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"Nacho del Valle, un ranchero irreverente"

EMILIO FERNÁNDEZ | El Universal
Domingo 14 de mayo de 2006
Se le considera el artífice de echar abajo, con la ayuda de los habitantes de 13 poblados, un negocio de casi 3 mil millones de dólares que se realizaría en las tierras ejidales de la región de Texcoco, por el que ya se frotaban las manos en Los Pinos y en Toluca

El subcomandante Marcos lo gritó la noche del sábado 6 de mayo ante miles de simpatizantes de "La otra campaña" y del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) en el corazón de San Salvador Atenco: "Ignacio del Valle sería mejor presidente que Fox y que Enrique Peña".

La propuesta aún retumba en los oídos de los fieles seguidores del líder del movimiento campesino que echó para atrás el proyecto aeroportuario más ambicioso de la administración foxista.

Una y otra vez lo repite Juan Alfaro Flores, nombre que escogió para proteger su identidad, uno de los integrantes del FPDT, quien fue de los pocos que quisieron hablar del ahora dirigente recluido en el penal de máxima seguridad de La Palma.

"Nacho del Valle debería ser presidente y no Fox. Debería ser gobernador y no Peña Nieto", piensa en voz alta para que lo escuchen.

A Ignacio del Valle, un ceceachero irreverente, próximo a cumplir en el mes de julio el medio siglo de vida, se le quiere o se le odia. Con él las medias tintas no caben.

Para los gobiernos federal y estatal es sólo un radical, un delincuente, alguien que actúa al margen de la ley, según se expresó de él Humberto Benítez Treviño, secretario de Gobierno mexiquense, luego de anunciar su detención el jueves 4 de mayo en Texcoco después de los enfrentamientos en San Salvador Atenco entre los pobladores y los efectivos de la Policía Federal Preventiva (PFP) y de la Agencia de Seguridad Estatal (ASE).

Y no es para menos si se le considera el artífice de echar abajo con la ayuda de los habitantes de 13 poblados un negocio de casi 3 mil millones de dólares que se realizaría en las tierras ejidales de la región de Texcoco, por el que ya se frotaban las manos en Los Pinos y en la Casa de Gobierno de Toluca.

Esa visión del Ignacio del Valle violento, beligerante, es compartida por muchos sectores de la población que lo responsabilizan de los hechos que sacudieron las conciencias de muchos el 3 y 4 de mayo, cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo.

Pero para los que están en el círculo cercano a él, no es más que un ejemplo a seguir, alguien al que muchos les gustaría emular.

Hasta el mismísimo delegado Zero enalteció a Del Valle Medina y su gente cuando visitó el 24 de abril el autodenominado territorio rebelde de San Salvador Atenco la noche del 24 de abril pasado.

"Venimos a reconocerles como nuestros hermanos mayores, porque nos han enseñado también a desafiar al poderoso, a enfrentarlo y a defender con nuestra propia fuerza aquello que nos quieren quitar: la tierra, la libertad y la vida, dijo entonces el encapuchado a miles de pobladores.

Con esas loas el ego del vendedor de barbacoa y pollo los fines de semana se elevó a los cielos.

Sus raíces

Ignacio del Valle Medina vio la primera luz el 31 de julio de 1956 y por sus venas ya corría desde entonces sangre revolucionaria.

Fue el más pequeño de sus ocho hermanos.

No se convirtió de la noche a la mañana en un gestor social en el municipio donde creció en el que la marginación y la pobreza son una constante.

Lo que hizo Nacho, como le dicen "En la orilla del agua", origen náhuatl de Atenco, fue seguir la tradición familiar de luchar por las causas sociales de los desprotegidos.

Es sobrino de Odilón del Valle, quien en 1929 agrupó a los comuneros de San Salvador Atenco para exigir a los terratenientes de la Hacienda Grande las parcelas donde sus padres trabajaron.

El levantamiento campesino de esa región les rindió los primeros frutos, pues el presidente de la República, Pascual Ortiz Rubio, en Chalco, les entregó en sus propias manos sus títulos de propiedad.

Uno de los beneficiarios de las bondades presidenciales fue Luis del Valle, padre de Ignacio, quien entonces apenas era un niño.

La parcela que recibió el padre de Nacho la trabajó con fervor, y con lo que obtenía de la siembra de maíz y fríjol pudo mantener a su numerosa familia integrada por 10 personas.

