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"México, capaz de vencer hambre"

Mariana León Enviada| El Universal
04:00Martes 27 de mayo de 2014

OPINIÓN. "Se piensa que invertir en pobres es un costo (...) si se invierte en ellos se gana en educación y salud" José Graziano, director general de la FAO. (Foto: ESPECIAL )

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura avaló el "buen camino" que eligió el gobierno de México de cuidar la alimentación de la gente y aseguró que hay capacidad para erradicar el problema, si se deja atrás la "mezquindad política" y hay una mayor participación de la sociedad

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SANTIAGO.— José Graziano, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), asegura que México sí puede erradicar el hambre siempre y cuando se deje atrás la “mezquindad política” y la sociedad participe de manera más activa.

“Erradicar el hambre no es difícil, la dificultad mayor está en traer todas las fuerzas políticas para respaldar el programa, superar las divergencias internas y ponerse hombro a hombro con el presidente, eso muchas veces no es fácil…porque la mezquindad política predomina sobre los intereses mayores de una nación, eso es una condición básica. La otra es que no hablamos sobre algo que es de mucho costo y tampoco es demasiado complicado, no hablamos de mandar un hombre a Marte… es dar de comer a niños y a hombres, hay experiencias en el país que se recogen, no se debe ser pesimista y pensar que no se puede hacer”, comentó.

En entrevista con EL UNIVERSAL afirma que para abatir la violencia se debe tener una sociedad mejor alimentada, porque “una sociedad con seguridad alimentaria siempre es más pacífica”.

Graziano da Silva, quien trabajó en el gabinete de Luiz Inácio Lula da Silva como Ministro de Seguridad Alimentaria y fue el responsable de la aplicación del programa de la Fome Zero (Hambre Cero), comenta que para eliminar el hambre se necesitan “trajes a la medida”, con programas especiales para cada país.

El director general de la FAO añade que programas como Oportunidades han reemplazado al trabajo como sistemas de seguridad social, porque los niveles de empleo cada vez son menores.

Sobre la reducción de estos apoyos a tres hijos por familia en México dice que es decisión de cada país cómo focaliza sus programas, pero afirma que es positivo que exista ayuda económica para los más hambrientos.

¿Puede un país como México, y otros en la región con altos niveles de violencia, salir de la pobreza?

La pobreza extrema y el hambre tienen relación directa con la seguridad alimentaria, lo que sabemos es que la seguridad ciudadana, la seguridad social tiene una relación clara con la seguridad alimentaria… cuando no hay seguridad alimentaria empiezan los conflictos. El tema de la tortilla en México es muy claro, cuando suben los precios empiezan las protestas, las revueltas y los conflictos. Yo creo que una manera de calmar a la sociedad es tener pan abundante, es decir, tener la seguridad alimentaria garantizada y creo que es un buen camino elegido por el presidente, cuidar la alimentación de la gente y eso puede reducir los niveles de violencia y conflictos sociales.

¿Una sociedad bien alimentada es más pacífica?

Mucho más pacífica, sin duda…

¿Cómo ve hasta ahora los avances de la Cruzada Nacional contra el Hambre (CNCH)? ¿Cree que es una meta realista eliminar el hambre en los próximos cinco años?

Primero veo muy bien la iniciativa del presidente Enrique Peña Nieto, cumplió muy bien con todas las recomendaciones para tener un éxito completo y ese avance, quiero recordar que México fue un país que ya se había considerado con el hambre erradicada y volvió a tener problemas por el camino que ha tomado el desarrollo de la producción agropecuaria interna y la seguridad alimentaria en zonas rurales; entonces yo no sólo veo como factible, creo que es posible hacerlo. Sólo si la sociedad mexicana lo abraza, porque quien erradica el hambre no sólo es un gobierno, es una sociedad, si la sociedad decide hacerlo lo va a hacer.

El experto asegura que “esto tiene que ver con liderazgo político y la capacidad del presidente para hacer confluir esos apoyos sociales de los distintos sectores, en estos tienen que estar los agricultores pequeños y grandes; tienen que estar involucrados campesinos y espectadores, deben estar los sectores y —por supuesto— el seguimiento político, desde el alcalde, el administrador regional y los gobernadores… todo tiene que sumarse en esa política para que logre tener un éxito. Hay dos cosas importantes: no es difícil hacerlo, pero la dificultad mayor está en traer todas las fuerzas políticas para respaldar el programa, superar las divergencias internas y ponerse hombro a hombro con el presidente, eso muchas veces no es fácil…porque la mezquindad política predomina sobre los intereses mayores de una nación, eso es una condición básica”.

Graziano da Silva destacó que “no hablamos de algo que es de mucho costo y tampoco es demasiado complicado, no hablamos de mandar un hombre a Marte…es dar de comer a niños y a hombres, hay experiencias en el país que se recogen, no se debe ser pesimista y pensar que no se puede hacer”.

En México se ha cambiado ya la restricción del programa Oportunidades a sólo tres hijos por familia, ¿qué opina de estas medidas?

Oportunidades es un programa muy valorado, después de haber recibido muchas críticas, porque se concentraba, básicamente, sólo en zonas rurales y por mucha falta de control de seguimiento de las transferencias, creo que hay que focalizar el programa. Pero lo que me parece importante es que los programas se enfoquen a cosas específicas como los hambrientos.

¿Cree que en América Latina se depende mucho de los apoyos económicos que se les da a la población, como Oportunidades?

No lo creo, en promedio hemos visto que hay países que gastan la mitad del Producto Interno Bruto (PIB) y países que gastan 2% o 3% del PIB, pero eso no es demasiado, la gente piensa que invertir en pobres es un costo… pero yo me permito decir que son inversiones, porque si se invierte en los pobres se gana en educación, salud y beneficios sociales.

¿Cree que estas transferencias sólo sirven para contener la pobreza y la gente no se puede “graduar” de estos programas?

Hay una serie de preconceptos en cuanto a las transferencias de ingresos, porque nuestra generación viene de una época de un sistema de bienestar social, basado en el trabajo, entonces la idea es que la gente tiene que trabajar para mantener a los que no trabajan, por distintas razones, como los ancianos, los niños o los estudiantes. Todo se basaba en transferencias de quienes trabajan. Pero el desarrollo económico llevó a la reducción del nivel de empleo y hay gente que quiere trabajar y no encuentra trabajo ¿Qué hacemos con ellos? ¿Los echamos al mar? ¿Vamos a dejar a esta parte de la población que sistemáticamente no encuentra empleo? ¿Dilapidarse? ¿Perderse? Las transferencias de ingreso son un mecanismo que emplaza a un sistema de seguridad social que ya no funciona basado en el trabajo, como el bienestar clásico de los años 60 o 70.

¿Y sería mejor que se basara en el empleo?

A todos nos gustaría tener mejores salarios y mejores empleos, los países se van desarrollando, muchas veces, de manera acelerada sin generar empleos… esa valoración es subjetiva y hoy hay una revisión más fuerte de esos conceptos. Yo creo que las transferencias de ingresos vienen para encontrar un lugar en las políticas públicas del siglo XXI, arreglar esa falla que el sistema de seguridad basado en la contribución del trabajo no proporciona.



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