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El dilema de un ex ombudsman

Liliana Alcántara| El Universal
Viernes 07 de noviembre de 2003

La consigna pública de Luis de la Barreda Solórzano es: "Hay que señalar los abusos de poder".

Sobre la represión estudiantil de 1968, Luis de la Barreda Solórzano considera que se trató de un "exceso gubernamental", pero que no fue genocidio y que tampoco podrían ser castigados los autores intelectuales de esos crímenes "porque ya prescribieron".

En septiembre de 1998, ante estudiantes de la Universidad Iberoamericana, incluso, afirmó: "El derramamiento de sangre en la aciaga noche del 2 de octubre se debió a un acto de poder que fue tan criminal como innecesario y estúpido".

Y acotó: "Se cometieron crímenes contra gente desarmada".

Sobre el pasado, ha dicho que "prevalecía una total impunidad respecto de los actos de poder".

En general, quien estuvo al frente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) durante ocho años, opina que "nunca un abuso de poder puede servir para ir pavimentando el camino hacia la liberación o hacia un orden de justicia".

Luis de la Barreda fue presidente de la CDHDF de 1993 al 2001 y en la actualidad es director general del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad.

En su bibliografía destacan los títulos: La tortura en México (1989), El delito del aborto: una careta de buena conciencia (1991), La lid contra la tortura (1995), El alma del ombudsman (1999), El designio del faro (2001), Criminalidad en el Distrito Federal y Los Derechos Humanos (2003).

La gestión de Luis de la Barreda al frente de la CDHDF es calificada por la mayor parte de los organismos civiles de derechos humanos como destacada al hacer públicos los abusos de poder en la capital y no cesar hasta conseguir justicia para sus víctimas.

Por ello, luego de cuatro años de gestión fue reelecto para ocupar por segunda ocasión el cargo de ombudsman de la capital del país.

Desencuentros Durante esta segunda gestión fueron conocidos sus desencuentros con autoridades del gobierno del Distrito Federal.

Su opositor principal fue el entonces procurador capitalino Samuel del Villar.

El primer desencuentro con Del Villar surgió cuando exigió la destitución de Jesús Carrola, quien había sido nombrado jefe de la Policía Judicial. El motivo: Carrola fue acusado de tortura y asesinato en Baja California Sur.

Otro segundo enfrentamiento surgió cuando la misma dependencia designó a Víctor Carrancá Bourget como subprocurador, sobre quien pesaba una acusación de violación en contra de Javier Coello Trejo, situación que también fue denunciada por el entonces ombudsman capitalino.

Y el más sonado de sus desencuentros fue por el caso del asesinato de Francisco Stanley, en el que Luis de la Barreda insistió sobre la inocencia de Paola Durante.

Al dejar la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, De la Barreda manifestó que durante esa administración se había enfrentado a irregularidades como la fabricación de culpables, la persecución de jueces y de periodistas "como nunca antes habíamos visto".



El pasado

Para el doctor en derecho en el pasado "prevalecía una total impunidad respecto de los actos de poder".

Públicamente ha señalado que "en aquel entonces era muy común que los delitos se investigaran invariablemente por medio de la tortura; hoy la tortura es una práctica que si bien no ha desaparecido, es cada vez más esporádica y tenemos a varios servidores públicos procesados".



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