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"AMLO quería ser el mártir, por eso nunca negoció"

TEXTO JOSÉ LUIS RUIZ • FOTO PABLO CAMPOS| El Universal
Lunes 26 de noviembre de 2007

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Vicente Fox Quesada estaba tan dispuesto a negociar el asunto del desafuero con Andrés Manuel López Obrador, que hasta le ofreció el avión presidencial para que lo llevara de la ciudad de México a Guanajuato, y recibirlo, incluso, en su rancho de San Cristóbal, para tratar de manera personal el caso, que para ese 23 de abril de 2005 tenía en vilo al país, recuerda el ex vocero de Los Pinos, Rubén Aguilar.

Ese día, narra, el entonces presidente había escuchado los argumentos de sus más cercanos colaboradores para que diera marcha atrás al tema del desafuero. Estaban en su rancho de Guanajuato, sentados en una gran mesa colocada en el verde y bien cuidado jardín que se encuentra frente a la casa de los Fox. A esa hora ya habían degustado platillos mexicanos, carnitas, tostadas y guacamole.

El propio mandatario sacó a cuenta que el gobernador de Nayarit, Antonio Echevarría, le había comentado el interés de López Obrador de dialogar, y que la idea lo entusiasmaba. Así lo relata, en entrevista con EL UNIVERSAL, el propio Aguilar, coautor con Jorge G. Castañeda del libro La Diferencia: Radiografía de un sexenio.

Frota sus manos y luego entrecierra los ojos para arrancar los primeros recuerdos al tiempo. Deja fluir las ideas y da detalles de la forma como el entonces presidente le pide que hable con José Agustín Ortiz Pinchetti, ex secretario de Gobierno del tabasqueño, para que le dé el mensaje de Fox. “El presidente Fox comentó que el gobernador de Nayarit le afirmó que había voluntad de López Obrador de negociar. Entonces se dijo que si existía tal cosa, busquémosla, y quien tenía una relación más cercana con Ortiz Pinchetti era yo. Entonces le hablé y le dije que teníamos información de parte del gobernador de Nayarit, de que habría voluntad de diálogo de López Obrador, y que el presidente tenía la misma voluntad, que de ser posible se vieran ese mismo día, y que si había necesidad, o Fox viaja a la ciudad de México o le manda el avión (presidencial) para que venga al rancho, y se dé la negociación”.

Asegura que en esa reunión se valoró cualquier cosa que abonara a la posibilidad de desactivar la situación del desafuero, y que entonces se buscó esa salida. “Y en ese marco, si alguien decía que hay voluntad de diálogo, si López Obrador quiere dialogar, el presidente también”, agrega.

Ese día en el rancho San Cristóbal estuvieron, confirma, Eduardo Sojo, secretario de Economía; Ramón Muñoz, jefe de la Oficina de la Presidencia para la Innovación Gubernamental; Daniel Cabeza de Vaca, consejero jurídico; Manuel Espino, dirigente nacional del PAN, y casi con certeza, recuerda, Gerardo Priego, ahora diputado federal panista. Y que al mediodía se incorporó el secretario de Gobernación, Santiago Creel; su asesora María Amparo Casar, y él, quienes llegaron a bordo de un helicóptero del Estado Mayor Presidencial.

“José Agustín me regresa la llamada unos 20 minutos después de que le hice la propuesta… Me dice que López Obrador no ha pedido el diálogo, que no, de eso no hay nada, y eso fue todo. Bueno, le dije, está bien, gracias José Agustín”, relata. Asegura que la conversación fue “brevísima”, de entre tres y cuatro minutos.

Luego del recuerdo, arremete contra el tabasqueño: “El que no quería negociar nunca era López en su lógica de hacerse el mártir…y a este país que le fascinan los mártires, le cuesta (al país) reconocerse como triunfador, se identifica más con la víctima. Me parece que esa siempre fue la estrategia. Acepta que esta parte de la historia no fue incluida con detalle en el libro porque al momento se “cercenar” los capítulos para reducirlos de 40 mil a 10 mil palabras cada uno, se dejaron fuera episodios que de alguna manera se conocían.

—Sin duda que es relevante, pero en ese momento había otras muchas cosas que tuvimos que quitar. Ahorita, lo que produjo el ponerlo en primera plana en EL UNIVERSAL y la reacción, cobra un sentido que es más relevante de lo que nosotros pensamos (Rubén Aguilar y Jorge G. Castañeda). De hecho, esa reunión la platicamos entre renglones, pero la cortamos. Se contaba eso —en el esquema de las 40 mil palabras—, de cómo a las once de la noche salíamos en el helicóptero de regreso (Creel, Amparo Casar y el propio Rubén Aguilar), ya con la negativa de AMLO.

—Puedo confirmar como lo dijo EL UNIVERSAL que la expresión fue: “¡Lástima!, se pierde una muy buena oportunidad”. Y que si hubiera aceptado López se acaba ahí todo el relajo.

El viernes, este diario publicó parte de este episodio, cuando conoció que estaba incluido en el libro La Diferencia. Aguilar explica ahora que fue editado, “cercenado”, por los autores del texto. Y sobre la revelación, el ex vocero presidencial afirma: “La vida pública no tiene secretos, la vida privada y la vida íntima debe ser respetada. La vida pública debe ser transparentada siempre”.

Asegura que en ese momento, Fox tenía algo clarísimo: “Que López Obrador jamás iría a la cárcel y que esa foto que él quería jamás se la daría”. Pero justifica la negociación: “Estaban en juego dos valores: el valor de la aplicación estricta de la ley y del derecho, y el valor de la democracia”.



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