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Se lanzan lodo, en una tarde de desahogo colectivo

Juan Arvizu y Alberto Morales| El Universal
Miércoles 22 de abril de 2015
Todas las fuerzas políticas cruzan críticas, pero votan por mayoría

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Desde el arranque, se calienta el debate sobre corrupción en el Senado. Todos tienen piedras para lanzar a los demás y, en ese contexto, la oposición ataca desde el primer minuto y sucede lo inesperado, lo que no ocurría, que el PRI esté en la ofensiva.

Panistas y perredistas, así como Manuel Bartlett, coordinador del PT, lanzan sus flechas a lo más alto, la figura presidencial, que con el Sistema Nacional Anticorrupción quedará impune, intocada, dicen. “Inimputable”, precisa el presidente de la Comisión de Justicia, el panista Roberto Gil Zuarth.

El debate, en su primera parte, consume casi siete horas del pleno; abren luego una discusión más prolongada.

Es curioso. Se dan duro. Se lanzan lodo, pero cuando votan en lo general, 97 senadores van por la aprobación; dos en abstención, y ocho en contra. Esta es la tarde y noche de un desahogo colectivo, de lamentar que la sociedad desconfía de los políticos porque resbalan en la corrupción, y cuando legislan el tema, se quedan con el fuero.

El senador de la dialéctica, Manuel Bartlett Díaz (PT) que ataca la lógica ajena al decir que el dictamen que aprobará la asamblea es “una batea de babas”, asegura, para que todo siga igual, mientras que abundan los escándalos contra Enrique Peña Nieto, sus secretarios y muchos gobernadores. “No sé por qué se hacen guajes”, les reclama.

Armando Ríos Píter (PRD) pregunta: “¿Cuánto tiempo se tarda uno en llegar de la Colina del Perro a la casa blanca? Responde: 35 años y son lo mismo”.

Y de ahí pa’l real. El lodo se acumula y quedará escrito en el Diario de los Debates del Senado. La panista Marcela Torres Peimbert deja en claro que ninguna fuerza puede lanzar la primera piedra, pero la lluvia de acusaciones es copiosa.

Se ofenden sin continencia.

La cruel indiferencia priísta se hace a un lado, cuando la senadora Lilia Merodio recuerda a los perredistas algunos de sus episodios: el meter a San Lázaro a un diputado electo, Julio César Godoy Toscano, para darle fuero, y el haber hecho alcalde de Iguala a José Luis Abarca.

El Sistema Nacional Anticorrupción pasa sin despojar al Ejecutivo de la condición de inimputable, mientras que el gabinete y los legisladores y gobernadores tienen fuero. Y ante esa andanada, la priísta Diva Gastélum dice al pleno: “Esta aprobación es un hecho histórico. Y si nos gusta, qué bueno, y si no, también”. Y les recuerda sus manchas.

Sonia Rocha Acosta, del PAN, aclara señalamientos de su colega, Fernando Mayans (PRD), y le dice: “No todos los políticos somos corruptos”.

Graciela Ortiz, también priísta en la ofensiva, señala que la oposición ha estado tan crítica, que espera verla aplicar ese rigor en ellos mismos, y exige una revisión exhaustiva de la Línea 12 del Metro, que roza a Marcelo Ebrard, hoy ex perredista.

Ernesto Cordero, panista, lamenta que en el Congreso se practiquen los “moches”, con lo que testerea a sus correligionarios. Critica que los legisladores tengan fuero y haya docilidad con el Ejecutivo.

En parto con dolor nace la reforma anticorrupción.



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