundo secretario de la embajada y agregado de Prensa. Era la pantalla para sus actividades como contacto financiero de la KGB con comunistas latinoamericanos.
“Una de las principales actividades clandestinas de la embajada soviética en México es el apoyo, dirección y financiamiento de los partidos comunistas de América Latina donde los soviéticos no tienen representación diplomática”, indica un diagnóstico elaborado por la inteligencia con motivo de la detención de dos comunistas colombianos que llevaban dinero recibido de Leonov.
De acuerdo con un informe de la DFS , el 16 de abril del 68 Leonov se reunió en la ciudad de México con Feliciano Pachón y Librada Moreno para entregarles “un pequeño bultito”. La DFS informó al Servicio de Seguridad colombiano de la reunión clandestina.
“Ambos fueron arrestados a su arribo a Bogotá y se encontró que Feliciano llevaba Dls. 70,000 y Librada Dls. 30,000 […] confesaron y proporcionaron considerable información […] de todos los líderes clandestinos del Partido Comunista Colombiano y de las Fuerzas Armadas Rebeldes Colombianas”, explica el informe de la DFS.
Leonov estaba indentificado como “el contacto con miembros de la izquierda mexicana” a los que subsidiaba, sin embargo los documentos no especifican qué miembros. Pero en el caso de otros agentes sí hay información sobre las organizaciones mexicanas que penetraron. Por ejemplo, Dimitri Diakanov, consejero de la embajada, “ayudaba económicamente a la agrupación denominada Unión General de Obreros y Campesinos de México; su especialidad se concretaba en participar en asuntos internos de los sindicatos obreros de México”, según la DFS.
Boris Voskoboinikov, segundo secretario de la embajada, seleccionaba a elementos de la Juventud Comunista para estudiar en la Universidad Patricio Lumumba en Moscú, y en los primeros meses de 1970 dio “una cantidad de dinero a estudiantes afines ideológi cos [sic] de la UNAM y del IPN para realizar manifestaciones antigubernamentales a través de estudiantes miembros de de la Juventud Comunista de Monterrey”.
Por su parte, en 1969 Alexander Bolchakov, Vladislav Kormushkini y Valery Kostikov se hicieron pasar por empleados franceses de la empresa Bombadier para infiltrarse en una comunidad de rusos no comunistas residentes en Ensenada, Baja California.
Anatoly Mazourine, vicecónsul y “un agresivo oficial de inteligencia”, según la DFS, trató de sobornar a empleados de la Secretaría de Gobernación y de un hotel para que le revelaran datos sobre la llegada a la capital de dos bailarines soviéticos que pidieron asilo político en 1970.
Diakanov, Voskovoinikov, Kolomiakov, Bolchakov y Netchiporenko fueron los expulsados en 1971. Al subir por la escalerilla del avión, todos los hombres de la KGB declararon en coro a los reporteros que consignaron su partida: “¡Como México no hay dos!”





