Canal 40 y Proyecto 40: libertad
En CNI Canal 40 tuve abiertas las puertas para la libertad de expresión. CNI Noticias era Ciro Gómez Leyva. Apasionadamente trabajamos con él un grupo de profesionales comprometidos con la alternativa periodística que él inició. Javier Moreno Valle me apoyó, como a otros comunicadores en esa empresa, a denunciar y opinar sobre hechos públicos; frente a esa carta blanca sólo nos pedía documentar nuestras afirmaciones. La libertad fue la tónica de trabajo por cinco años, mientras CNI Noticias estuvo al aire. En ese lustro, paso a paso, el canal 40 fue ganando credibilidad y audiencia con esfuerzo, rigor y creatividad. Mientras realizábamos nuestra cotidiana labor informativa ocurrieron eventos ajenos a los trabajadores. CNI firmó una alianza con TV Azteca que terminó en juzgados y que desencadenó una reacción estrepitosa en medios de comunicación y en círculos de poder; los costos fueron muchos y muchos los salpicados, hasta el Presidente acuñó su célebre frase "¿Y yo por qué?". Los problemas financieros y de operación condujeron a la movilización de los trabajadores y algunos de ellos optaron por la organización sindical. La mayoría decidimos no sindicalizarnos. Después de 17 prórrogas estalló la huelga de los trabajadores sindicalizados el 19 de mayo de 2005. Ante la disyuntiva de proceder judicialmente, varios colegas resolvieron formar una coalición y proceder legalmente contra el concesionario de Canal 40. Yo tomé una decisión personal: no demandar a Javier Moreno Valle; los menos tomamos esta opción. Me abstuve de acudir a instancias legales contra Moreno Valle, ya que desde tiempo atrás me habían quedado claras las reglas del juego: laboraba en una empresa insolvente en la que decidí quedarme. Seguir aportando mi trabajo a ese espacio editorial era una aceptación tácita y solidaria de las precarias condiciones de operación que, sin embargo, no mermaban la construcción de una alternativa periodística de creciente relevancia social. Después de estallada la huelga, me pareció una aberración demandar a un empresario en dificultades, cuando antes, por mi libre voluntad, había aceptado seguir en las filas del 40. Muchos otros colegas y amigos habían renunciado al Canal ante los aprietos del desgaste personal y familiar que enfrentaban por acumular quincenas impagadas. Los sucesos siguientes han sido consignados en los medios de comunicación. La historia del Canal 40 ha sido la historia de una polarización, se esfumaron los grises, todo se volvió blanco o negro. Los argumentos siempre estuvieron presentes, siguen presentes. Pero la polarización nos llevó al anatema y las antípodas de buenos vs. malos. Éramos los buenos, las víctimas, algunos nos convirtieron en "héroes", sin que nosotros lo quisiéramos. Parece ahora imposible salirse de ese maniqueísmo sin descuadrar la caricatura, sin convertirse en "malo". Cuando me invitaron a trabajar en Proyecto 40 me alarmó que se reabriera una señal de televisión con una causa que todavía se litiga en juzgados. Pregunté a los abogados de ambas partes y hablé con Ciro Gómez Leyva. Tomé una decisión controvertida y compleja. Los días han transcurrido y ahora sé que hay negociaciones en marcha con Javier Moreno Valle. Proyecto 40 está diseñado como una señal televisiva de información y cultura. Su administración corre independiente de TV Azteca y tiene un consejo editorial autónomo. Para aceptar el espacio periodístico pedí que se me garantizara absoluta libertad editorial y de expresión. Explícitamente solicité que Ricardo Salinas Pliego, a quien no conozco personalmente, supiera que nunca me prestaré a atacar a ninguno de mis colegas de CNI ni a Javier Moreno Valle; cuando lleguen los veredictos de este caso serán informados, pero no adjetivados. Pedí esas garantías y las aceptaron. Azteca no me ha pagado los honorarios de 27 quincenas que no me solventó CNI. No he cobrado y no cobraré ese adeudo hasta que cobren mis colegas, quienes están en la misma situación que yo. No hay buenos contra malos. Confío en que serán respetadas las garantías que me ofreció Proyecto 40. Sé que tenemos un duro trabajo por delante para crear un canal de comunicación con la sociedad donde destaquen la información y la cultura frente a la TV comercial que hoy por hoy tenemos. Ésta es una nueva opción que tendrá que consolidarse en calidad y demostrar que valora al público y lo respeta intelectualmente. En mi opinión, participar en Proyecto 40 me permite seguir trabajando bajo el compromiso de la libertad, la independencia y la pluralidad. Si Proyecto 40 incumpliera esta misión, dejará de existir mi motivación para trabajar en este espacio. La opción que representaba Canal 40 no tiene que perderse. Los televidentes siempre han elegido. No hay peor noticiario que el que no tiene pantalla. Estar al aire bajo una polarizada mirada no minará que cumplamos el compromiso que es público: independencia, pluralidad y libertad. Las tres consignas son un digno mandato.





