Saba, magnate sobrio y discreto
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Alto, de caminar pesado y voz profunda, Isaac Saba Raffoul era un hombre sobrio, rigurosamente discreto, y agresivo empresario.
El reconocimiento que se le concedía en el mundo tenía un largo fundamento en México.
Hijo de un emigrante sirio-judío que llegó a México cuando nacía el siglo XX, Saba Raffoul tomó las riendas del negocio textilero familiar que en sus orígenes sobrevivía de los muy mal pagadores empresarios del teatro a quienes les fabricaban los telones, y lo condujo por casi 100 años como un buque insignia que al finalizar el siglo pasado comenzó a diversificarse en otros sectores.
La empresa textilera, que tenía incluía a Celanese y que dio origen al Grupo Xtra, del que seguía siendo presidente del Consejo de Administración, fue la placenta de un emporio que dio el paso definitivo cuando adquirió en 2000 la distribuidora Casa Autrey y se convirtió en poco tiempo en el principal distribuidor de medicinas en México.
Casa Autrey pasó a ser parte del Grupo Casa Saba, a su vez parte del holding de Xtra, con una estrategia empresarial que incluía los sectores turístico —manejando hoteles Marriot en Cancún y Puerto Vallarta—, de bienes raíces, inmobiliario y financiero, a través de una participación en el Grupo Ixe.
Saba Raffoul, quien había delegado hace casi un año la conducción de su emporio empresarial a sus hijos, fue empresario incluido durante una década a la lista de los multimillonarios que anualmente realiza la revista estadounidense Forbes, quen había tasado la fortuna de la familia en más de 2 mil millones de dólares.
Un hombre de personalidad
Saba Raffoul era amigo de sus amigos y de sus enemigos también, con quien solía delimitar claramente que su agresividad empresarial nunca llegaba al plano de lo personal.
En buena parte, a eso se debió que guardara sigilo cuando ante un intento sólido de participar en una alianza con General Electric —propietaria de la cadena de televisión estadounidense NBC— para la tercera cadena, fuera receptor de una andanada de críticas.
La televisión en México fue la última aventura empresarial a la que se había acercado fuera de aquellos mercados en donde estaba consolidado. Previamente a la búsqueda de la tercera cadena, Saba Raffoul había tenido una participación accionaria en el Canal 40, cuando se formó una alianza entre TV Azteca y Javier Moreno Valle.
Entendía que en los medios electrónicos se encontraba una parte de su futuro empresarial, inquietud que no se le acabaría hasta su muerte.
Hombre de personalidad fuerte, a cualquiera con quien tratara le era fácil reconocerle la austeridad, que en ocasiones llegaba a tales extremos que incluso bromas le hacían. “No paga ni los cafés”, solían decir de él con cariño sus pares.
La recatada forma en que vivía y su poca proclividad a las fotografías, le permitían pasar inadvertido en lugares públicos, como los centros comerciales que solía visitar, cuando se encontraba en México, junto con su esposa durante más de 40 años, Rebeca, sin guardaespaldas que cuidaran su entorno.
La manera en que Saba Raffoul pasó a ser un nombre del conocimiento público fue de manera totalmente impensada. Durante la inauguración del segundo piso del Periférico en la ciudad de México en 2004, entre los tumultos, un reportero lo empujó y lo derribó, causándole una fisura en la cadera que lo hizo cojear durante una larga temporada y acentuarle su paso pesado.
Hace tiempo trascendió que padecía cáncer, pero los motivos de su muerte la madrugada del domingo, no han sido divulgados. Además de su esposa, le sobreviven sus tres hijos, Moisés, Manuel y Alberto.





