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"El Guerrero enfermo podría ser dado de alta en breve"

Jorge Ramos Pérez| El Universal
Lunes 02 de marzo de 2015

Rogelio Ortega Martínez, gobernador interino de Guerrero, señala que en el caso Ayotzinapa lo importante es hablar con la verdad y atender la petición de los familiares. Agrega que le consta el esfuerzo de la Federación y la intensa búsqueda que se ha realizado para encontrar a los estudiantes.. (Foto: JORGE SERRATOS. EL UNIVERSAL )

Afirma que no ha caído en el juego de grupos que buscan victimizarse; ya se trabaja para garantizar comicios

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El calor guerrerense hacía al doctor en Ciencia Política, Rogelio Ortega Martínez, tomarse una cerveza con sus colegas de la Universidad Autónoma de Guerrero. Pero desde el 26 de octubre de 2014 se olvidó de esos placeres. Ahora ha perdido el sueño y varios kilos de peso. Los trajes que luce se le ven holgados.

Lo han amenazado personajes públicos y otros le han advertido que podría pasar a la historia como el Nerón de Guerrero. El hombre de 59 años de edad y sin experiencia política está curado de espanto. Conoce de cerca la movilización social, el activismo, la lucha popular. De joven comulgó con la subversión. Cree que el Guerrero enfermo en terapia intensiva, como lo recibió, lo dará de alta en octubre próximo que cierre su periodo de sustituto.

Acepta que gobierna una entidad con “presencia indiscutible” del crimen organizado, donde un millón de personas trabajan en actividades relacionadas con el narcotráfico, y que son el primer productor de opio en el mundo. Un territorio donde la delincuencia organizada encuentra un filón de oro para sus grandes ganancias.

El reino de Dios en la tierra

Se ve muy ambicioso para tan breve periodo de su gobierno, hay rezagos tan viejos, de siglos…

—Yo nunca me imaginé que iba a gobernar Guerrero. En mis años de adolescencia pensé que íbamos a construir el reino de Dios en la Tierra, a tomar el cielo por asalto. Con el tiempo entendí que las utopías hay que construirlas todos los días y que el máximo deseable se vuelve en la gubernatura.

¿No ve al “Guerrero bronco” saliendo para anular las elecciones?, decía usted que con el 10% se podía anular la elección en Guerrero.

—El “Guerrero bronco”, el que nos retrató en un excelente ensayo el antropólogo Armando Bartra, hoy está dimensionado a la “n” potencia y ahí lo hemos visto, es el toro bronco, el que me tocó lidiar y creo que la mayor satisfacción de mi vida va a ser cuando pueda decirle al pueblo de Guerrero y al pueblo de México que contribuí para superar esta crisis.

¿Cuál es el estado de salud de ese paciente llamado Guerrero?

—Pasó de terapia intensiva a cuidados especiales y ahora espero que en breve podamos entrar a una ruta donde podamos decir ‘está a salvo’. Mi triunfo mayor será cuando esté entregando a los nuevos poderes públicos en Guerrero un Guerrero más armónico, una ruta de paz, de gobernabilidad y donde pueda decir que el enfermo que me tocó atender está dado de alta.

En entrevista con EL UNIVERSAL, Ortega Martínez hace un diagnóstico de la entidad. “Herencias malditas”, describe. La tragedia de Iguala, donde el alcalde José Luis Abarca, expulsado del PRD, y su esposa María de los Ángeles Pineda, la verdadera líder del grupo del narcotráfico Guerreros Unidos, hicieron simbiosis, se repite en 22 municipios de la Costa Grande, Tierra Caliente y La Montaña.

Sostiene que las cosas han ido cambiando desde que llegó para relevar al ex perredista Ángel Aguirre Rivero, un indiciado en las investigaciones de la Procuraduría General de la República por delitos federales.

Relata que avisó en diciembre a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público que era una bomba de tiempo los 19 mil maestros que viven en la incertidumbre derivada de la reforma educativa, pues al menos mil 400 plazas son de que gente que no hace lo que debe o no tiene ni el perfil. Apenas la semana pasada le fluyeron recursos, pero en el inter murió en una situación aún no aclarada del todo un maestro jubilado de 65 años, Claudio Castillo Peña, a quien conoció personalmente.

El profesor Castillo

¿No teme una escalada a partir de este fallecimiento?

—No, yo confío en que (prevalezcan) la mesura, la sensatez. El profesor Claudio Castillo Peña, bajito de estatura, consecuencias de polio, usaba bastón, se le dificultaba caminar por lo tanto su estabilidad se ve sumamente frágil a la hora en que la gente comienza a correr. Lo atropellan y pasan encima de él. Cuando llega al hospital llega con fracturas múltiples de costillas, que es un hueso muy frágil que al fracturarse penetra tejido blando y produce desangramiento interno.

Los datos del forense es que no hay lesiones cerebrales motivadas por macanazos o por golpes.

¿Quién lo atropella?

—Yo tengo una percepción de que cuando avientan el autobús con los policías federales, no sólo es a ellos, hay un sector de manifestantes que están cerca del autobús y se van al piso.

Y hay quienes al evitar el atropellamiento y al venir la ofensiva de parte de la Policía Federal, inmediatamente empiezan a correr. Y cuando viene eso no se andan cuidando de dónde pisan o quién atropellan. Es una tragedia agregada al drama que de por sí ya padecemos en Guerrero.

¿Se podría hablar de una muerte accidental?

—Yo no quisiera tipificarla.

¿Le satisface la versión oficial de lo que habrá sucedido con los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa?

