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Revueltas, el rebelde de las Olimpiadas

Juan Arvizu Arrioja| El Universal
Domingo 29 de junio de 2008
El Premio de Literatura Xavier Villaurrutia y pluma radical de la izquierda mexicana fue contratado para redactar los textos de divulgación de los juegos; su pago: 6 mil pesos

José Revueltas, intelectual de la izquierda radical mexicana, pasó los filtros de selección
corporativa y con los pergaminos de su obra literaria, en 1968, ingresó al Comité Organizador
de los Juegos de la XIX Olimpiada, y allí se desempeñó en el puesto de escritor... hasta que su
activismo lo situó de tiempo completo en las filas de la protesta estudiantil.

Sólo la invitación directa del presidente del comité organizador, Pedro Ramírez Vázquez, valió para contratar al rebelde, galardonado en 1967 con el Premio de Literatura Xavier Villaurrutia.

Era junio de 1968. Revueltas, de 54 años, era un hombre de ideas y acción. Combinó la universidad y el trabajo adscrito a la dirección de Publicaciones del evento olímpico.

De baja estatura, delgado, gafas gruesas, cabellera larga encanecida y la barba al estilo del líder
comunista vietnamita Ho Chi Minh, Revueltas era un marxista leninista errante, dos veces expulsado del Partido Comunista Mexicano (PCM).

Sumó su pluma al grupo selecto de escritores que redactaba textos de divulgación sobre la XIX Olimpiada, la historia y cultura de México.

Documentos de los Juegos Olímpicos de 1968, resguardados en el Archivo General de la
Nación y abiertos 40 años después por este diario, contienen la contratación de Revueltas, el 27
de mayo, cuando se apagaban los disturbios de París.

El escritor fue contratado por un sueldo de 6 mil pesos mensuales, del 1 de junio al 31 de octubre.

Los disturbios del 23 de julio, en la Ciudadela, y del 26, en el Zócalo, con saldos de detenidos,
lesionados y versiones de muertos, alertaron a Revueltas: “La esencia del poder real que domina en la sociedad mexicana es el odio y el miedo a la juventud”.

Hay miedo en las generaciones viejas y corrompidas, habría escrito en un volante del comité de
lucha de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Siguió el bazucazo a la Preparatoria Uno.

El rector Javier Barros Sierra encabezó el repudio y Revueltas escribió mucho, sí, pero nada para
el comité organizador de los juegos.

Dejó de percibir el sueldo olímpico, una fortuna para su bolsillo. Proclamó que es tiempo de “poner en movimiento la crítica universitaria y sacudir a México desde sus raíces”.

Su solicitud de empleo a la XIX Olimpiada es un retrato, antes de los sucesos que lo llevarán a Lecumberri, reo de 10 delitos.

Con trazos vigorosos de pluma fuente, reportó ser “autodidacta ”, y sólo haber estudiado la primaria, de 1922 a 1928.

Por nombre de su escuela respondió: “Calles de Jesús María y Soledad”, en el barrio de pobres
al oriente del Palacio Nacional.

Su primera reclusión, en 1929, a los 14 años, fue en las Islas Marías, y allá retornó en 1932, otra
vez inculpado de sedición (insurrección contra el orden constitucional).

Será igual en 1968, cuando vivió su destino escribiendo:

“Nuestra causa como estudiantes es la del conocimiento militante, crítico, que impugna, contradice, contraviene, refuta y transforma”. E incitaba: “Somos revolución”.

El agente del Ministerio Público federal acusó que Revueltas es delincuente, porque “tiene plena conciencia de que su arma es su mente, de donde emanan sus enseñanzas para abrir la conciencia en el mundo estudiantil”.

El juez Eduardo Ferrer McGregor decretó la formal prisión de Revueltas el 21 de noviembre de
1968 y avaló su libertad bajo palabra el 13 de mayo de 1971.

Fue preso político dos años y medio. En una audiencia de septiembre de 1970 conoció a su
juez, y acusó a Gustavo Díaz Ordaz de la matanza de Tlatelolco.

Murió convencido de ser un militante de la generación del 68, la cual —dijo—entendió que hay que descubrir la esencia de México.

En Lecumberri, la entrevistadora Mercedes Padrés le inquirió, por sus muchos años de cárcel:

—¿Por qué ese afán de rebeldía, por qué esa terquedad?

El productor contestó:

—Porque la historia es terca y yo tengo la misma insistencia.



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