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De mentiras y frases inauditas, esquizofrenia en la política

ALEJANDRO SUVERZA| El Universal
Domingo 19 de febrero de 2006
Los funcionarios dibujan un México imaginario para no asumir responsabilidades, señalan sicólogos. Por una ambición de poder, defienden a ultranza a una institución y al aparato de gobierno. Creen y viven dentro del discurso que han construido y entre más autoritarios, más convencidos, opinan

El 9 de enero, cuando el vocero presidencial Rubén Aguilar hacía una declaración en el salón de conferencias de Los Pinos, se escuchó un murmullo que vino de menos a más. Los reporteros que cubrían esa área del gobierno federal, se voltearon a ver unos a otros. Muchos no aguantaron la risa. En el rostro del funcionario se dibujó una sonrisa nerviosa, acababa de declarar que "arriba de 80, 85% de los mexicanos que emigran a Estados Unidos tenían un empleo en México".

En los siguientes días, la lluvia de críticas empapó al vocero presidencial. Líderes de opinión, iniciativa privada, columnistas y legisladores consideraron sus palabras como un insulto a la inteligencia de los mexicanos. La declaración de Aguilar fue vestida de calificativos: "Aventurada", una "burla", una "mentira", una "torpeza", una "ridiculez", "cinismo".

Políticos y funcionarios del gobierno mexicano que minimizan, que dicen frases que parecieran inauditas o descabelladas. ¿Acaso mienten consciente o al parecer inconscientemente? Sicólogos y académicos analizan su personalidad y su manera de describir la realidad.

Si la realidad del país se construyera con frases de políticos y funcionarios mexicanos, no habría necesidad de esperar 10 años para que la economía de México se iguale con la de Japón, porque durante esta administración debió crecer 7%.

Y del conflicto de Chiapas, ya ni se hablaría porque debió resolverse en los primeros 15 minutos del 1 de diciembre de 2000.

Cuando son aspirantes o precandidatos prometen, cuando son presidentes, gobernadores, secretarios de Estado o funcionarios no miran la pobreza, el campo no enfrenta problemas. La inseguridad en el país existe, pero no es para tanto.

O, como dijera el entonces secretario del Trabajo y Previsión Social, Carlos Abascal Carranza, en mayo de 2003: "El desempleo no hay que ponerlo como un motivo de escándalo, porque hay ángulos que muestran que México lo está haciendo mucho menos mal -digámoslo así- que otro países".

Su realidad

Políticos y funcionarios que defienden a capa y espada a la institución y al aparato de gobierno a que pertenecen. ¿Por qué lo hacen? Círculos de poder en los que la autocrítica no tiene cabida. Y sueltan frases incongruentes, desatinadas y dejan la impresión de que no se enteran del significado de sus palabras.

El sicólogo de la UNAM Benjamín Domínguez Trejo asegura que muchos políticos mexicanos que podrían encajar en una personalidad autoritaria, confunden sus intereses personales con los intereses de la población.

"La base mental de lo autoritario es que yo soy dueño de la razón. No abrigan ningún grado de incertidumbre. Ellos creen y viven dentro de ese discurso que han construido y es muy difícil que la evidencia los corrija. Mientras más autoritarios, están más convencidos de que su discurso y descripción de la realidad es la que debe imponerse a los demás. Simulan que existe una realidad y que se está actuando sobre esa realidad. Ellos se la creen, están viviendo una esquizofrenia en el sentido clínico, viven un rompimiento de la realidad social y la realidad que han construido".

De que los hay autoritarios, los hay. El 10 de octubre de 1999, Ernesto Zedillo lo dejó en claro: "¡Permítame! ¿Me va a dejar hablar? Le exijo respeto, eh, soy el presidente de la República, si vuelve usted a hablar, me la paga. ¡Ya cállese!", le había dicho a uno de los damnificados de la lluvias en Veracruz, que le reclamó que cada año era lo mismo.

Personalidad

En 2001, durante una reunión en un grupo interdisciplinario de la UNAM, se analizó el desarrollo social de México. Los participantes identificaron dos extremos: la personalidad autoritaria y la democrática, y el balance que hicieron fue que aún se está muy lejos de presumir que la mexicana es una sociedad plenamente democrática, comenzando principalmente por las figuras que conducen los hilos del país.

