No pienso cerrar mi despacho: Fernández de Cevallos
San Juan del Río. El más famoso legislador y litigante de la política mexicana, Diego Fernández de Cevallos, rechazó que una eventual reforma legal lo coloque en la disyuntiva de optar entre sus clientes y sus responsabilidades como senador de la República. "No creo que esa sea la disyuntiva. Habrá que esperar a ver cómo viene la ley, pero en todo caso habré de acatarla. Espero, por elemental sensatez de diputados y senadores y por el bien del Congreso, que la nueva ley precise las incompatibilidades entre el trabajo de los legisladores y ciertas actividades privadas, para que no se cometa la locura por cierto muy bien vendida hasta ahora de que los legisladores deben abstenerse de toda actividad privada, lucrativa. El reportero recordó al ex candidato presidencial que en 1939 Manuel Palacios Macedo le dijo a su amigo Manuel Gómez Morín, que entonces hacía preparativos para fundar el PAN: "Cierre usted su despacho, ciérrelo, señor licenciado, y entonces creeré en usted". Luego el reportero preguntó: "En su caso, senador, ¿es aplicable la misma cuestión? ¿Usted tendría que cerrar su despacho para que la gente creyera en usted o para que la gente que dejó de creer en usted, le devuelva la credibilidad? ¿Usted no ha considerado la disyuntiva de elegir entre sus electores y sus clientes? "Para mí es una falsa disyuntiva. Hay que revisar el pasado del Congreso mexicano, para encontrar en la historia que los legisladores que más y mejor han servido desde el Congreso a México han seguido ejerciendo sus actividades profesionales. Entre los más brillantes figuran Benito Juárez, Belisario Domínguez, Ignacio Vallarta, Manuel Crescencio Rejón, Luis Cabrera, Antonio Díaz Soto y Gama y, más recientemente, Adolfo Christlieb Ibarrola, Bernardo Bátiz y muchos otros, como Heberto Castillo, que siguió ejerciendo su profesión de ingeniero y de contratista en muchos negocios vinculados al gobierno". El objetivo, agregó Fernández de Cevallos, es reducir los márgenes de tráfico de influencia y los conflictos de interés, pero no se debe prohibir el ejercicio de las profesiones. "Hay países donde no sólo se permite, sino se exige que los legisladores tengan modo honesto de vivir, como es el caso de Suiza, precisamente para evitar que predomine el tipo de políticos vividores de la política, que sólo dentro de la administración pública y del Congreso pueden hacerse de algunos dineros". En el caso suyo, a diferencia de Juárez y otros, lo que dicen varios medios informativos y periodistas, es que usted trafica con su influencia planteó el reportero. Sí, eso lo puede decir cualquier pícaro o cobarde, pero ninguno ha presentado las pruebas y las que se señalan como tales, por ejemplo la sentencia contra la Secretaría de la Reforma Agraria se dio muchos años antes de que yo fuera senador. Por más que lo he dicho, insisten en que obtuve eso como senador. Esa es una acusación cobarde, de embusteros, tracaleros, poco hombres. El coordinador del grupo senatorial panista dio a conocer que desde hace varios meses trabaja con un grupo de más de 40 estudiosos del Derecho, con el propósito de elaborar un anteproyecto de ley contra el tráfico de influencia y los conflictos de interés, pero días antes su correligionaria y compañera de escaño Luisa María Calderón había presentado otra iniciativa con idéntica finalidad. Frente a ese hecho, Fernández de Cevallos se propuso, según dijo al reportero, "por prudencia y porque es mi obligación como compañero de ella y coordinador del grupo parlamentario panista, evitar que sobre la polémica se haga otra polémica". Sin embargo, expuso: "Lo importante no es lo que diga la senadora Calderón o lo que proponga Diego Fernández de Cevallos. Lo trascendente es que pueda haber una legislación moderna, adecuada a la realidad de México, que se apoye en experiencias internacionales, sin imitaciones