Con el paso del tiempo Luis del Valle pudo juntar un capital para poner un molino y una carnicería, negocios que permitieron a los Del Valle Medina mejorar su situación económica un poco.

Don Luis pudo entonces enviar a Nacho a Texcoco para que cursara la primaria y la secundaria y en la década de los 70 el CCH Naucalpan.

Las historias de guerrilla del Che Guevara, Lucio Cabañas y Genaro Vásquez llamaron poderosamente la atención del ceceachero.

Ho Chi Min y el primer ministro cubano Fidel Castro acabaron por definir su ideología.

Ignacio del Valle combinaba los estudios de bachillerato en la UNAM, con las labores del campo y la carnicería que le enseñaba su padre.

El ejemplo de su tío Odilón, de su abuelo Longinos del Valle, quien perforaba pozos para regar los cultivos de la región de Texcoco, y de su padre, quien fungió como síndico procurador y formó parte del comisariado ejidal, despertaron en Nacho el interés por involucrarse en los problemas que afectaban el entorno social en la segunda mitad de la década de los 70.

En 1976 participó en la que sería la primera actividad política del ahora encarcelado dirigente del FPDT, al que el jefe del Estado Mayor de la PFP, Ardelio Vargas, considera en vía de ser desarticulado.

En compañía de otros habitantes de la región de Texcoco, protestó porque el gobierno del estado de México incrementó los impuestos catastrales.

Habitantes Unidos de San Salvador Atenco (HAUSA) fue la organización con la que Nacho del Valle empezó a poner de cabeza al gobierno municipal y estatal. Todos venían con él para que les resolviera los problemas que las autoridades no podían hacer.

Así se empezó a generar su liderazgo. Así empezó a ser respetado por los que recibían su ayuda y así empezó a ser odiado por los que él llamaba y sigue llamando "los de arriba".

La aparición pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994 reactivó los ideales de justicia social de Nacho del Valle.

Desde entonces se declaró un seguidor de las causas zapatistas y de su líder emblemático, el subcomandante Marcos.

"La presentación en sociedad" en los planos nacional e internacional de Ignacio del Valle y del FPDT fue en diciembre de 2001, luego de que el gobierno del presidente Vicente Fox publicó los decretos de expropiación de más de 5 mil hectáreas de la región de Texcoco para la construcción del aeropuerto alterno de la ciudad de México.

El lograr que el gobierno federal suspendiera la construcción del aeródromo en los dominios del rey poeta Nezahualcóyotl le trajo a Ignacio del Valle el reconocimiento de los que lucharon hombro a hombro con él, pero también el encono de mucha gente, dentro y fuera de San Salvador Atenco.

La serigrafía, oficio del que decía será su actividad hasta su muerte, se convertía en su refugio para olvidarse por momentos de la vorágine que había a su alrededor.

Sus detractores que son muchos, como Teodoro Martínez, un priísta al que los del FPDT acusaron de recibir dinero del gobierno estatal para que entregara a muchos de sus compañeros el 4 de mayo, sostienen que Nacho del Valle cobraba dinero por participar en las protestas a las que lo invitaban.

Juan Alfaro Flores lo defiende a capa y espada. "Cómo pueden decir eso de él, si es la persona más honesta que conozco", aseguró.

María Rodríguez respaldó esa opinión: "Don Nacho no luchaba por interés personal, lo hacía por ayudar a los demás".

Juan Alfaro, quien conoce a del Valle Medina desde hace 25 años, desmitifica la imagen violenta que le han dado al dirigente del FPDT algunos medios de comunicación, el gobierno federal y estatal.

Otro rasgo del liderazgo de Ignacio del Valle lo dio justo momentos antes de ser golpeado y detenido por los policías estatales el 3 de julio, cuando se atrincheró con otros de sus compañeros en una casa del centro de Texcoco, contó su esposa Trini, quien se encuentra escondida ante el temor de ser también aprehendida.

"Cuando él se dio cuenta de que ya iban por él, de que ya lo iban a bajar de donde estaba, me llamó. Me dijo: ´Sé que hay cosas muy graves, pero no odies´".

"Ese es el Ignacio del Valle que nosotros conocemos y no que el quieren dibujar los demás", dice Juan Alfaro.

Por eso insiste: "¡Nacho para presidente!".



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