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El pesado expediente Mouriño

Juan Arvizu| El Universal
Miércoles 12 de marzo de 2008

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Formaron un muro los fotógrafos en espera de que el senador Carlos Navarrete Ruiz (PRD) mostrara papeles, un legajo de pruebas acusatorias contra Juan Camilo Mouriño, el secretario de Gobernación incómodo.

Esa era la foto del día, a juicio de los hombres y mujeres de la lente: Navarrete, el líder de los perredistas en el Senado, se dejaría ver con las pruebas en la mano. Pero faltaba más de media hora para esa escena.

—¿Qué esperan? —preguntó, al pasar, el senador Pablo Gómez.

—A Navarrete, señor. Las pruebas.

—¡Ah! Hay tanto en ese asunto. Nada más métanse a la página de la SCT, a ver los contratos del suegro de Mouriño... No tenía licencia de operación, antes del 2001.

Una segunda línea la ocuparon reporteros, con grabadora a la mano, para registrar las palabras del coordinador de los legisladores perredistas.

A los periodistas con quienes charlaba, sin motivarlos a consultar la página electrónica de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Pablo Gómez les dijo su sentir:

—Con ustedes no hubiera habido Watergate. No investigan.

Minutos después, la expectación subió a su punto alto. En la Cámara de Diputados el caso Mouriño ya acaparaba la atención. El PRD marcaba el tiempo del Congreso a su gusto, a costa del responsable de la buena marcha de los asuntos del Ejecutivo.

Entonces, Navarrete apareció con una carga pesada: copias de engargolados de una pulgada de grosor, para entregarlas a sus colegas integrantes de la Junta de Coordinación Política, el club de líderes de Xicoténcatl.

No era el primero en aparecer en las coordenadas mediáticas con pesadas pruebas llevadas por él mismo, sin ayuda de colaborador alguno.

Esa suerte la practicaron en las discusiones de fraude electoral en el 2006, con premio de primera plana al día siguiente, Gerardo Fernández Noroña y Claudia Sheinbaum, en el arrastre de cajas con papeles, en un diablo.

En la casona de Xicoténcatl, ayer Navarrete se bastó con sus brazos. Y con sus engargolados se abrió paso entre la luz de la fotografía periodística. Entró a la sala de reuniones de la Junta de Coordinación Política y abrumó a sus colegas.

—¿Vamos a leer eso?

La sorpresa amainó. Eran las copias para todos. El expediente quedó de una pulgada. Cada líder encargará a sus colaboradores que lean por él. El fuero incluye ayudas.

Entraron en materia. Conocieron detalles relevantes de Mouriño empresario y servidor público; los negocios de las familias paterna, del suegro y, como en las telenovelas, apareció un personaje nuevo. Se llama Karim Elías Bobadilla.

Se trata del hombre de las confianzas de Mouriño, a su vez es el más cercano al presidente Felipe Calderón. Saltó del equipo de trabajo en Los Pinos a la chamba de contralor de las licitaciones en Pemex.

El expediente incluye siete declaraciones patrimoniales de Mouriño.

—Esas no se encuentran en cualquier parte —diría el priísta Manlio Fabio Beltrones.

—¿Hay “fuego amigo”, senador Beltrones?

—Pues si no lo hay, se le parece mucho —contestó con tranquilidad.

—¿Para cuándo se resuelve?

—Nunca las decisiones apresuradas han sido las más adecuadas.

Y varias veces dijo:

—En este delicado asunto, ni impunidad ni linchamiento.

Ni sudor ni congoja, de parte suya.



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