extralógicas". En lo personal, agregó, "me atengo a lo que en su momento pueda decidir el Congreso. Sé que hay una carga directa contra mí. La he resistido y la voy a seguir resistiendo, porque no he violado la ley y no he transgredido a mi conciencia". En la actualidad, ¿cuál a su juicio, senador, es el problema más serio, el tráfico de influencias o el conflicto de intereses? Las dos son cuestiones que se dan en todas partes y que, a pesar de lo que diga el jefe de Gobierno, López Obrador, se van a seguir dando, porque es imposible acabar con estas figuras morbosas, negativas e ilegales, como es imposible acabar con los demás delitos. Lo que debe haber es una legislación moderna que los evite al máximo. Pero pretender acabar con el tráfico de influencias o con el conflicto de intereses es una sandez. Será un buen propósito pero no es posible acabar con ellos en ninguna parte del mundo. Escucho que algunos de mis detractores ponen como modelo a Estados Unidos, y tal vez sea el país de la Tierra que va más avanzado en el tráfico de influencias y en el conflicto de intereses, nomás que allá le llaman cabildeo. Eso es lo que aparece arriba, pero aguas abajo, todo mundo sabe cómo se procesan los intereses de las grandes corporaciones, lo mismo sean del orden laboral que económico. ¿En la nueva ley debería incluirse el fenómeno del contratismo? Es algo fundamental que a veces se quiere olvidar. El verdadero tráfico de influencias y los conflictos de interés no necesariamente se dan en el ejercicio del litigio, donde todo el proceso está rigurosamente vigilado. En cambio, en el ámbito de los contratos ya sabemos lo que se da en este país y en todos los demás. Nomás es cosa de imaginarnos todo lo que puede haber después de lo que del PRD han dicho, de los contratos que dentro de gobiernos perredistas se han dado. Ya nos podemos imaginar que ahí está el verdadero daño patrimonial para la economía de municipios, estados y Federación. Pero eso no ocurre sólo en gobiernos perredistas interrumpió el reportero. Por supuesto que no convino el senador. Los pongo de ejemplo porque han sido los críticos más acerbos, los que se sienten indignados, como dijo Jesús Ortega, porque se está pagando en abonos una cuenta a cargo de la SRA. En el transcurso de la entrevista, Fernández de Cevallos reconstruyó un episodio de la vida legislativa. En la tribuna, frente al pleno, un legislador sostuvo: soy diputado, soy abogado y soy litigante. Lo voy a seguir siendo. "Es el mismo que ocupa hoy la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal. Mientras fue diputado mantuvo abierto su despacho. Yo no sé cómo su patrón lo tiene ahí si eso es corrupción", dijo Diego. Ya que usted ha mencionado dos veces al licenciado Bátiz, recuerdo que en círculos del PAN escuché alguna vez que a él se le consideraba un abogado de pobres, mientras usted había hecho una opción preferencial por los ricos. Usted es abogado de ricos y Bátiz de pobres. ¿Qué responde a esto? Esa es otra patraña. Porque yo puedo llevar 95 asuntos en favor de personas y comunidades pobres, pero esos no cuentan, no valen, no pintan, no aparecen en escena. Pero si llevo un caso en favor de una empresa importante o de un hombre de dinero eso produce escándalo. Y cuando llevo cinco, o diez o 20 asuntos contra bancos, ésos no cuentan. De manera que la crítica es tramposa, sesgada y cobarde. ¿Son más los casos de pobres, de amolados, que de ricos? Noventa y nueve a uno. ¿Lo puede demostrar? Por supuesto. ¿Cómo? Pues acudiendo a mis oficinas y llevando los expedientes de muchísimos casos, por los que además no cobro. Y por elemental pudor no tengo por qué hacer un señalamiento de caso por caso, para atestiguar a cuánta gente he atendido como abogado sin cobrar un solo centavo, entre otros a senadores de la República que, sin ser pobres, han tenido mis servicios, algunos de ellos mis actuales detractores.





