"Piolín" Sotelo, el locutor de inmigrantes
Se acercaban desde unas 20 cuadras, hacia el Ayuntamiento de Los Ángeles, marchando por sus derechos, por su dignidad. Justo en el centro de toda la actividad dos hileras de gente avanzaban, protegiendo a alguien. Era Eddie Piolín Sotelo, el famoso locutor de radio, perdido en la conmoción. "Amo este país tan hermoso -gritó en el micrófono. Ante los ojos de Dios no existen fronteras, no existen países, solamente una familia. Y este es el pueblo. No el tipo de políticos con corbata que están atrás de un escritorio. Es la gente que trabaja, señores, ¡esta es la gente que merece respeto!". Los cientos de miles de personas que lo escuchaban ovacionaban frenéticamente mientras hablaba. "¡Estamos unidos! -exclamó Piolín-. Este es el inicio de una nueva era. Porque todos juntos, ¿a qué venimos a Estados Unidos?". "¡A trabajar! ¡A triunfar!", clamó la multitud. Antes del 25 de marzo Sotelo ya era un personaje famoso de la radio. La población de trabajadores inmigrantes mexicanos y centroamericanos en Estados Unidos es demasiado grande como para ser ignorada por los gigantescos medios multinacionales, como Univision, propietaria del programa "Piolín en la Mañana", dirigido a esta enorme y creciente audiencia, porque en más de una forma él mismo es una manifestación de sus aspiraciones. Pero ese día, el 25 de marzo, en un breve instante de la historia se volvió el rostro del movimiento por los derechos de los inmigrantes en Estados Unidos. Es un papel que asumió a regañadientes desde el principio. Hoy, Piolín asegura que sólo es una voz entre las muchas que abogan por el movimiento. Hoy en día, Piolín tal vez sea la personalidad más famosa de la radio de Estados Unidos. Ha construido su fama gracias a una nueva fórmula: la comunicación directa y abierta con su público. Su programa es escuchado por inmigrantes en 17 ciudades de Estados Unidos y las regiones vecinas. Sus 10 millones de radioescuchas lo colocan entre los de más alto -o el más alto- rating de la radio. ¿Cómo ha logrado tanto éxito? Atrayendo a la audiencia como si fueran sus amigos. "Lo siguen como un miembro de la familia", dice una colaboradora. En 1986, cuando tenía 16 años, Sotelo salió de Ocotlán, Jalisco, para reunirse con su padre, que vivía en Santa Ana, en el centro de Orange County, al sur de Los Ángeles. Ya en la frontera de Tijuana, mientras se preparaba para cruzar ayudado por un pollero, comenzaron sus problemas. Hubo que cruzar arroyos y colinas, atravesar la autopista corriendo, y luego viajar con otros dos inmigrantes en la cajuela de un coche, donde tuvo que hacerle un pequeño agujero al toldo para poder respirar. Finalmente, Sotelo llegó a Santa Ana, donde vivió en una cochera rentada con su padre y se puso a trabajar recolectando latas de aluminio para luego unírsele en un laboratorio de revelado fotográfico. Pronto decidió probar suerte en la radio. Durante su tiempo libre grababa su voz en una casetera como si fuera un DJ presentando a Los Bukiso a Vicente Fernández, y dando noticias e información a una audiencia inexistente. La oportunidad se presentó en una estación de radio en Corona, una pequeña ciudad más al este de la costa, que necesitaba un locutor de noticias. Sotelo no tenía experiencia, pero le mintió al gerente. Al principio cometió grandes errores hasta que le dieron un espacio para poner música y contestar llamadas de la audiencia. Pronto se mudó a una estación de radio más grande en Orange County. Fue allí donde tomó el apodo para su personalidad en la radio: Piolín. "De compas te dicen sobrenombres, entonces a veces nos tirábamos sobrenombres fuertes, y uno me puso así por jetón, chaparro y ojón." El programa de Sotelo no tardó en hallar una audiencia entusiasta. Pero como Piolín no tenía papeles, era una presa fácil para sus celosos competidores. Mientras trabajaba en Santa Ana, sus jefes descubrieron que era indocumentado, por lo que lo despidieron. +++ Luego se mudó a Sacramento, a más de 600 kilómetros al norte de Los Ángeles, la capital del estado de California, y le ocurrió lo mismo. Durante su última audiencia en la corte, justo cuando pensó que ya no había nada que hacer, que debería regresar a México, un oficial le preguntó "¿Eddie Sotelo?". Respondió que sí. Tenía su permiso de trabajo. Podía quedarse en Estados Unidos.
Piolín se salvó. Después aceptó un trabajo en San José, y luego, en 2003, en Los Ángeles, el lugar en donde su carrera despegaría hasta alcanzar sitios inesperados. * * * En diciembre de 2005 la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó la ley H.R. 4437 que buscaba criminalizar a millones de indocumentados y a quienes los ayudaran. Gran parte del éxito del movimiento que nació el 25 de marzo en el centro de Los Ángeles se le puede atribuir a Eddie Piolín Sotelo y a otros locutores que fueron contactados por la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes de Los Ángeles (CHIRLA, por sus siglas en inglés). Álvaro Huerta, de CHIRLA, dijo que Piolín y otros locutores de Los Ángeles jugaron un papel esencial para congregar las enormes cantidades de personas que se vieron durante las marchas por los derechos de los inmigrantes. "Costó mucho trabajo que se involucraran, porque los locutores no necesariamente están comprometidos políticamente". Piolín insistió en la idea de unidad latina. "Somos muchos, pero no estamos unidos -recuerda haberles dicho a sus escuchas-. Nos tumbamos, nosotros mismos nos hacemos daño." El 25 de marzo fue un gran éxito. Al menos medio millón de personas marcharon pacíficamente. Piolín parecía ser el nuevo rostro del movimiento. Después de ese día fue lanzado a los reflectores nacionales e internacionales. Su perfil aparecía en las primeras planas de The Washington Post y Los Angeles Times . Sotelo era una estrella, más grande de lo que hubiera imaginado jamás. Incluso formó parte de la audiencia del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, durante las festividades del 5 de Mayo en la Casa Blanca. Sus radioescuchas le advirtieron que no fuera, temerosos de que lo "compraran", pero Piolín regresó victorioso, y se robó unas cuantas "toallitas" con el emblema de la Casa Blanca de uno de los baños. Desde entonces, sin embargo, Sotelo se ha distanciado hasta cierto punto del movimiento por los derechos de los inmigrantes. No jugó un papel visible durante las dos marchas del 1 de Mayo que atravesaron Los Ángeles. De hecho, alentó a los estudiantes para que asistieran ++++++++a clases e instó a los trabajadores que fueran cuidadosos para no perder sus empleos si se unían al boicot. Encaramado sobre la ciudad en el piso 25, Eddie Piolín Sotelo observa Los Ángeles, una metrópolis morena que no se diferencia de la ciudad de México en su enorme extensión, su contaminación y su mexicanidad. "Sí, hay mucha discriminación" -asiente con la cabeza. (Traducción: Jéssica Juárez. Versión resumida del textopublicado en la actual edición de Gatopardo/México)





