El doble desafío del narco
Entre las “tragedias” que no quiere ver el presidente Felipe Calderón y cuya responsabilidad achaca al sensacionalismo de los medios, hay una que denuncian empresarios de varias regiones del país y que tiene que ver con el cobro ilegal de “impuestos” que les hacen los narcotraficantes a cambio de supuesta “protección” o “seguridad”, o simplemente bajo la amenaza de “o pagas o te cerramos”. Si ya los desbordados cárteles de la droga se han convertido en un poder “de facto” y disputan, abierta y cínicamente, al Estado mexicano la exclusividad del uso de la fuerza y el monopolio de la violencia, ahora están retando a la otra gran facultad exclusiva del poder público legalmente constituido: el cobro de impuestos, derechos y tributaciones a los ciudadanos. Y no, no es un invento de los medios pesimistas a los que critica el Presidente. Cada vez suman más los gobiernos estatales azotados por la presencia de Los Zetas, el principal grupo que amedrenta al empresariado local en varia entidades. Tampoco se trata de “unos cuantos estados”, como ha asegurado Presidencia, sino de un poder real, una especie de “hacienda del narcotráfico” que está creciendo su dominio y los territorios donde cobra sus “impuestos”. Después de la firma del Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, fue claro que la estrategia que utiliza el gobierno federal para combatir el crimen organizado ha sido insuficiente e incompleta, mientras que la de los narcotraficantes, en especial Los Zetas, les permite aumentar día con día su presencia por todo el país. Hace unos días, se reunió en la ciudad de México un grupo de funcionarios de primer nivel de los gobiernos de Campeche, Yucatán, Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Guerrero, Michoacán, Aguascalientes, Querétaro e Hidalgo y, aunque la reunión de trabajo era para otros temas, el de la crisis de seguridad salió a relucir en el encuentro y los funcionarios expusieron la situación en sus estados. La mayoría afirmó que en su entidad tienen documentado cómo el brazo armado del cártel del Golfo les cobra “impuestos” a los empresarios locales a cambio de brindarles seguridad o, de lo contrario, si se niegan a pagar, los amenazan con secuestros o con obligarlos a cerrar sus empresas. El mensaje es claro: o pagan el derecho de piso o lo pagan, y se ha convertido en los hechos en una doble tributación para la gente y no hay autoridad que los proteja. La pregunta para esos funcionarios estatales sería por qué tampoco hacen algo sus gobernadores, que en algunos casos, por temor o contubernio, prefieren mirar para otro lado ante el avance del narcotráfico o escudarse en la salida fácil de que “son delitos federales”. Pero el asunto, más allá de competencias que al final al ciudadano amedrentado o sometido por la delincuencia poco le importan, es realmente preocupante. En esa reunión, por ejemplo, el funcionario de Hidalgo comentó que en su estado Los Zetas operaban desde hace meses y que enviaron un mensaje a las autoridades estatales: “Ustedes no se metan, porque ahora vamos también por el DF”. ¿Será que la facilidad con que ese grupo armado, que ya controla municipios enteros, los alienta a creer que pueden controlar la ciudad donde se asientan los poderes de la República? Ante amenazas de ese tamaño, la descoordinación entre autoridades federales y estatales sigue siendo uno de los grandes problemas. En el duelo de competencias y de incompetencias, resulta que todos, estados y Federación, saben muy bien el diagnóstico, saben dónde y cómo opera el crimen organizado, pero ninguno da resultados inmediatos. En los 100 días que nos prometieron para ver resultados de su acuerdo de seguridad, es probable que ellos no logren mucho, pero esa centena bastará para que Los Zetas y otros grupos del narcotráfico sigan avanzando en quitarle facultades al Estado mexicano. NOTAS INDISCRETAS... Acusado de “traición” por su antiguo jefe, Raúl Padilla López, abandonado a su suerte por sus “amigos”, el gobernador Emilio González y el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, la única vía que le quedó a Carlos Briseño para pelear su destitución como rector de la Universidad de Guadalajara fue el litigio judicial. Ayer un tribunal colegiado le negó la suspensión definitiva del amparo que interpuso, pero le queda aún pendiente el resultado de un juicio de garantías. Hace unos días, al derrocado Briseño se le vio por los pasillos de la Suprema Corte de Justicia, tratando de hablar con algunos ministros para plantearles su caso. A reserva del resultado del pleito jurídico, en lo político Briseño parece haber perdido al enfrentarse al cacique mayor de la UdeG. Padilla y los padillistas lo acusan de “traición” y de haber escuchado a “torpes asesores” y “supuestos amigos” que lo alentaron a enfrentarse a Raúl y tratar de convertirse en el “hombre fuerte” del llamado Grupo Universidad. Es claro que el ex rector no calculó bien sus fuerzas. Desde el gobierno estatal, tal vez lo engañaron con una falsa amistad y, mientras lo alentaban a desafiar al cacique, aprovecharon para cobrarle la factura del apoyo abierto que dio en la campaña de 2006 al candidato del PRI, Alberto Zamora, a quien después de que perdió lo arropó al nombrarlo director de la División de Estudios Jurídicos de la UdeG. Tampoco el PRI lo defendió porque se decía que Briseño tenía aspiraciones de ser candidato a la gubernatura y para eso exigía ampliaciones de presupuestos a la universidad. Eso y otros excesos, como las denuncias de que usaba un helicóptero de un empresario leonés al que se le ha ligado al narcotráfico, contribuyeron al abandono que hoy vive el rector derrocado… Es algo más que curioso: mientras a nivel nacional las tribus perredistas se desgarran unas a otras y no encuentran punto de conciliación, en el DF el PRD capitalino acaba de lograr un civilizado acuerdo para repartirse la integración del Consejo Estatal. Operado directamente por Marcelo Ebrard y por su pupila Alejandra Barrales, corrientes como Nueva Izquierda, Izquierda Unida, Izquierda Democrática e Izquierda Social, las mismas que a nivel nacional se dan con todo, se repartieron los asientos del consejo y esta semana formalizarán su entendimiento. No, si hasta los caníbales tienen sus reglas y cuando quieren las respetan… Dados al cajón. Serpiente cierra semana.