Lo ideal sería que en el futuro haya más políticos y funcionarios con convicciones democráticas, que tiene que ver con un desarrollo elevado de la conciencia social.

"Eso no significa que las personas que tienen personalidad autoritaria carezcan de conciencia, entendiéndola en su forma más sencilla como la capacidad para observarnos a nosotros mismos, desafortunadamente, la conciencia se puede diluir con un cañonazo de 50 mil pesos o las condiciones materiales pueden ayudar a anularla", declara Domínguez Trejo.

Qué habrá pasado por la cabeza de Abascal cuando dijo que en empleo las cosas se estaban haciendo mucho menos mal que en otros países. O cuando el delegado de la PGR en Guerrero, José Martín Godoy, aseguró que los narcotraficantes no habían rebasado a la autoridad.

´Hueso´

Dice Liz Basáñez, especialista en sicología de la política, que las razones generales por las que una persona engaña o matiza son para no asumir responsabilidades. "Para no enfrentarme a problemas propios, y por eso defiendo a la institución, porque la institución soy yo. Para no enfrentar el problema del lugar que me da de comer. Para conseguir ventaja económica, social y poder, que aceptando la verdad no obtendría".

"Hay un tipo de políticos y funcionarios que lejos de defender a la institución, protegen y cuidan a las personas que les dieron el hueso. No a la institución, porque la institución nunca se cae", agrega.

En el momento actual hay un objetivo muy bien delimitado. Los funcionarios y políticos que defienden regularmente, lo hacen por ambición de poder y para lograrlo están dispuestos a hacer "cualquier cosa: matizar, engañar, enaltecer acciones", señala la sicóloga Basáñez, quien dirige el grupo Integra.

Declaraciones descabelladas. No se miente solamente en las situacion económica del país, sino en la vida cotidiana y en tiempos de elecciones. Los que dicen hoy -como en el caso del gobernador de Puebla, Mario Marín, en el caso de la periodista Lydia Cacho- que no era su voz. Y a los pocos días reconoce que sí.

No se puede pasar por alto que han sido tantas las frases inauditas, desatinadas de políticos y funcionarios mexicanos, que el Privilegio de Mandar, ese sketch, que era parte del programa televisivo La Parodia, fue extraído y se amplió a media hora, para ser transmitido una vez por semana. Muchas de las frases que divierten a la audiencia son textuales.

Se creó un programa que ridiculiza y convierte a políticos y funcionarios en personajes cómicos. El antecedente a esto quizás serían Los Peluches de canal 13, que ridiculizan a legisladores de los cuatros partidos, así como a gobernadores.

"Siempre hay que pensar que todo lo que dice un político es para construir cierta imagen de sí mismo. Todos los políticos inventan cosas, trabajan con máscaras. No es exclusivo de los mexicanos. Creo que son un poquito más tontos que los otros. Todo el tiempo se equivocan de contexto", dice la analista del discurso del Colegio de México, Daniele Zaslawsky.

"Creo que son tontos, creo que son malos políticos. Creo que no son muy inteligentes. Se ridiculizan". Se refiere a la frase de Rubén Aguilar sobre los que migran aun con trabajo, y afirma que fue desafortunada. Hace lo mismo de la frase de Vicente Fox al decir que se igualaría la economía de Japón y opina que nadie lo cree.

"La autocrítica no es una parte común en los discursos políticos. Tiene que haber mayor exigencia para los políticos y el pueblo de México es cada vez más exigente. Por ejemplo, nadie va a votar en función de lo que prometen los candidatos, pero sí en función de lo que construyen de sí mismos, argumenta la investigadora.

"Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería", lo dijo el político alemán Bismark. Vicente Fox dijo que acabaría el conflicto en Chiapas, cuando era candidato presidencial. Hoy, Andrés Manuel López Obrador asegura que construirá un tren bala.

Aquel 9 de enero, el vocero presidencial Rubén Aguilar soltó la frase polémica porque una reportera le comentó que representantes de la Iglesia declararon que la clase política no estaba a la altura de las necesidades de los ciudadanos. Quizás él mismo, con su declaración, lo había confirmado.



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