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Crónica. "Beso los pies a EPN si agarra al 1, 2 y 3 de Los Templarios"

Marcos Muedano| El Universal
Viernes 17 de enero de 2014

Video. Ante la violencia que se registra en la zona, el padre Gregorio usa desde octubre del año pasado un chaleco antibalas cada vez que oficia misa

<b>Crnica.</b>

PROTECCIÓN. Las amenazas del crimen organizado han obligado al padre Gregorio vestir con chaleco antibalas durante la misa y traer guardaespaldas. (Foto: CRISTOPHER ROGEL BLANQUET / EL UNIVERSAL )


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Desde hace 10 años inició la descomposición en el estado de Michoacán. A partir de la expulsión de grupos antagónicos como Los Zetas, de la extinta organización criminal de Los Valencia, así como el cobijo de autoridades municipales y estatales durante la administración de Lázaro Cárdenas, es como el cártel de Los Caballeros Templarios comenzó a tejer su dominio en la zona de Tierra Caliente.

Para el padre de Apatzingán, Gregorio López, la violencia que se registra en la zona es muy “grave e indignante” al vivir cientos de familias en una constante sicosis y temor, por el modo de operar de los criminales.

La realidad de este municipio y toda la zona de Tierra Caliente no es ajena para el sacerdote, pues desde octubre pasado se vio obligado a vestir un chaleco antibalas durante la homilía y a aceptar ser cuidado por guardaespaldas, ante las amenazas que el crimen organizado ha hecho en su contra tras decidir enfrentar a los delincuentes.

“Aquí sé cómo masca la iguana, cómo corre el agua, sabemos cómo está todo. Tenemos la fuente de la gente. Sabemos cuántos muertos y secuestros hay. Cuántos ranchos han robado, qué ministerios públicos, notarios y policías están con ellos. Sabemos la corrupción que hay en la presidencia municipal”, menciona el padre.

A sus 46 años, comenta que los testimonios de las personas que se han acercado a él lo han llevado a identificar y conocer la forma en que operan estos grupos, así como a saber en dónde viven, en dónde se esconden y a identificar qué personas públicas se encuentran relacionadas con ellos.

“Una vez que La Familia, ahora Caballeros Templarios, se posicionó en el mercado de las drogas de Michoacán, comenzó una estrategia basada en seis ejes: social, político, intelectual, económico, laboral y en el ámbito de la aplicación de la justicia”, explica.

Esta estructura, refiere el padre, permitió que la organización tuviera la capacidad de acceder a circuitos sociales exclusivos para comenzar a inyectar dinero en comercios y empresas, todo ello bajo el respaldo de sicarios e integrantes criminales que trabajaban de la mano con las autoridades.

Controlan todo

“Tienen la capacidad de decidir quién puede trabajar en el gobierno o hasta quién puede cortar limón. Ellos controlan todo, las autoridades no lo quieren aceptar”, dice el padre.

El sacerdote reconoce que la lucha que decidió emprender en Apatzingán en cualquier momento lo puede llevar a la muerte.

“Le digo a Enrique Peña que le beso los pies el día que tenga en la cárcel a Nazario Moreno, a Enrique Plancarte Solís y a Servando Gómez Martínez. No agarren al Chiclano —en relación a Joaquín Negrete— él es el mil de Los Templarios. Agarren al 1, al 2 y al 3, y le beso los pies”.

El padre Gregorio dijo que el gobierno está en su derecho de proteger a las personas; sin embargo, lanzó un emplazamiento a las fuerzas federales para que restablezcan la seguridad o de lo contrario, llamará a los habitantes a luchar por su bienestar y seguridad.

“Respeto a las autoridades, pero por favor no hagan de esto un show mediático, trabajen y detengan a los criminales. En 2010 llegaron muchos y montaron un espectáculo, pero no cambió nada. Espero que ahora sea diferente y cambien las cosas en beneficio de los habitantes”.



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