—Mi opinión al respecto no es relevante. Mi posicionamiento es hablar con la verdad y atender la petición de los familiares. Me consta el esfuerzo que ha realizado la Federación, desde el Presidente, que de manera inédita en la historia de nuestro país recibió a los familiares de los desaparecidos por más de cinco horas, eso es voluntad. Me consta la intensa búsqueda que se ha realizado y la exploración de las más diversas líneas para dar satisfacción a los familiares.

¿Usted cree que el movimiento de los familiares de los 43 ha comenzado a tomar una dimensión diferente? En el quinto mes vemos marchas más pequeñas, ¿usted cree que se ha comenzado a atemperar el asunto?

—Sí, por errores que han cometido. Personas que en el inicio expresaron su solidaridad en grandes marchas siguen siendo solidarios pero ya no los acompañan en la ruta de la violencia. ‘Yo entiendo, estoy con tu dolor, te acompaño, pero donde ya no voy es en la ruta de la confrontación’, les dicen. Hay otros actores que seguramente aconsejan que se recupere la ruta institucional y hay otros que les llevan a la ruta de la violencia. A esos creo hay que aislarlos, no ayudan, deterioran la imagen de Acapulco y ganan el rechazo.

En el contexto de las elecciones, ¿se han tomado las medidas del tamaño del reto para superar esta crisis y contener avance del crimen organizado o estaremos viendo diferentes rostros del crimen, ocupar más espacios?

—Ahí hay una presencia indiscutible del crimen organizado, ya hemos hablado de que nos coloca a Guerrero como primer productor de opio en el mundo y es un territorio donde la delincuencia organizada encuentra un filón de oro para sus grandes ganancias. Existen los operativos y la coordinación con la Federación para contener, inhibir y actuar.

Creo que es el esfuerzo que se realiza, seguramente todavía no suficiente.

El gusto por el nado

Hace unos días el presidente Enrique Peña Nieto pidió que los gobernadores ‘no naden de muertito’, ¿usted nada de muertito?

—En la alberca y en el mar, para relajarme lo hago con frecuencia.

Le agregaría lo que se dice de Rogelio Ortega, ¿usted es un gobernador débil?

—Aquí me pasa como en el mito de Jano, las dos caras, llama mucho la atención de que apenas sólo tenía tres días de tomar posesión como gobernador y ya había pintas que decían “Rogelio represor”. Dice El Pino (Salvador Martínez Della Roca, su secretario de Educación) en una entrevista: ‘no le han dado siquiera tiempo para reprimir’. Para unos soy represor, para otros soy cómplice. No, yo creo que la oportunidad que me tocó para gobernar Guerrero es muy especial que se requiere de mucha mesura, de sobriedad en la toma de decisiones. Una decisión mal tomada puede ocasionar una catástrofe impredecible para la historia de Guerrero, de la que yo el resto de mi vida no podría vivirla en paz. He tenido que tomar decisiones muy drásticas, en algunos momentos, las he tomado en solitario. En el momento en que tenemos información de que van a incendiar a Chilpancingo la lógica es impedirlo, entonces la lógica es entrar a Ayotzinapa a desalojar, entrar al Zócalo de Chilpancingo a desalojar y hacerlo al día siguiente no solamente hablaríamos de cientos de detenidos y heridos sino posiblemente de cientos de muertos y posiblemente de Chilpancingo en llamas, sería el Nerón de Guerrero en la historia, y tomé la decisión de decirles no, no van a quemar Chilpancingo porque ellos mandaron a nosotros este mensaje para victimizarse.

Quieren que entren a Ayotzinapa y se arme una batalla campal, quieren que vayamos al Zócalo (de Chilpancingo) y se arme una batalla campal. No dormí toda la noche y al día siguiente ni un cerillo estaba prendido en Chilpancingo, entonces ¿por qué tomo estas decisiones?

No tengo una bolita de cristal, pero durante mi adolescencia y en mi juventud, 24 horas me la pase en movimientos sociales, entonces algo sé, aparte de lo que he estudiado, y entonces he pedido a la sociedad guerrerense que me comprenda, que sean solidarios con la estrategia que he diseñado, que he dado muestras de resultados y que no soy un irresponsable, que sé cuál es el límite y lo he demostrado. ¿Costos políticos para mí? Represor, más de 150 amigos, que seguramente los pierdo temporalmente como amigos, pero la amistad es para toda la vida, después la recuperaré, pero prefiero eso, asumir mi responsabilidad.

Todo por el todo

El gobernador de Guerrero, Rogelio Ortega, está plácidamente sentado en una oficina de la Redacción de EL UNIVERSAL.

Afuera sobre la avenida Paseo de la Reforma una pequeña marcha recuerda los cinco meses de la tragedia de la normal de Ayotzinapa, la de los 43 estudiantes de Iguala.

“Si se resuelve el tema de los maestros, de estas plazas, y si logramos nosotros, y creo que lo vamos a lograr, atenuar el conflicto que se produjo con la tragedia de Iguala, por lo menos esos dos grandes brotes de inconformidades, en un cauce institucional, nos quitarían presión. Y solamente quedaría, quizá, un grupo reducido anti sistémico, y cuando digo anti sistémico, es que su lógica es que todo lo que sea elecciones, institucionalidad, partidos políticos, no entran en su reflexión ni en el repertorio de sus actividades”, describe Rogelio Ortega.

El enfermo llamado Guerrero, dice, podría ser dado de alta en meses.

Pero quién sabe, el estado es bronco. Y quien lo dude tiene los ensayos de Armando Bartra para poder documentar su pesimismo.

Mientras, cuenta los meses para volver a la tranquilidad de las tertulias académicas con una cerveza y atenuar el calor guerrerense, con un buen platillo preparado por su esposa.



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