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Ven cambios en rostro de Guzmán

Cristina Pérez Stadelmann| El Universal
Domingo 23 de febrero de 2014
Descartan expertos cirugía en nariz, aunque sí en cejas, cabello y papada

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El rostro de Joaquín El Chapo Guzmán Loera denota rasgos de trastornos antisociales de personalidad. Los rostros con estas características no son empáticos, tienden a manipular, mentir de forma patológica, robar, matar con frialdad, apto para vivir en la periferia social, coinciden expertos.

Mejoró el contorno estético de sus ojos con cirugía que se llama blefaroplastía, adelgazó su perfil de cejas, son más estéticas y delgadas. También adelgazó la silueta de maxilares, se notan más delgadas, en ángulos y áreas mandibulares con probable lipoescultura.

Se practicó lipopapada; ésta se nota más delgada y pegada la piel al cuello. Su piel denota buena calidad con uso de toxina botulínica y ácido hialurónico en pómulos para mejorar proyección.

Sus cejas son menos pobladas, su nariz no cambió. El cabello tiene trasplante, comenta el doctor Julio César Ayuzo González, con posgrado en psiquiatría forense legal, perito auxiliar de la PGR y del Consejo de la Judicatura Federal.

“Su mirada es la clásica de un psicópata, fría, calculadora, sin remordimientos, prácticamente sin sentimientos. Ojos vacíos que no expresan nada. Clásico rostro de un psicópata, frío, calculador.

“Su rostro refleja maneras socialmente negativas y con personalidad psicopática”, refiere el especialista antes citado y un experto en estética facial que prefiere omitir su nombre por seguridad.

Para el doctor Juan Federico Arriola, profesor de Criminología de la Universidad Iberoamericana, este rostro es el de una persona muy agresiva. Duro, violento.

De mirada desafiante. No es un rostro que muestre emotividad. Sus rasgos psicopáticos reflejan una falta de interés en los sentimientos y derechos de los demás. Inclinación al engaño, falta de remordimiento.

Estos rasgos permanecen desde las primeras fotografías que le fueron tomadas hace 13 años cuando se fugó del penal de alta seguridad de Puente Grande, Jalisco.

“Pensé que estaría más envejecido porque vivía en un estado de semiclandestinidad; ahora esperemos que el Estado mexicano haga mejor su deber de custodiarlo y que no escape”, refiere el académico.



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