Tras la huella de Loti
Estambul.— La primera vez que llegué a Estambul cumplí un itinerario insólito, Eyub, Galata, Pera, Mármara, el Cuerno de Oro, las mezquitas de Ahmed y Santa Lucía, el Serrallo. El recorrido de esos y otros sitios de la antigua Constantinopla fue la ruta de mi ingreso a la revista que hizo historia en el periodismo mexicano. Fue el primero y durante años el único albergue de todas las ideas políticas. La diversidad de opiniones desconcertaba porque se suponía hasta ese momento que cada periódico debía obedecer a una tendencia, a cierta congruencia entre los trabajos publicados. De pronto México tenía un medio periodístico cuyo editorial establecía su línea respetando testimonios, críticas, reportajes y ensayos tan contrastantes como el origen de sus autores, afiliación a partidos, ubicación en la sociedad, literatura, academia. La máxima ambición de todo periodista era escribir alguna vez ahí. José Pagés Llergo fue un hombre a quien quise como amigo, hermano mayor y maestro. Era una leyenda por las batallas libradas contra la censura, la última de ellas provocada por la publicación en la revista Hoy, que él dirigía, de una foto donde Beatriz Alemán, hija del ex presidente, aparecía en compañía de su esposo Carlos Girón viendo en su luna de miel a una corista desnuda en un cabaret de París. Los dueños de la revista le advirtieron que no publicara esa foto. Pagés la puso a plana entera y fue despedido. Con él se fue un grupo selecto del pensamiento de México para fundar Siempre!: Octavio Paz, Alejandro Gómez Arias, Carlo Coccioli, Carlos Loret de Mola, Indalecio Prieto, Nemesio García Naranjo, Vicente Lombardo Toledano, Ezequiel Padilla, Emilio Uranga, Renato Leduc, José Alvarado, Rafael Solana, Paco Martínez de la Vega, Tomás Perrín, Arias Bernal, Jorge Carreño, Freyre. Luego se sumarían Fernando Benítez, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Rosa Castro, quien haría la primera entrevista a Gabriel García Márquez al aparecer Cien años de soledad. Y el propio García Márquez con Un hombre ha muerto de muerte natural, obituario de Hemingway fechado el mismo domingo 2 de julio de 1967 en que Gabriel llegó a México. En el Focolare de la Zona Rosa, Álvaro González Mariscal, mitad político, mitad periodista, me dijo: —Te quiere conocer Pagés Llergo. Me acerqué a su mesa. —Siéntese —tono brusco autodefensivo—. ¿Usted es el que escribe en El Redondel? —Sí, señor. —Ya déjese de esas tonterías. Me preguntó mis proyectos. —Mañana viajo a Estambul. Reaccionó asombrado: —¿A Estambul? ¿Mañana? —Sí, invitado por Air France a inaugurar su primer jet París, Roma, Atenas, Estambul. —¿Ha oído hablar de Pierre Loti? —preguntó Pagés. —Sí, por supuesto. —¿Qué ha leído de Loti? —Las desencantadas, Visiones de Oriente. Pagés me interrumpió: —Carajo, hasta que conocí a un lector de Loti. Busque las huellas de Loti y escríbame un artículo. Me quedé frío. Mi reportaje apareció en Siempre! ocupando una página completa el 3 de junio de 1959. Algunos párrafos dispersos: “Subí esta tarde a Eyub, buscando la huella de Pierre Loti. Se llega a lo alto por un angosto camino de tierra en el que a duras penas cabe un automóvil”. “Por las laderas de esta colina las tumbas descienden hasta el nivel del Bósforo, que aquí forma un brazo llamado Cuerno de Oro. Este es el escenario que Loti describe en Las desencantadas. ¿Pero es este? Una de dos: o el panorama cambió radicalmente o cualquier editor habría despedido al reportero Loti. Sí, las cosas han cambiado desde que Loti vino a Estambul. Él trató de privar de su misterio a las mujeres. Otros lograron borrar el encanto a Turquía. El presidente Ataturk quiso europeizar el país. En sólo 15 años cambió costumbres de más de 15 siglos. Tal vez a eso se deban tantas cosas inexplicables en esta tierra. Hay más de 600 mezquitas en Estambul. A ciertas horas, desde los minaretes, los muecines llaman a orar. Los turistas dejan sus florsheim junto a los mugrosas babuchas de los creyentes y entran a tomar fotos. El cojo y el mendigo mueven sus labios, repitiendo sus rezos al compás de los disparadores de leikas. (‘Y sin embargo, son más felices que yo, me dice un turista, porque el cojo tiene su muleta y el mendigo tiene la caridad ajena. En cambio, yo no rezo’). Ha pasado más de medio siglo desde que Loti ocupó esta misma mesa a la cual estoy sentado. Turquía ha sufrido su más grande cambio, pero hay algo que no termina de avanzar. Algo que detiene la huida turca hacia Europa. Como si el faldón de Estambul se hubiera atorado en la punta de algún alminar”. Los jueves aparecía Siempre! Mi texto a plana entera. Mientras lo leía sonó el teléfono. Pagés, muy enojado: —Oiga, ¿cree que soy su tonto? —¿Qué le pasa, maestro Pagés, qué hice? —Estoy esperando su artículo. Tengo que cerrar hoy el número. —Usted sólo me pidió un reportaje, no me dijo que yo iba a enviar otra colaboración. —Pues ahora se lo estoy diciendo. Escriba de lo que quiera cada semana. Y cierro hoy, carajo. Colaboré en Siempre! durante 10 años. Habría podido dedicarme sólo a eso, porque pagaba muy bien (500 pesos a la semana, cuando esa cantidad equivalía casi a un sueldo mensual), pero llegó un momento en que mi labor como conductor de noticieros resultó incompatible con mis artículos. Preferí dedicarme exclusivamente al periodismo televisivo y Pagés comprendió mis razones. Pasaron seis meses y un día me habló el contador de Siempre!: —Oiga, aquí hay una lana suya que no ha venido a cobrar. —¿Cuál lana? Si ya no escribo ahí. —Eso no importa. Dice el señor Pagés que usted aquí cobra mientras viva. Y me siguieron pagando mientras él vivió. Regreso hoy a Bizancio, Constantinopla, Estambul, la misma ciudad con tres nombres, según la etapa en que ahí cambió el mundo su destino. Como yo hace cinco décadas el mío. Estambul.





